En La Habana, muchos malviven durante días o semanas sin acceso a agua corriente. Los cortes de energía han paralizado la ya de por sí deteriorada infraestructura que la suministraba a los casi dos millones de habitantes de la capital de Cuba.
Los habaneros sólo tienen dos opciones a su alcance. La primera es comprársela a los vendedores ambulantes; la segunda, recogerla de las tuberías rotas que encuentren cerca de casa.
«En La Habana, el agua ya llega mejor sobre ruedas que por las tuberías», titulaba hace unas semanas el digital 14ymedio. «Mientras las averías y los apagones trastornan el bombeo, un tanque de 1.000 litros a domicilio puede costar hasta 15.000 pesos», unos 18 euros en el mercado informal de divisas.
Como resultado de la crisis hídrica, los casos de diarrea se han multiplicado en toda la ciudad. Ante esta situación, las autoridades sanitarias cubanas alertan sobre el riesgo de brotes virales, con especial preocupación por una cepa de hepatitis.
El Gobierno federal de Estados Unidos comparte el diagnóstico. Tanto, que a principios de septiembre emitió una alerta dirigida a residentes y turistas ante «el aumento significativo de enfermedades diarreicas en toda Cuba, asociado con la continua degradación de la infraestructura energética y de agua».
Sin embargo, es el bloqueo de combustible que la Administración Trump impuso el pasado mes de enero —sumado al embargo activo desde hace más de seis décadas— la razón que agudiza la crisis, y es que los apagones en La Habana superan con frecuencia las 24 horas desde que comenzó.
Esta situación dificulta la refrigeración y paraliza aún más la anticuada infraestructura hidráulica de la isla, de la cual depende casi el 90 % de bombas eléctricas, según los datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos de Cuba (INRH).

Miguel Díaz-Canel con otros funcionarios cubanos, durante una marcha realizada en enero ante la embajada de Estados Unidos en La Habana.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) cifra en 3,5 millones el número de personas afectadas por la escasez de agua corriente. Por ponerlo en perspectiva, en Cuba viven menos de 10 millones de personas, así que la crisis afecta a más del 37 % de los cubanos.
La ayuda humanitaria de Naciones Unidas es limitada porque, entre otros motivos, el bloqueo estadounidense impide su llegada a la isla. Hay más de 7.000 contenedores que no han podido alcanzar Cuba por las «presiones» y las «amenazas» de Washington a las navieras.
Reuters describe una escena desoladora en la vivienda de Yuamilka Hechavarría, un ama de casa que reside en La Habana Vieja: «Una reciente sobretensión eléctrica dañó su refrigerador, dejándola sin forma de conservar los alimentos. Ahora lo utiliza para almacenar medicamentos, frijoles y arroz».
«Los platos se acumulan en la encimera de la cocina y en el fregadero. Reutiliza el agua sucia de los platos para limpiar el suelo o tirar de la cadena del inodoro. Sólo usa jabón cuando puede permitírselo», relata la agencia.
El presidente Miguel Díaz-Canel aseguró a principios de septiembre desde El Gato, el sistema subterráneo de pozos más importante para el suministro de agua potable a La Habana, que las autoridades estaban llevando a cabo un «programa de inversiones y mantenimiento» en las infraestructuras.
EEUU aprieta
El secretario de Estado, Marco Rubio, llegó a mantener un encuentro secreto en algún punto del Caribe con el nieto de Raúl Castro, y el director de la CIA, John Ratcliffe, incluso viajó hasta La Habana para negociar con la nomenklatura castrista, pero la presión de Washington apenas puede presumir de resultados.
Desde el principio, la Administración Trump buscó replicar la vía venezolana en la isla, es decir, preservar el régimen, pero colocando en el vértice a un líder maleable que implementara su agenda. Empezó la búsqueda de una especie de Delcy Rodríguez en la élite del Partido Comunista.
El candidato era el nieto de Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo, percibido desde Washington como alguien bien conectado y con ambición de poder, pero la negativa de los políticos republicanos de Florida al tratarse de un miembro de la familia Castro abortó esta operación.
«Tenemos la esperanza de que Cuba elija un camino diferente», declaró el pasado martes Rubio en Fox News. «Desafortunadamente, las personas que continúan allí coreando consignas revolucionarias todavía creen que podrían esperar a que pase esta administración y no hacer cambios o no hacer nada. Están equivocadas y aprenderán la lección por la vía rápida».
Lo cierto es que el castrismo sí ha efectuado ligeros cambios. En junio, Díaz-Canel anunció una batería de reformas de libre mercado que, en caso llevarse a cabo, representarían el mayor cambio en la economía socialista de la isla desde el triunfo de la revolución en 1959.












