España espantó el clásico fatalismo que rodea a la selección con una victoria holgada ante un rival del que se esperaba más. La goleada frente a los saudíes confirma que el problema no era el planteamiento numantino de Cabo Verde o la fragilidad de Arabia. La explicación radica en la actitud de una selección española más agresiva que en su debut. El oponente es coyuntural porque cuando España es fiel a su identidad de juego, con extremos abriendo el campo, Pedri cerca de Rodri y laterales ásperos atrás y profundos en ataques, es candidata todo. En ese contexto los de De la Fuente se animan a morder con y sin balón y es un equipo más reconocible por fuera y por dentro. En esta tesitura Arabia pagó los platos rotos en un partido que no tuvo historia porque estaba decidido a la media hora.
Arrigo Sacchi, arquitecto del histórico AC Milan, advertía que «el fútbol a menudo confunde la importancia de la prosa y de la poesía». Oyarzabal probablemente es el mejor ejemplo de lo que decía el italiano, un verso asonante, un jugador discreto que se disfraza de cómplice siendo en realidad protagonista. Mikel no tocó la pelota ante Cabo Verde en los primeros treinta minutos síntoma que explica el fiasco en la inauguración ante los isleños. En ese primer partido la selección se relajó y mucha culpa de ello la tuvo Luis de la Fuente, que traicionó la identidad de juego del equipo proponiendo un once sin extremos. Sin embargo, el riojano parece haber aprendido incluyendo cuatro cambios de inicio ante los saudíes. Eso explica que ante Arabia se marchase España al intervalo de hidratación con tres goles de ventaja, una asistencia y dos goles de Oyarzabal. Nada define mejor el cambio de actitud del grupo.
Mikel, una asistencia y dos goles
Confesó el seleccionador que el tropiezo ante Cabo Verde provocó que sus futbolistas saliesen «picados». No habló de sí mismo el de Haro, pero la realidad es que propuso un once con cuatro cambios cargados de agresividad con Porro en el lateral junto a Lamine, Baena y Olmo. España disparó en los 25 primeros minutos quince veces. En el minuto diez Mikel Oyarzabal sirvió un centro delicioso al segundo palo para que Lamine descorchase la botella. Andaba tan preocupada Arabia por Yamal que se olvidó de Oyarzabal, quien en el minuto 21 y en el 24 sentenció el duelo con dos goles que dejaron el encuentro sellado. Teniendo en cuenta que Arabia es mejor equipo que Cabo Verde, se confirmaba que el problema de España era más de actitud que de aptitud.
La prueba de que el dinero no lo hace todo es esta Arabia que tiene jugadores decentes en posiciones complementarias. Sus dirigentes han gastado dinero en estrellas extranjeras y el problema de la selección saudí es que no tiene saudíes en la columna vertebral. No hay un mediocentro que mueva el partido o una pareja de centrales solventes. Al inicio de la segunda parte se confirmó la superioridad en un córner que tocó Rodrigo en el primer palo y clavó en la red Cucurella en el segundo. Esta España agresiva retrataba a una Arabia a la que le quedaba grande el partido. De la Fuente fue más pragmático que ‘tribunero’ dejando en la ducha a Lamine y a Oyarzabal y dando minutos de rodaje a Yeremi Pino y Ferran Torres.
Nico Williams, cuyo principal rival este Mundial es la pubalgia, dispuso de media hora aprovechando la holgura en el marcador a favor de los de De la Fuente. El riojano ofrecía una oportunidad a reivindicarse a jugadores llamados a ser importantes en la selección en los partidos que restan a España. Los saudíes se soltaron y pisaron el área de Unai Simón, pero les faltó colmillo y calidad. En el lado español los meritorios afilaban las llegadas al área de Alowais, que estuvo lejos de ser el milagroso portero de la primera jornada ante Uruguay. El partido se escurrió hasta un marcador redondo que delata una goleada que pudo ser más sangrante si España hubiese querido hacer más daño. Ahora resta la jornada final ante Uruguay, en el que se jugarán el liderato y con ello esquivar el cruce con Argentina. Pero más allá de eso, España ha recuperado los extremos y con ello la credibilidad. No era asuntde poder, era un asunto de querer.
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