Cuando se pregunta por Mbappé en el Real Madrid, las respuestas apuntan casi siempre en la misma dirección: tiene el permiso del club para todo lo que hace. Sin embargo, la afición blanca ha dejado de creer en esa explicación y considera que el futbolista no ha entrado del todo en el Real Madrid. O que el Real Madrid no ha entrado en él. Ambas teorías coexisten alrededor de un jugador que, pese al relato oficial, parece ir por libre. Cada anécdota, como la publicación de su vídeo en bicicleta después de que Mourinho hablase de ese tema, se convierte en una historia para no dormir. La situación deportiva del club en los últimos años no ayuda.
Recuperación fuera de Valdebebas
La llegada del francés en 2024 se concibió como la pieza que encajaría en el puzle ganador de un equipo que venía de confirmar su dominio en Europa con la decimoquinta Champions. Más de dos temporadas después, los números acreditan que Mbappé es un gran goleador. Pero sus tantos no han dado un solo título de relevancia al club que decidió construir su futuro a medio plazo sobre su figura. El Madrid no es mejor equipo ahora y sus individualidades tampoco han mejorado desde la llegada del galo.
El paradigma es Vinicius, quien parece un jugador totalmente distinto del que se quedó a las puertas de ganar el Balón de Oro. Este sentimiento de desafección pone a las estrellas en el disparadero. Mbappé fue recibido como un héroe. Se llegó a alabar públicamente su calidad, pero también su carácter. Hoy, sin embargo, la sensación en el ambiente es la de un jugador que vive al margen del club e incluso de su selección. El proceso de recuperación de la lesión que sufrió en el partido frente a Turquía ha provocado comentarios críticos en los medios de Madrid y en las redes sociales.
Existe incomprensión, sobre todo, por el hecho de que no haya llevado a cabo su proceso de recuperación en Valdebebas, como otros compañeros que han pasado por situaciones similares. El galo hizo acto de presencia para someterse a las pruebas médicas al día siguiente de su lesión. Apenas estuvo media hora en las instalaciones del club. Después ha seguido su plan de recuperación a distancia. Su vida personal y profesional, como tantas veces, se han mezclado debido a la exposición pública de sus actividades fuera del campo.
Mbappé le hace una «bicicleta» a Mourinho
Mbappé publicó este domingo imágenes en bicicleta. La secuencia recuperó unas palabras recientes de Mourinho sobre los riesgos que deben evitar los futbolistas profesionales. «No puedes montar en bicicleta», había advertido el técnico en una entrevista. Era una reflexión general, no una reprimenda dirigida entonces al delantero, pero la coincidencia ha alimentado la controversia y ha vuelto a poner bajo revisión su expediente. El vídeo no permite determinar cuándo ni dónde se grabó. Todo ello cobra más relevancia porque una de las principales misiones de Mourinho es conseguir sacar lo mejor de Mbappé junto a Vinicius, algo que no han logrado sus predecesores.
El cambio de entrenador no ha cerrado el debate sobre el francés. Al goleador se le sigue reclamando algo que no aparece en las estadísticas: implicación visible, liderazgo y sensibilidad para entender el momento del club. Ser la referencia también exige parecerlo cuando el balón deja de rodar. Estos días han vuelto a resonar las palabras que Mourinho dirigió con severidad a Raúl Asencio después de ser juzgado por un delito contra la seguridad vial: «Se es jugador del Real Madrid las 24 horas». La advertencia podría aplicarse al resto, pero queda la sensación de que, en el orden jerárquico del vestuario blanco, los mensajes solo llegan a la base de la pirámide.
La discusión sobre los límites de Mbappé viene de lejos. En octubre de 2024, apenas unos meses después de su aterrizaje, fue visto en una discoteca de Estocolmo durante el parón internacional en el que había quedado fuera de la convocatoria francesa. Tenía días libres y venía de un problema muscular. El viaje abrió un debate sobre cómo administraba el descanso y qué imagen ofrecía mientras su selección competía. Fue uno de los primeros episodios en los que la explicación de su agenda no bastó para apagar la polémica.
