Una de las misiones policiales más arriesgadas es la de infiltrarse en un grupo criminal. «Encina», el nombre en clave de uno de los policías nacionales que logró introducirse en una de estas organizaciones, desgranó este viernes en la Audiencia de Vigo la manera en que se ganaron la confianza de Damián R.U., el ambicioso capo malagueño que quiso hacerse con el «monopolio» de la importación de cocaína a través del puerto de Vigo. Este agente encubierto y otros como «Manzanares» o «Rin» se presentaron ante los narcos simulando ser un grupo con capacidad para ayudarles en toda la logística relativa a la retirada de la droga de la terminal portuaria y su custodia hasta su salida de la ciudad. Los delincuentes a los que se ofrecieron «no eran principiantes», pero picaron el anzuelo y confiaron en ellos para traer su primer gran alijo por la ciudad olívica: «Nos consideraron contactos seguros y útiles. Lo que nos prometieron por nuestro servicio fueron 1.775.000 euros que nos pagarían una vez la cocaína llegase a su destino». Poco se podían imaginar los hoy acusados que esos hombres a los que garantizaron tal millonaria cantidad eran en realidad policías que acabarían desbaratando sus ambiciosos planes ilícitos.
«Encina» fue el policía con un papel más relevante como infiltrado. Perteneciente a la Sección de Actividades Especiales (SAE) del Cuerpo Nacional de Policía y con una experiencia previa de ocho años en estas misiones, él fue el que entabló contacto y acudió, en el verano de 2022, a las primeras reuniones con la organización delictiva de Málaga y concretamente con Damián R.U., el presunto líder, que se hacía llamar «Oldmandarine» en Telegram, aplicación que utilizaba para contactar con su banda.
«Era un jefe que sabía controlar muy bien a sus subordinados, que tenía una jerarquía y unos roles asignados muy claros», describió el topo policial sobre el narco andaluz, que a día de hoy permanece en busca y captura, motivo por el que el juicio se sigue solo contra los cuatro restantes procesados, un vecino de Gijón y otros tres de Málaga que presuntamente trabajaban a las órdenes de Damián y que se enfrentan cada uno a una condena de 12 años de prisión.
Por videoconferencia y sin verse su imagen
Los agentes encubiertos declararon en el juicio por videoconferencia, sin poder verse su imagen por motivos de seguridad (la pantalla estaba en negro) pero con su voz real. «Encina» desgranó las extremas medidas de seguridad adoptadas con respecto a él en las distintas citas que tuvo con los narcos: para una reunión con el líder que se produjo en una peluquería cerrada al público lo citaron ante un centro sanitario, lo trasladaron en taxi hasta un hotel, después en motocicleta y finalmente lo acompañaron caminando por una calle peatonal hasta llegar al destino. Con la prohibición clara de no llevar teléfonos móviles ni ningún otro dispositivo, la organización también se encargaba de asegurarse de que no llevase en su cuerpo micrófonos ocultos.
En aquella cita el hoy prófugo Damián R.U. pidió al policía inflitrado «pruebas», como ya habían hecho con anterioridad, acerca de que conocía bien el puerto vigués, alardeando de que él tenía capacidad para introducir en España hasta 1.800 kilos de cocaína en un único envío. «Se le dieron esas pruebas, se le entregaron documentos, pero todo obtenido de fuentes abiertas, nada de planos ni ninguna otra información que pudiese comprometer la seguridad de la terminal portuaria», contó «Encina», que detalló que los agentes encubiertos como él están entrenados con técnicas de cara a ganarse la confianza de los delincuentes y que en estas peligrosas encomiendas siempre tienen detrás una cobertura policial «de protección, vigilancia y seguridad».
El agente detalló que se encontraron con una red de narcos con una «estructura sofisticada» y con un líder con ambición y con las cosas muy claras que «manejaba el tiempo, las personas y los lugares». «Lo manejaba todo», dijo sobre el malagueño, concretando que la obsesión de Damián era «monopolizar» la ruta de la cocaína con el puerto de Vigo, no quería que nadie «se la pisara». Si prosperaba el primer alijo que estaba preparando, seguiría con «muchos más».
Un contacto «seguro y útil»
En una de las reuniones el narco propuso a «Encina» que viajase a Colombia a reunirse con la organización que les suministraría la cocaína. Algo muy peligroso para el policía encubierto. El agente se negó y la relación «se enfrió». «Estas bandas son muy herméticas y desconfiadas a la hora de dejar entrar a alguien….», cuenta. De hecho, la Policía Nacional, ante este contratiempo, pidió a la Fiscalía el archivo provisional de la causa que estaba en marcha, pero pronto se reabrió porque Damián volvió a contactar con el agente. «Quería retomar el plan, me consideraba un contacto seguro y útil», señaló el policía en el juicio.
Era ya 2023 y durante los siguientes meses todo se fue concretando con más reuniones y mensajes de Telegram que se «autoborraban» a los segundos de recibirse. «Encina» y el resto de agentes infiltrados continaron fingiendo una estrecha colaboración con los malagueños y, tras superar con éxito el «señuelo» previo a la información real sobre el contenedor en el que viajaría la cocaína, se encargaron, el 26 de abril, de retirar el alijo de 651 kilos de droga procedente de Costa Rica del puerto de Vigo, a donde había llegado a bordo de un buque.
Los tres sospechosos: «New York», «Lacoste» y «Under»
El policía con código «Manzanares», que también declaró este viernes, contó que él y otro agente con nombre en clave «Rin» fueron los que participaron en el traslado de los palés de droga, hasta una nave industrial de la carretera de Camposancos, en el camión que conducía uno de los presuntos integrantes de la red delictiva. Ese chófer de Gijón y tres malagueños, a los que los agentes apodaron «New York», «Lacoste» y «Under» en atención a las marcas de la vestimenta que llevaban, iban a encargarse a continuación de llevar el alijo valorado en 25 millones de euros desde Vigo hasta Málaga.
Pero esos cuatro hombres, los hoy acusados, ya no hicieron ese viaje de casi 1.000 kilómetros: fueron detenidos en un espectacular dispositivo en el que, junto al GRECO Galicia o la UDYCO, participaron los agentes de élite de los GEO. Ese día acabó también la misión de «Encina», «Manzanares» y el resto de policías que se infiltraron para asestar este golpe al narcotráfico.
Suscríbete para seguir leyendo











