El Castellón, con más voluntad que lucidez, empató con el Cádiz en el SkyFi Castalia. Una mala noticia: este fin de semana puede salir de los puestos de play-off. Una buena noticia: con el punto, sigue dependiendo de sí mismo para jugarlo.
A estas angustiosas alturas de la temporada, cualquier equipo necesita algo de táctica y algo de técnica, algo de fútbol y algo de pulmones. Cualquier equipo necesita lo que necesita el resto del año, pero sobre todo necesita un añadido: que el deseo supere a los temores. Para superar la asfixia de mayo, cualquier equipo necesita que el deseo supere todo: que borre la duda, que elimine la tentación de dejarse, que despeje las excusas dignas y los dolores. El equipo que consigue moverse por un deseo gigante no tiene asegurado el objetivo, porque puede encontrarse a otros que consigan lo mismo, pero incluso cayendo en el casi puede salir con la convicción de que está en el camino correcto. E intentarlo de nuevo el año que viene.
Para el Castellón, un partido como el de esta noche contra el Cádiz, representaba exactamente eso. Saber si el deseo es tan firme, saber si es lo suficientemente fuerte para doblegar esos síntomas de agotamiento mental y poder con todo lo que viene. Después de dos partidos que afectaban directamente a la confianza, por el qué y por el cómo ante Córdoba y Ceuta, la cita del SkyFi Castalia exigía una férrea mentalidad colectiva para el vestuario de Pablo Hernández. En la práctica, quiso pero no pudo. Quiso mucho, pero no supo o no le dejaron.
El partido esperado
Cómo iba a ser el partido era algo que se apreció enseguida. El Cádiz, que solo había ganado uno de los 18 encuentros precedentes, cedió el balón y el territorio y confió el ataque a la velocidad de De la Rosa, Lucas Pérez y Cordero. Además, para alimentar la ansiedad local y con la complicidad arbitral, alargó al máximo cada saque.
Enfrente, el Castellón sabía la teoría, pero a menudo la práctica no es tan fácil. Queriendo ser paciente, a veces circuló algo lento, y queriendo ser punzante, otras veces, se precipitó en exceso.
En la búsqueda del equilibrio, las oportunidades escasearon. Hubo mucho volumen y poca finura: tiros bloqueados, decisiones sobrepensadas y centros sin remate. Encima, en la única ocasión en la que todo salió bien, de lado a lado, con amplitud y profundidad, Camara se metió en fuera de juego y anuló una pequeña obra de arte.
Al filo del descanso, en el minuto 40, el Cádiz anduvo cerca de cobrar el premio grande. Antoñito Cordero ganó la espalda de Mellot, en una transición, pero en el mano a mano no pudo con el portero Matthys, que se hizo gigante.
Retomó el hilo el equipo de Pablo Hernández, tenaz, pero sin clarividencia: dos tiros de Cala, Cipenga contra el mundo, el horror vacui en cada córner… Suspiros: nadie dijo que fuera a ser fácil.
La segunda parte
En el Castellón faltaba lucidez, pero no se estaba borrando nadie. No tocaba otra que insistir, insistir e insistir, hasta dar el golpe.
Y en el minuto 54, lo que es tan difícil, de repente, pareció muy fácil. El portero Matthys embolsó un balón y se disfrazó de mediocentro: amagó con el saque hacia la banda y conectó con Cala en el enganche. Cala se giró y dio un pase largo y medido al desmarque de Camara, que avanzó, esperó y cruzó el balón justo a la llegada de Cipenga, que empujó el 1-0 a placer. Es el fútbol: hacer fácil lo difícil.
En ventaja, Pablo dio cuerda a Mabil, cambió de banda a Cipenga y sentó a Jakobsen. El Castellón siguió atacando, al compás de la dupla Gere-Barri, y acumulando llegadas, algunas clarísimas. En el minuto 66, hubo dos consecutivas: Alberto no embocó una dejada de Camara en área pequeña, primero, y Pelayo casi marca en propia (la pelota tocó el larguero) después de un pase interior de Cala y un tiro rechazado de Barri.
El Cádiz refrescó entonces la ofensiva con un triple cambio (Dwada, García Pascual y Brian Ocampo). En su primera aproximación, Ocampo provocó un córner, y el córner terminó en gol. Matthys paró la primera de García Pascual, pero Pelayo embocó el 1-1 en el rechace, letal, en el minuto 74.
Álvaro, que estaba preparado para salir, relevó a Camara en punta. Ya llevaba un rato Tincho en el lateral, por un tocado Alcázar, y pronto cayó Mellot, lesionado. Con un cambio extra por una conmoción del primer tiempo, Pablo sorprendió sumando a Doué, Suero y Douglas.
El Castellón percutió, algo deslavazado, y el Cádiz perfeccionó el teatro. La amarilla al portero David Gil llegó en el minuto 88. Segundos después se tiró al suelo, supuestamente lesionado. Al árbitro le pareció tan bien que pitó el final del partido cuando Mabil iba a controlar la pelota en el área. Por si acaso.












