Es un orgullo formar parte de esta cabalgata

Oro, incienso y mirra. Y niños embobados, regalos, narices rojas por el frío, ilusionismo y la infinita felicidad de los deseos por cumplir. Como decía Juan Ramón Jiménez: una noche como la del 5 de enero «se siente como un gran corazón pleno y sano, el sueño de todos, vivo y mágico».

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