La tarde cayó fría sobre Alicante, con un cielo que amenazó lluvia durante horas, pero nada de eso importó demasiado. La ilusión volvió a ganar. Desde el puerto hasta la plaza del Ayuntamiento, pasando por la plaza de toros y las grandes avenidas del centro, miles de personas se echaron este lunes a la calle para acompañar a los Reyes Magos por Alicante en una jornada intensa, de esas que se recuerdan más por lo que se siente que por lo que se ve. Paraguas abiertos, gorros de lana, manos pequeñas estirándose al paso de las carrozas y padres y abuelos aguantando el frío sin moverse del sitio. Así comenzó y así terminó un día en el que Alicante volvió a demostrar que, aunque el tiempo no acompañe, la noche más mágica del año siempre encuentra su sitio.
La Cabalgata fue el gran punto de encuentro de la ciudad. Más de 55.000 personas, según datos municipales, siguieron el desfile a lo largo de un recorrido ampliado que permitió acoger a un público numeroso, repartido entre 8.000 sillas, aceras y esquinas estratégicas. A las siete de la tarde, cuando la comitiva arrancó desde la avenida de la Estación, el frío ya se había instalado y el cielo seguía cargado, pero la lluvia decidió dar una tregua. Y con ella, la tranquilidad de quienes llevaban horas esperando.
La Cabalgata toma las calles
El sonido de la Banda Sinfónica Municipal, dirigida por Pedro Lara, anunció el inicio del desfile. A partir de ahí, Alicante se dejó llevar. Música, luces, baile y color fueron ocupando el centro mientras los niños, muchos subidos a hombros, seguían cada carroza con los ojos bien abiertos. El desfile, en el que participaron representantes de todas las fiestas de la ciudad, avanzó con ritmo, permitiendo disfrutar de cada escena y de cada detalle.
El tren lúdico abrió el desfile con una explosión de música y fantasía con espectáculos inspirados en ballets y grupos de animación que incluyeron la Guerra de las Galaxias Toy Story o La Bella y la Bestia. Después llegó el tren bíblico con escenas como el nacimiento de Jesús, representadas sobre carrozas, que avanzaron entre el público. Los Nanos i Gegants d’Alacant y las collas de dolçainers i tabaleters reforzaron ese aire tradicional que conecta la Cabalgata con las raíces de la ciudad.
Aunque momento más esperado llegó, como siempre, con la aparición de Melchor, Gaspar y Baltasar. Sus carrozas, precedidas por boatos y ballets, desataron una oleada de emoción a lo largo del recorrido. Gritos, saludos, manos agitándose y nombres repetidos una y otra vez desde las aceras. Cada Rey avanzaba devolviendo sonrisas y lanzando caramelos que volaban por el aire antes de desaparecer en mochilas, bolsillos o grandes bolsas improvisados como redes.
En la esquina de Alfonso el Sabio con la Rambla, donde el público se apretaba un poco más, la escena se repitió una y otra vez: paraguas abiertos del revés para recoger más dulces y niños corriendo de un lado a otro. «Hemos abierto el paraguas y a coger caramelos, parecía una locura. Cuando aparecían los Reyes la gente se volvía loca, es una fiesta», contaba Matías Hernández sin perder de vista a sus hijos.
En total, se repartieron más de 10.000 kilos de caramelos blandos sin gluten y cerca de 20.000 regalos, una lluvia dulce que mantuvo la emoción viva hasta el último tramo del recorrido. El tren comercial cerró el desfile con más reparto y con un público que, lejos de marcharse, seguía atento, apurando cada minuto.
El frío no pudo con la ilusión
Entre quienes seguían la Cabalgata, el sentimiento era compartido. Manuela Fernández, que aguardaba con su nieto, valoraba el ambiente y los cambios en el recorrido: «Se ve más amplio, más cómodo. Hemos venido porque mi nieta sale en una carroza y no nos lo queríamos perder». En la Plaza de los Luceros, Guillermo Maciá vivía su primera Cabalgata con su hija: «Hace frío, sí, pero da igual. Lo importante es la ilusión y que ya están aquí los Reyes».
Y es que el frío fue constante durante toda la noche. Bufandas apretadas, manos en los bolsillos y cuerpos pegados para aguantar mejor. Pero nadie se movía. Nadie quería perderse nada. Pasadas las nueve de la noche, las carrozas llegaron a la plaza del Ayuntamiento. Allí, con cientos de niños esperando, Melchor, Gaspar y Baltasar fueron recibidos por las autoridades municipales antes de subir al escenario. Desde allí, dirigieron unas palabras a los más pequeños, recordándoles «la ilusión por magia de esta noche» y su cariño por Alicante, una ciudad que «en la que nadie se siente extranjero».
Un día marcado por la espera
Porque la Cabalgata fue solo el último capítulo de un día largo. A primera hora de la tarde, los Reyes Magos llegaron en barco al puerto de Alicante, atracando en las Escaleritas de la Reina. Allí, pese a la lluvia y al frío, numerosas familias se acercaron para verlos de cerca y entregar cartas de última hora. «Hemos venido a pesar del frío, es por la ilusión de los peques», explicaba Jessica Belmonte, mientras Bárbara Birk aseguraba que después continuarían hacia la Cabalgata, «porque nunca la hemos visto y teníamos muchas ganas». Incluso llegaron familias de otras localidades, como Laura Fernández, desde El Campello, donde la Cabalgata se suspendió por la lluvia: «Todo es por la ilusión de los niños, el frío o la lluvia no son impedimento».
Desde el puerto, la comitiva se trasladó a la plaza de toros, donde la lluvia volvió a hacer acto de presencia. Familias enteras se refugiaron bajo las zonas cubiertas del coso o resistieron paraguas en mano. Aun así, nadie se fue. Cuando Melchor, Gaspar y Baltasar hicieron su entrada, el tiempo dio una tregua y el coso recuperó el ambiente festivo. «Venimos todos los años y este no iba a ser menos aunque lloviera», explicaba Mercedes Sala. Tras un espectáculo infantil previo, los Reyes recorrieron el recinto saludando a los niños, incluidos representantes de ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles), Cocemfe (Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Alicante) y de la Asociación de Ocio Ocupacional para Personas con Discapacidad Intelectual (AODI).
Al final, la lluvia fue solo una amenaza y el frío, un detalle menor. Alicante volvió a salir a la calle para vivir su noche más especial, confirmando que la Cabalgata de Reyes no se mira: se vive. Y que, pase lo que pase en el cielo, la ilusión siempre acaba encontrando su camino.
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