Un derroche de veteranía y juventud se abrió paso desde Reina Victoria este viernes para que la historia, lejos de quedarse en los libros, desfilase y sonase a pasodoble. El bando de la cruz abrió la trilogía festera con una Entrada Cristiana de Elche coronada por la décima capitanía de la comparsa Astures, con José Miralles Vicente al frente, acompañado por su esposa Conchi García Pomares como Princesa Astur.
Ambos demostraron ante un público entregado el intenso trabajo de más de un año con un boato que mezcló épica, magia, guiños festivos y un ejército de más de 800 personas entre comparsistas, músicos y bailarines.
Bajo el título «La última guardia del Capitán», el boato trasladó al público al año 745 después de Cristo para representar cómo tras el inicio de la Reconquista se fueron ocupando las tierras del norte de Hispania que estaban en manos de las hordas musulmanas. La comparsa narró cómo la Familia real y su ejército regresaron triunfales a Cangas de Onís, capital de la Corte, después de que Galicia fuese anexionada al territorio asturiano.
Una de las filàs de la Capitanía Cristiana con la edil Inma Mora como invitada / Matías Segarra
Ejército
Para trasladar a los asistentes a aquel campo de batalla del ejército astur, y cómo fue el camino hacia los valles de los Picos de Europa, se representaron los campamentos, bosques mágicos y parajes tenebrosos, todo servido con el aroma inconfundible de la pólvora y los metales con los que se confeccionan los artilugios de los trajes.
El itinerario, que fue el habitual hacia la Plaça de Baix, Corredora y Puente Ortices, lo abrió la Abanderada de la asociación, Begoña Martínez, de la comparsa Caballeros Halcones.
Burros
Tras ella discurrieron burros con alforjas para repartir mapas del boato mientras los tambores de la Cofradía del Lavatorio anunciaban la victoria del bando y un cañón presidía la marcha. La heráldica de los Astures ondeaba con orgullo, acompañada por gaiteros y estandartes llegados desde Crevillent, Santa Pola o Novelda, cuyos festeros también representan a los pueblos astures.
El desfile marcial llegó también a transformarse en una fiesta alrededor de la hoguera con el Ballet del Fuego del Club Chamara, que trajo las paradas de las tropas en la Edad Media. El humo creó una atmósfera misteriosa con jaulas de prisioneros, moros cautivos y un ballet mitológico de Rafa Felipe que parecía sacado de un cuento celta.
Homenajes
La fiesta no olvidó su cara más guerrera. La Filà Aradias homenajeó a amigos ausentes, además de que era un año especial porque la cabo, Rocío Miralles, es la hija de los cargos. Los de la Filà Cruçaes celebraron 25 años con su propia marcha mientras que la Filà Socis, orgullosa casa del capitán, avanzó al ritmo de la Primitiva de Alcoy. Entre la infinidad de festeros estuvo como invitada, la edil de Festejos, Inma Mora.
Noche de ballets
El Ballet de la Yeguada Gawazi anunció la llegada a la corte asturiana; Iván, hijo de los capitanes, abrió paso con el escudo de armas familiar; y un búho —presente en los cascos y detalles de sus trajes— vigilaba desde lo alto. Los diseños de José Moiña, en piel, metal y plumas, con cruz de la victoria incluida, hicieron que más de uno se quedase prendado cuando vieron a los protagonistas aparecer en la última carroza sobre un monte de roca y agua. Iban con la serenidad de quien ha ganado la batalla. Tras el paso de la Capitanía se abrieron paso Filà Boscos, Estudiantes, Caballeros Halcones, Caballeros Templarios, Piratas y los Llauraors d’Elx, que se estrenaron tras la reciente fundación del colectivo.










