En Fuerteventura existe un lugar capaz de poner la piel de gallina a quien conoce la oscura historia que lo rodea. La Villa Winter es una misteriosa mansión situada en el sur de la isla que, aunque hoy se encuentra en ruinas, está envuelta en una de las leyendas más inquietantes de Canarias.
Según numerosos relatos, teorías y leyendas, esta vivienda habría sido en su día un centro de operaciones secretas durante la Segunda Guerra Mundial, donde, supuestamente, se habrían realizado experimentos vinculados al régimen nazi.
Así es Villa Winter por fuera / Barcelo.com
El creador de contenido Dark Tales ha recuperado esta historia en uno de sus vídeos, relatando cómo este remoto enclave majorero pudo haber servido de base de apoyo a los nazis y cómo Canarias llegó a ocupar un papel estratégico en el mapa militar y político de los aliados y del Tercer Reich.
La playa de Cofete es un lugar ideal para construir Villa Winter
La misteriosa Villa Winter, ubicada la playa de Cofete (Fuerteventura), revive las teorías que señalan a esta mansión como un posible enclave nazi, un refugio de fugitivos e incluso un espacio donde podrían haberse realizado experimentos clandestinos.
Doce kilómetros de playa virgen, la más extensa y salvaje de Canarias, rodeada de montañas y sin una sola carretera asfaltada que facilite el acceso, todo esto parece el escenario idóneo para construir un laboratorio clandestino o para cometer delitos sin que la autoridad se entere.
La Villa Winter domina una ladera con vistas al Atlántico y su presencia resulta tan desconcertante que se ha convertido en un rincón de Canarias que esconde una de las peores historias que han podido suceder en las islas durante el siglo XX.
Gustav Winter: el ingeniero alemán que huyó del Reich
La villa fue construida en 1946 por Gustav Winter, un ingeniero alemán que había colaborado con el régimen nazi y que llegó a España tras el Desembarco de Normandía. Su nombre aparece ligado a proyectos estratégicos en países ocupados por el Reich, lo que hizo que fuese investigado por los aliados.

Este es Gustav Winter / La Casa Winter
Antes de su llegada definitiva a Fuerteventura, Winter ya había promovido obras técnicas en Canarias, como la antigua central eléctrica de Las Palmas de Gran Canaria conocida como La Cícer. Pero fue en Jandía donde concibió su proyecto más ambicioso, industrializar aquella península remota. Este interés coincidió con prospecciones realizadas entre 1936 y 1937 en plena Alemania nazi, un detalle que alimentar la sospecha de que la zona pudo tener algún valor estratégico.

La central de la CICER en los años 50. / Fedac
Túneles, búnkeres y teorías de submarinos nazis
Las estancias subterráneas selladas bajo la villa han sido uno de los elementos más discutidos. Algunos investigadores locales, como Pedro Fumero, inquilino actual de la mansión y uno de sus mayores estudiosos, defienden que podrían tratarse de túneles que conectaban con el mar para abastecer submarinos nazis o permitir la llegada de altos cargos del Reich. Sin embargo, eso queda ahí, en una leyenda, porque todos los investigadores han demostrado cómo esto sería imposible. La distancia al mar y la poca profundidad del agua harían que estos vehículos no pudieran transitar por los canales habilitados.
Esta es una de las cosas más cuestionadas, pero la leyenda se sigue alimentando gracias a la incertidumbre y a los misterios que perseguirán para siempre esta villa. Además, en la península de Jandía hay unas 60 fortificaciones construidas entre 1940 y 1945 ante el temor que Canarias fuera tomada. Estos búnkeres militares reales añaden otra capa al imaginario que rodea la villa.
Esta casa ha estado presente en novelas de misterio como Fuerteventura (1999), de Alberto Vázquez-Figueroa, donde se usa la villa como eje central para narrar una historia de espionaje en Canarias. La escritora Lucía Etxebarria también utilizó este enclave para crear El contenido del silencio (2011), donde la leyenda de Villa Winter cobra un protagonismo especial.
Los Winter abandonaron la casa en los años 60, pero sus cuidadores, la familia del actual inquilino, permanecieron allí durante décadas. Hoy, la villa se mantiene accesible y funciona como un museo improvisado donde su cuidador comparte documentos, teorías y fotografías con quienes se atreven a llegar hasta Cofete.













