Una sociedad interconectada, expuesta a los vídeos manipulados y a la información interesada a la que acceden las grandes empresas gracias a las búsquedas en internet. Eso es hacia lo que nos encaminamos. O -mejor dicho- la realidad en la que ya nos situamos: no distinguir lo verdadero de lo falso debido a las adulteraciones realizadas con inteligencia artificial.
Manipulaciones -o creaciones- llevadas a cabo para controlar a los usuarios. ¿Puede saber la red con qué partido político sentimos afinidad, aunque nunca se haya realizado una búsqueda sobre él? Sí. ¿Puede saber qué creencias religiosas tiene un ciudadano que carezca de redes sociales? También. Esta realidad -no tan futura- fue ayer objeto de debate en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria (RSEAPGC), gracias a la conferencia Inteligencia artificial: la ola que viene, presentada por el magistrado del Tribunal Supremo Manuel Marchena (Las Palmas de Gran Canaria, 1959).
Marchena realizó una radiografía de lo que está por venir, de ese mundo al que enfrentarnos, de escenarios probables que son, para la mayoría, inimaginables: robots construyendo edificios en solo dos semanas, hombres siendo ciborgs (ya hay algunos) o personas que se perpetúan gracias a la huella que dejaron antes de morir. «No vamos a saber dónde está la verdad. Vamos hacia una humanidad infantilizada, una humanidad que se instala en la credulidad», afirmó el magistrado, y subrayó: «Que se lo cree todo, absolutamente todo».
Por eso hay una pregunta que se hace imprescindible: cómo afrontar lo que viene. Y esa fue la cuestión con la que Marchena comenzó el acto. «Debemos aproximarnos a lo que se llama la necesidad de reivindicar neuroderechos, no ser manipulados a través de la información que los poderes públicos y las grandes empresas ya conocen de ti».
Manuel Marchena destaca que la humanidad cada vez estará más infantilizada
La tarea no es sencilla: todo está en la red. Cada paso online deja huella digital, aunque creamos que no. «Estamos condenados si dejamos al algoritmo que decida por nosotros», afirmó el magistrado. Y al algoritmo hay que añadir otro enemigo imbatible: los bots. «La capacidad de manipular con bots todo lo importante en la red es ilimitada», dijo.
Pongamos ejemplos que ya existen. El vídeo de un líder político haciendo cualquier tipo de afirmación que no concuerde con su discurso, pero se acerque a lo que piensa el usuario que ve las imágenes. No es realidad, es inteligencia artificial. Podría justificarse si el algoritmo indica que se ha manipulado. «Esa etiqueta para identificar qué es falso va a desaparecer. El algoritmo tendrá claves de encriptación que impedirán saber al usuario si es manipulación o no», aseveró el también fiscal excedente. Y tomar por reales esos vídeos es lo que llevará a que la sociedad sea cada vez más infantilizada.
Pero no solo eso, sino también «robotizada». «En la arquitectura, los edificios que tardaban en construirse dos años tardarán dos semanas. Se programarán los robots, como ya pasa en la industria automovilística, para que pongan 365 días y 24 horas ladrillo sobre ladrillo».
Al hilo de esto surge otra pregunta: ¿Qué pasará con las profesiones? «La sociología habla de la necesidad de crear una renta universal, esto es el precio que van a pagar las empresas de inteligencia artificial para lograr la paz social», explicó. Con eso se pagaría el salario de los trabajadores que vean sus profesiones destruidas. Y esto lleva a que «en la sociedad ya no va a haber pobres, sino irrelevantes», dijo citando al historiador Noah Harari: «Vamos a una combustión en las relaciones sociales». Albañiles, periodistas, médicos, fiscales… «La Fiscalía de Shanghái ha elaborado un algoritmo que formula acusación por ocho delitos distintos y tiene un índice de acierto del 99,7%», comentó.
La sociedad debe adaptarse y no dejar que la inteligencia artificial la engulla, aunque habrá avances que serán para mejor. Según el investigador británico Mustafá Suleyman, al que también citó Marchena, surgirá una sociedad de la nanotecnología que, por ejemplo, permitirá inocular pequeñas dosis de dispositivos para velar por la salud. «Cuando se detecte la primera célula cancerígena, acabará con ella y no habrá posibilidad de metástasis». ¿Está muy lejos esta nueva realidad?, se preguntó Marchena: «Tal vez no tanto».
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