«Que no se guarde más la fecha; yo estoy listo». La frase que Alberto Núñez Feijóo pronunció este viernes en el escritorio del Congreso de los Diputados nada más terminar la votación que tumbó los dos decretos de vivienda, y que posiblemente abocó a un adelanto electoral que ya se contempla en Moncloa, no es casual. Seguramente al pronunciarla, además de intentar adelantarse estratégicamente al movimiento de la disolución de las Cortes que Pedro Sánchez podría concretar la semana entrante, el líder del Partido Popular (PP) estaba autoafirmándose en los pasos estrictamente orgánicos que ha dado en el último año, más allá de lo que ha sido su estrategia política de oposición al Ejecutivo de PSOE y Sumar.
Poco se recuerda ya el último congreso nacional del PP, celebrado en Madrid el verano de 2025. España vivía entonces bajo el shock del escándalo que fulminó políticamente a Santos Cerdán, entonces el hombre que manejaba con mano firme el PSOE, después de un informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que el propio Sánchez calificó de «demoledor». No fueron pocos en aquel momento los pronósticos que daban por finiquitado al Gobierno y que veían ya entonces la posibilidad de un adelanto electoral ante el mazazo recibido en Moncloa y Ferraz. Fue la coyuntura elegida por Feijóo para convocar, un año antes de lo que correspondía estatutariamente, el congreso nacional del PP, solo tres años después del que le consolidó sin rival como presidente de la organización tras la abrupta salida en el año 2022 de Pablo Casado.
El principal titular del cónclave, no sin provocar sorpresa en los mentideros de Madrid, fue el relevo en la secretaría general, de la que salió Cuca Gamarra, número dos en Génova desde los tiempos de Casado, para entregarle todo el poder orgánico a alguien de su estricta y absoluta confianza, Miguel Tellado, quien a su vez dejó la portavocía parlamentaria en manos de Ester Muñoz. Un movimiento que había que entender en estricta clave electoral. Tellado al mando del partido, en el mismo puesto en el que estuvo en el PP gallego los últimos seis años de Feijóo en la Xunta de Galicia. El ferrolano, que en la distancia corta sorprende incluso a algunos de sus más acérrimos críticos por su talante dialogante, cultiva una imagen pública sin excesivas fisuras y en la que ejerce siempre no solo de fiel escudero de su jefe de filas, sino como la persona que puede apurar un poco más allá el argumentario del partido. «Miguel siempre apunta a la línea, y le pide a su equipo que trabaje con esa idea, y eso hace que a veces sea punto y a veces no», explica un buen conocedor de los entresijos de Génova valiéndose de una metáfora tenística.
Un alineamiento total
Con ese perfil, y la auctoritas que le otorga el que todos en el partido sepan de su total alineamiento con Feijóo es total, Tellado ha ido puliendo la organización para tenerla lista de cara a una cita con las urnas que la crisis fruto del desahucio de Maricarmen Abascal podría situar mucho antes de lo previsto. El último movimiento lo hizo en Navarra, donde la Junta Directiva Nacional aprobó el pasado lunes una gestora tras la salida de Javier García al frente de la cual ha situado al exdiputado de Unión del Pueblo Navarro (UPN) Sergio Sayas. En la Comunidad Foral podría reeditarse el tradicional acuerdo UPN-PP que no fue posible en las generales de 2023, cuando ambas formaciones sumaron dos escaños en el Congreso de los Diputados, aunque UPN estuvo incluso cerca de perder su asiento al superar por apenas unos miles de votos a Sumar, que se quedó sin representación.
La citada Junta Directiva Nacional convocó también varios congresos autonómicos y provinciales, algunos tan de trámite como el del PP de Madrid de Isabel Díaz Ayuso, cuya celebración estaba prevista antes de final de año, un calendario que el eventual adelanto electoral a noviembre podría alterar.
Tellado, en ese papel de fiel escudero, no ha dejado de levantar ampollas en este último año. Por estas fechas en 2025 a punto estuvo de provocar un enorme revuelo cuando se daba por hecho su asistencia a la presentación en sociedad de Atenea, el think tank impulsado por el ex portavoz parlamentario de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, ahora fuertemente enfrentado a Santiago Abascal. Finalmente no hizo acto de presencia, excusándose minutos antes de que comenzase el acto con un mensaje personal a Espinosa, aunque sí envió a un peso pesado popular como el vicesecretario de Hacienda, Juan Bravo. Puede que le desanimase en el último momento la presencia del comisionista Víctor de Aldama en el acto.
Ese precedente no ha facilitado su interlocución con Vox, especialmente tortuosa en un año en el que las dos formaciones de la derecha han cerrado cuatro pactos de coalición en otras tantas autonomías. Hasta el punto de que los de Abascal vetaban su presencia e incluso le afeaban la conducta con el acuerdo ya firmado, como hizo el hoy vicepresidente de Aragón, Alejandro Nolasco, en presencia del mismísimo presidente Jorge Azcón, quien calló y puede que otorgara.
Si finalmente los españoles son llamados a las urnas este mes de noviembre, la cita electoral será, entre otras muchas lecturas políticas, las elecciones que Feijóo encomendó a Tellado. Y de las que el líder del PP saldrá como el octavo presidente de la democracia o como un jubilado político.
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