«Cuando mataron a mi padre, yo tenía 22 años y mi hermano 21, estábamos terminando nuestras carreras universitarias. Ese día el asesino no solo le quitó la vida a nuestro padre, también nos arruinó la vida a sus hijos. Y aunque no hay ninguna justificación para matar a una persona, que lo hicieran por dinero es algo que no podemos asimilar, que no nos entra en la cabeza». Han pasado tres años y medio desde que los agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil encontraron los restos de su padre, Juan Miguel Isla, el 13 de marzo de 2023 dentro de un pozo en una finca de Valdepeñas (Ciudad Real).
Este lunes arranca el juicio contra los dos acusados del crimen y Nacho Isla ha decidido hablar por primera vez para contar lo que él y su familia han sufrido este tiempo. Pide al jurado popular que «tenga en cuenta todas las atrocidades que le hicieron a mi padre antes de matarlo y la frialdad que tuvieron para tirarlo después a un pozo, como si fuera un animal, y mantenerlo allí escondido durante ocho meses«, cuenta al canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica.
Antonio Caba y Gaspar Rivera están acusados de matar a dos empresarios de Manzanares (Ciudad Real). / SUCESOS
Antonio Caba, un corredor de fincas de Manzanares, se sienta desde hoy en el banquillo de la Audiencia de Ciudad Real, acusado de acabar con la vida de dos empresarios, para apropiarse de su dinero. También de arrojar sus cadáveres, con ayuda de un cómplice, Gaspar Rivera, a dos pozos en la provincia de Ciudad Real. Se enfrenta a 46 años de prisión y su compinche a una condena de 19 años.
Dinero en una bolsa
Según sostiene la fiscalía, Caba mató al padre de Nacho, Juan Miguel Isla, el 22 de julio de 2022 para quedarse con 50.000 euros que el empresario cobró ese día por la venta de una finca. Dos hermanos iban a adquirir la propiedad por 1.350.000 euros. Los compradores habían hecho un primer pago inicial a Isla de 400.000 euros, mediante dos transferencias bancarias. Caba estaba mediando en esa operación económica. El día del crimen, Isla y Caba se vieron con los compradores de la finca y estos entregaron al empresario «una bolsa de plástico con 50.000 euros en efectivo». Justo después, se perdió la pista de Juan Miguel Isla.
Tres años antes, el 19 de junio de 2019, el acusado ya había asesinado a otro hombre, Jesús Borrajo, al que estaba ayudando a vender un coche. Lo hizo para apropiarse de 14.000 euros, según defiende la fiscalía. Las familias de las dos víctimas no supieron lo que había ocurrido ni dieron con el paradero de los dos hombres hasta que en 2023 la UCO resolvió ambos casos y recuperó los cadáveres de las dos víctimas en dos fincas de Manzanares y de Valdepeñas.
«Nos sacó adelante»
«Mi padre me había contado que estaba intentando vender la finca, que era de mi abuelo. Estuvo trabajando en marketing, pero con la crisis perdió el empleo y tuvo que reinventarse para sacarnos adelante a mi hermano y a mí, que entonces éramos menores de edad. En el año 2009 falleció mi abuelo, así que él empezó a trabajar sus tierras. Creó una pequeña S.L., contrató a dos amigos suyos y con eso estuvimos viviendo hasta que lo mataron», recuerda Nacho, el hijo mayor del empresario asesinado.
«Con la pandemia del covid la uva perdió valor y mi padre tuvo que vender varias parcelas para sanear las cuentas y hacer frente a la situación. Nos dijo que le estaban ayudando a encontrar compradores, pero yo no conocía a Antonio Caba ni había oído hablar de él hasta que mi padre desapareció», explica el joven.

Juan Miguel Isla, en una imagen cedida por su hijo. / CEDIDA POR LA FAMILIA
Fue la tía de Nacho la que lo alertó de que a su padre le había pasado algo: «Mis padres estaban separados y yo vivía entonces con mi madre en Alicante. Mi tía me contactó por teléfono para decirme que no lograba hablar con mi padre, que no contestaba cuando lo llamaba. Yo no le di importancia porque él no solía estar pendiente del móvil. Pero al día siguiente ya nos preocupamos y hablamos con la Guardia Civil», explica Nacho.