En marzo de este año, la rodilla volvió a situarlo en el centro de una comunicación confusa. Viajó a París para consultar a un especialista mientras el Madrid afrontaba sus compromisos. A la búsqueda de una segunda opinión se superpusieron imágenes y noticias de su vida social, incluidas las cenas con su actual pareja. Una cena no demuestra que un futbolista esté en condiciones de jugar. Sin embargo, la acumulación de escenas fuera de Madrid contribuyó a que la conversación sobre su recuperación se mezclara con otra sobre su vínculo con el equipo.
El episodio médico alcanzó su mayor tensión cuando se publicó que los servicios del club habían examinado la rodilla equivocada. Mbappé lo negó públicamente el 25 de marzo: «La información de que examinaron la rodilla equivocada no es cierta». También admitió que su falta de comunicación podía haber favorecido las interpretaciones. Aquella controversia dejó expuesta la dificultad para trasladar un relato claro sobre su estado físico y convirtió la recuperación en un nuevo foco de desgaste.
La fotografía más incómoda llegó en mayo. Mientras sus compañeros buscaban aplazar el alirón del Barça, Mbappé fue fotografiado en un yate durante una escapada a Cerdeña con su pareja. Estaba de baja por una lesión muscular. El malestar no surgió únicamente del viaje, sino del contraste entre la imagen de descanso de la estrella y la urgencia deportiva del Madrid, que se acercaba a un Clásico decisivo con escaso margen para salvar su temporada. Volvió a sobrevolar la tesis de que se «borraba» en los momentos importantes.
El referéndum contra el Villarreal
Finalmente, el francés no entró en la convocatoria para el partido del 10 de mayo. Había completado parte del trabajo con el grupo, pero seguía sin estar disponible tras la lesión en el músculo semitendinoso de la pierna izquierda. Su ausencia añadió frustración a una semana marcada por las fotografías. No demuestra que pudiera jugar, pero ayuda a explicar por qué el viaje se incorporó al inventario de reproches que acompañan al delantero. Entre sus críticos, fortaleció la idea de que se pone por encima del club para salir lo menos dañado posible.
Sin embargo, el efecto sobre su imagen acaba siendo el contrario. También había faltado en enero a la eliminación de Copa en Albacete, en el estreno de Arbeloa. El Madrid sufrió una de sus grandes derrotas del curso sin su principal goleador, que arrastraba problemas de rodilla. El desencuentro adquirió una dimensión inequívocamente pública después del partido ante el Oviedo, el 14 de mayo. Mbappé explicó su suplencia asegurando que Arbeloa le había comunicado que era el cuarto delantero de la plantilla, algo que el entrenador negó. Fue la puntilla para la relación con el actual técnico del Fulham.
Los pitos ya habían alcanzado al francés en el Bernabéu ante el Alavés, el 21 de abril. Su capacidad para marcar no lo había protegido del desencanto tras la eliminación europea contra el Bayern. La llegada de Mourinho ofrecía una oportunidad para reconstruir esa relación. Sin embargo, la comparecencia de Mbappé del 7 de septiembre mantuvo abiertas varias discusiones. Preguntado por el esfuerzo defensivo, respondió cuestionando que se señalara únicamente a Vinicius y a él. Después reconoció que todos debían mejorar para ayudar a la defensa. Su primera reacción y la posterior admisión convivieron en una intervención en la que volvió a reivindicar su singularidad.
El sábado 10 de octubre, ante el Villarreal, el Madrid volverá a una realidad que el parón ha dejado en suspenso. La participación de Mbappé dependerá de su evolución: no está confirmado que vaya a jugar ni cuántos minutos podría disputar. Si reaparece, lo hará con el último episodio todavía reciente y con una grada que ya ha demostrado que no le pasará ni una. Aunque él, en distintas ocasiones, haya transmitido la sensación de que no le importa.














