Un representante de la Casa Real se acercó el pasado jueves a los periodistas para explicar el protocolo. Los Reyes acudirían a la misa funeral por las 45 víctimas del accidente de trenes de Adamuz, ya 46, según el último balance, pero no la presidirían. La presidencia, subrayó, correspondía al Obispado de Huelva, organizador de la eucaristía. La Iglesia, añadió, había pedido a los responsables políticos mantenerse un paso atrás, en un esquema similar al seguido en el homenaje de Estado celebrado en Valencia.
Así discurrió el final de la ceremonia hasta que uno de los familiares de las víctimas, Fidel Sáenz, autor de una carta pública contra Pedro Sánchez y el hermano de Liliana Sáenz, la mujer responsable de una lectura final certera y emocionante en esa misa, se aproximó a la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, y al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. Ese gesto rompió el protocolo establecido y fue, así se vio desde la zona habilitada para la prensa, lo que motivó que alcaldesa y presidente andaluz acabaran también, como los Reyes, abrazados a los familiares. Alguien de protocolo se acercó a darles un aviso. No lo hizo, aseguran desde Casa Real porque nadie protestara, sino porque era su función. Sin embargo, ya las familias habían decidido que sí querían abrazar a Moreno y Miranda, ambos del PP.
A poca distancia, la vicepresidenta María Jesús Montero, candidata del PSOE en Andalucía, permaneció aislada. La imagen fue llamativa y, por si quedaba alguna duda, desde Madrid fuentes del PP hicieron circular de inmediato un mensaje duro dirigido a periodistas para subrayar ese aislamiento. «Es normal que les cueste conciliar el sueño», concluía esa comunicación. También difundieron que hubo aplausos a Alberto Núñez Feijóo. Quienes estábamos en la zona de prensa vimos aplausos para los representantes del PP andaluz y, sobre todo, para los Reyes.
El momento político
La fotografía describe bien el momento político en Andalucía, que encara elecciones al final del semestre. Se ha instalado una tregua —con la excepción de Vox— que contrasta con el clima de Madrid. Mientras en el Parlamento andaluz se guardan las formas y se reconoce la profesionalidad de emergencias y sanitarios, en el Senado el PP exigió a gritos la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, en una sesión bronca ajena al tono de duelo que domina aquí.
Moreno juega un papel y el PP nacional otro: uno apela a rebajar la confrontación en Andalucía; el otro aprieta en Madrid. Para el PP es un reparto beneficioso. Para el PSOE, en cambio, el momento es especialmente delicado: Montero forma parte del Gobierno que debe explicar qué ocurrió y qué falló para que dos trenes chocaran en un accidente devastador. Las familias recelan, quieren saber la verdad y que se delimiten responsabilidades.
Montero fue cauta el día del funeral. Se temían abucheos que no se produjeron. Pero arrastra la imagen de la visita de los Reyes a Adamuz, cuando maniobró para situarse en un lugar visible junto a Felipe y Letizia durante sus declaraciones: una secuencia que generó memes y quedó instalada en la conversación pública.
El Gobierno admite en privado que se precipitó con la idea de un homenaje de Estado laico en Huelva y que tuvo que suspenderlo al percibir que no era lo que deseaban las familias. El acto queda pospuesto sin fecha y posiblemente no se celebre. La misa del jueves —con los Reyes y sin Pedro Sánchez— ya ocupa el lugar simbólico que buscaban quienes han perdido a los suyos.
Movimientos subterráneos
El PSOE andaluz no va a romper el armisticio pero los movimientos subterráneos se notan perfectamente. Saben que Moreno sale beneficiado por cómo ha actuado en esta tragedia y cómo ha gestionado la emergencia. Más allá de que el presidente tenga un magnífico equipo de comunicación, que conforma el núcleo duro de su gabinete, y excelentes fotógrafos, que siempre lo acompañan, incluso a pie de pista deportiva mientras daba el pésame a los familiares. El Gobierno andaluz ha hecho una buena gestión de una emergencia gravísima y ha estado dedicado horas y horas en el lugar de la tragedia. Ha cogido de la mano a los familiares, se han encargado personalmente, lo ha hecho el consejero de Justicia, José Antonio Nieto, de comunicarles los resultados de las autopsias que confirmaban las muertes. Moreno ha llamado por teléfono de forma personal a muchas familias. Ha estado en las salas de duelo y en las esperas en momentos muy difíciles. Nadie del Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho eso. Nadie del PSOE, más allá del alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, ha estado compartiendo el dolor y la tragedia. En Valencia, la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, jugó un papel clave que aquí no se ha visto en ningún momento.
La política es también empatía. Es una cuestión de piel. Es normal que los familiares se acerquen a devolver un abrazo si has estado en esos momentos críticos. Es normal que no quieran tenerte cerca si no lo has hecho y encima tienen dudas de que el Gobierno no pudiera haber evitado la muerte de su padre, su madre, su hermano, su hijo, su nieto… Debe ser durísimo hacer política en estas circunstancias, sin duda. Que se está haciendo es un hecho. En silencio, el PSOE espera para rearmar su estrategia en Andalucía, sabiendo que lo tiene todavía más difícil, y el PP se refuerza con la ayuda inestimable de Génova haciendo el trabajo sucio, acechados por Vox, y la imagen de moderación y buen gestor de Moreno otra vez al alza.









