En los últimos días se ha armado un pequeño revuelo por la «desaparición» de los patos que, hasta antes de su reforma, habitaban en el estanque del jardín botánico del parque José Antonio Labordeta. El asunto ha llegado a tal extremo que incluso se ha abierto una petición en Change.org en la que se pide el regreso de estos animales a este espacio alegando que «no solo devolvería la vida y la belleza al estanque, sino que también restauraría una tradición que muchos zaragozanos consideran parte de su identidad cultural».
La petición, que ha recogido 229 firmas, solicita así al Ayuntamiento de Zaragoza la «reintroducción» de estas aves en el jardín botánico y exige al consistorio que «tome medidas para resolver cualquier problema subyacente que impida su retorno». «Quizás esto incluya evaluar la calidad del agua, mejorar las condiciones del hábitat, o simplemente gestionar el reintroducción de estas aves de manera sostenible», llega a decir el escrito.
Pero la realidad es que los patos no se fueron porque nadie se los llevara. Las obras de reforma del jardín botánico pudieron espantarles sí, y se marcharon -seguramente al Canal Imperial- pero si no han vuelto, apunta el consistorio, es porque no han querido. «Nadie lo va a impedir», aclaran desde el ayuntamiento, que recuerda que estos animales se asientan allí donde consideran. Incluso hay ejemplares que pasan el día en la fuente de la Hispanidad en la plaza del Pilar a pesar del ruido y las multitudes.
Así son los nuevos cursos de agua que recorren el jardín botánico de Zaragoza. / JAIME GALINDO
Cierto es que en el rediseño del Jardín Botánico que antes incluía casetas en la que estos animales se podían guarnecer pero si los patos habitaban en el estanque no era por tener una casita, ya que ese no es su hábitat natural, sino porque la gente les alimentaba. Y según recuerda el ayuntamiento, alimentar a los patos está prohibido por las ordenanzas municipales porque puede provocar problemas de plagas y salud pública ya que la comida que se arroja al estanque atrae también a otras especies, sobre todo a las ratas.
En la petición de Change.org se afirma que «los patos son un atractivo tanto para turistas como para familias y hacen (del jardín botánico) una parada obligatoria en familias con niños». «Su presencia fomentaba una conexión especial entre los habitantes de la ciudad y la naturaleza, educando a las generaciones más jóvenes sobre el respeto y el cuidado hacia los animales y sus hábitats. Esto es especialmente relevante en un mundo donde cada vez más personas vivimos alejadas de la experiencia de la naturaleza», añade.
El reloj de agua volverá
Sin embargo, los patos están no retenidos, sino que pueden onbservarse a pocos metros de allí, a orillas del Canal Imperial y el Huerva, dos cauces que surcan los límites del Parque José Antonio Labordeta y que sí que son el ecosistema propio de estos animales, donde nacen, crecen y se alimentan por sí mismos sin depender de los humanos, lo que permite conocer estas especies en su hábitat natural y no detrás de una valla y siendo alimentados por ganchitos. Poder contemplarlos en sus espacios, apuntan los expertos, sí que contribuye a la sensibilización con el cuidado con el medio ambiente y la naturaleza.
Sobre la cuestión estética, desde el Ayuntamiento de Zaragoza no entran a valorar las críticas de los ciudadanos que afirman preferir el aspecto anterior, ya que se trata de una cuestión subjetiva y cada persona es libre de valorar estas cuestiones. Admiten estas mismas fuentes que se estudiará si rebajar la intensidad de las luces led que bordean los canales de agua, pero recuerdan que la intervención realizada en el jardín botánico ha permitido ha permitido recuperar algunos elementos degradados de este espacio, ahora rebautizado en honor del naturalista y farmacéutico Francisco Loscos.
También recuerdan que el reloj de agua del antiguo estanque va a ser repuesto tras ser restaurado, como ya se ha hecho con alguno de los bancos que contienen elementos publicitarios de hace un siglo. La reforma del jardín botánico del Parque Grande ha supuesto una inversión de 1,3 millones de euros y se prolongó a lo largo de todo el año pasado, siendo inaugurado este nuevo espacio hace pocas semanas. Cualquier ciudadano puede visitarlo y juzgar el resultado, al igual que pueden regresar los patos sin que nadie se lo impida.