Su medicación y sus galletas
Pronto supieron que el empresario había desaparecido: «Al principio no te lo crees. Llegamos a pensar que lo habían secuestrado. Durante mucho tiempo, yo dormía con el móvil encima, con sonido, por si me llamaban para pedir un rescate o para decirme que habían encontrado a mi padre. El nivel de incertidumbre y los nervios que tuvimos durante tanto tiempo seguido… nos han pasado factura. Encima tuvimos que lidiar con gente que venía y te decía: ‘pues se habrá fugado porque tendrá deudas y no podrá pagarlas, se habrá ido voluntariamente…’ Luego vimos que la UCO se metía a investigar el caso y nos fuimos haciendo a la idea de que a mi padre le había ocurrido lo peor», lamenta el joven.
El hijo del empresario confirmó que este no se había marchado y dejado su vida atrás por decisión propia el día que fue a la casa de su padre, en Manzanares: «Había dejado todas sus cosas allí, sus pastillas para la tensión, su documentación, dinero en efectivo… y hasta un paquete de galletas que comíamos con él desde niños y que a mi padre le gustaban tanto que siempre se terminaba el paquete entero», señala.
Culminar la venta
Nacho no olvida ni un solo día de aquellos ocho meses que estuvieron buscando al empresario: «Mi hermano y yo estábamos en shock. Éramos dos niños y además de tener que lidiar con la ausencia de nuestro padre y con el hecho de no saber qué había pasado con él, tuvimos que hacernos cargo de las tierras que tenía, de la vendimia de ese año… no teníamos ni idea de cómo afrontar eso, menos mal que los amigos de mi padre nos apoyaron. Y en medio de aquello, con mi padre desaparecido, Antonio Caba, el acusado, se puso en contacto con nosotros, a través de nuestro abogado, para culminar la compraventa de la finca, cosa a la que nos negamos. No nos lo podíamos creer y cuando supimos que lo habían detenido y lo que le había hecho a mi padre…», recuerda el joven.

Isla junto a sus dos hijos, Michel y Nacho, en un viaje que los tres hicieron a Mallorca antes del crimen. / CEDIDA POR LA FAMILIA
Nacho no ha sido capaz de leer el sumario del caso. No quiere vivir con los detalles de lo que los dos acusados le hicieron a su padre, pero sí ha querido saber algunos datos para entender lo ocurrido y poder hacer el duelo: «Me duele no saber cómo lo mataron, porque Caba no ha confesado y la autopsia no aclaró la causa de la muerte. Y luego, cuando me explicaron todo lo que sufrió el cuerpo de mi padre en ese pozo… me pareció macabro, nadie que no sea un psicópata puede hacer semejante barbaridad».
Además, al joven le parece especialmente sangrante que durante los meses que el empresario estuvo desaparecido, los dos acusados de su asesinato no solo no revelaran su paradero, sino que «se dedicaran a insultar a mi padre y a bromear con lo que le había pasado, como descubrimos luego por las escuchas de la UCO a Antonio Caba».
«A Sudamérica, con una latina»
Como desveló el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica, durante la operación Mancanti, la Guardia Civil colocó un micrófono en el coche de Caba y descubrió que el asesino hablaba a menudo sobre las víctimas él solo y también con su cómplice. En esas conversaciones y «soliloquios», los acusados comparaban a Juan Miguel Isla con el Dioni y especulaban con la posibilidad de que Isla hubiera dejado a su familia para irse a Sudamérica «con una cebollona, una mujer latina»: «por su culpa nos están metiendo un embolao, es pa’ meterle una paliza y matarlo«, llegaron a decir.
«Esos comentarios tan hirientes retratan al personaje. Cuando hizo lo que hizo a mi padre ya había matado antes y él pensaba que le había salido bien porque no le habían cogido, por eso se comportaba como un engreído, permitiéndose el lujo de hablar de las víctimas con chulería, con esa superioridad… Se creyó un rey, se pensó que era mejor y más listo que la Guardia Civil, pero eso por suerte es imposible, porque los agentes de la UCO son infalibles«, concluye el hijo del empresario.
Nacho lamenta que en este tiempo el asesino no se haya arrepentido ni haya confesado los hechos: «Por suerte, con las pruebas que hay lo que él diga poco importa. Y además, si hubiera abierto el pico, seguramente hubiera logrado que en caso de ser condenado le rebajaran la pena, y yo lo que quiero es que pase en prisión el mayor tiempo posible», sentencia. «De hecho, me gustaría que no saliera nunca. Yo no pude felicitar a mi padre por su cumpleaños el pasado 27 de septiembre, nunca podré contarle todo lo bueno y lo malo que me vaya pasando en la vida… así que quiero que su asesino muera de viejo en la cárcel, es lo único que me importa», añade el joven.













