Salir de casa en moto o escúter con unas zapatillas abiertas o sin guantes dejará de ser una opción a partir del próximo 1 de octubre. La nueva normativa de tráfico introduce nuevos requisitos de equipamiento para los usuarios de vehículos de dos ruedas, con los guantes y el calzado cerrado como protagonistas de un cambio que afecta directamente a nuestra manera de desplazarnos.
La medida persigue aumentar la protección de quienes se mueven en moto, especialmente ante una caída. Porque mientras el casco lleva décadas formando parte de nuestra rutina antes de arrancar el motor, manos y pies no siempre reciben la misma atención. Basta observar el tráfico de cualquier ciudad durante los meses de verano para encontrar usuarios conduciendo sin guantes y, en algunos casos, con un calzado que deja buena parte del pie expuesto.
A partir del 1 de octubre habrá que cambiar algunos hábitos. Los guantes pasarán a formar parte del equipamiento obligatorio, de la misma manera que será necesario utilizar calzado cerrado. Dos elementos sencillos que pueden marcar diferencias importantes incluso en una caída a poca velocidad.
Las manos acostumbran a ser una de las primeras partes del cuerpo que buscamos apoyar de manera instintiva cuando perdemos el equilibrio. Una caída urbana aparentemente menor puede acabar en abrasiones, cortes o lesiones en los dedos y las articulaciones. El guante añade una barrera entre nuestra piel y el asfalto y, además, los específicos para moto incorporan materiales resistentes a la abrasión y protecciones en zonas especialmente expuestas.
Con los pies sucede algo parecido. Conducir una moto con chanclas, sandalias o cualquier otro calzado abierto significa dejar una zona especialmente vulnerable prácticamente sin protección. No hace falta pensar únicamente en un accidente importante. Una caída en parado, una maniobra a muy baja velocidad o el propio peso de la moto sobre el pie pueden provocar una lesión.
La medida persigue aumentar la protección de quienes se mueven en moto, especialmente ante una caída / //
Un cambio especialmente urbano
La aplicación de la nueva normativa tendrá especial incidencia en las ciudades. El usuario que utiliza la moto para viajar o disfrutar de una ruta acostumbra a prestar más atención al equipamiento, mientras que los desplazamientos urbanos tienen un componente mucho más inmediato. Cogemos las llaves, el casco y nos subimos al escúter para ir al trabajo, hacer una gestión o recorrer apenas unos kilómetros.
Y es precisamente en esos trayectos donde los guantes desaparecen con mayor facilidad cuando llega el calor. Lo mismo ocurre con el calzado. Julio y agosto invitan a vestir ligero y hasta ahora era perfectamente posible encontrarse en un semáforo con alguien conduciendo un escúter vestido para la playa.
Desde octubre, antes de arrancar habrá que comprobar tres elementos básicos: casco, guantes y calzado cerrado.
La adaptación, en realidad, no debería resultar especialmente complicada. El mercado ofrece desde hace tiempo guantes específicos de verano muy ligeros y ventilados que permiten mantener una buena sensibilidad sobre el acelerador, las manetas y los diferentes mandos. Lo mismo sucede con el calzado. No será necesario afrontar cada desplazamiento urbano vestido como si fuéramos a cruzar Europa en moto. Existen zapatillas y botas urbanas diseñadas específicamente para utilizar sobre dos ruedas que mantienen una estética discreta y aportan mayor protección.

Desde octubre, antes de arrancar habrá que comprobar tres elementos básicos: casco, guantes y calzado cerrado. / Alpinestars
Equiparse también en verano
El verdadero reto llegará con las altas temperaturas. Conducir una moto a 35 grados invita a reducir capas, precisamente cuando nuestra exposición continúa siendo la misma. La industria del equipamiento lleva años trabajando en este sentido y actualmente encontramos chaquetas ventiladas, pantalones específicos, guantes perforados y calzado técnico mucho más llevadero durante los meses de calor.
La nueva obligación también debería servir para poner el foco sobre la calidad del equipamiento. Un guante concebido específicamente para moto no cumple únicamente la función de cubrir la mano. Su diseño busca mantenerlo colocado en caso de caída, resistir el rozamiento y proteger puntos especialmente delicados. En el calzado específico sucede lo mismo, con refuerzos que pueden encontrarse en zonas como el tobillo, talón o puntera dependiendo del modelo.
Tampoco deberíamos interpretar la nueva normativa como una invitación a equiparnos únicamente para evitar una posible sanción. Quien haya tenido una caída, aunque sea a poca velocidad, conoce perfectamente la diferencia entre tocar el asfalto directamente con la piel o hacerlo protegido.

La nueva obligación también debería servir para poner el foco sobre la calidad del equipamiento / Archivo
Cambiar una costumbre
El casco ofrece un buen ejemplo de cómo evoluciona la seguridad sobre dos ruedas. Ponérselo antes de arrancar es hoy un gesto automático para prácticamente cualquier usuario. Los guantes pueden acabar siguiendo el mismo camino. Guardarlos bajo el asiento del escúter, en el baúl o dejarlos junto al casco permitirá incorporarlos fácilmente a nuestra rutina diaria.
Con el calzado la situación requiere algo más de planificación, sobre todo para quienes utilizan la moto para ir a trabajar y necesitan vestir de una determinada manera al llegar a su destino. Unas zapatillas técnicas de aspecto urbano pueden solucionar buena parte del problema y siempre queda la posibilidad de llevar otro calzado para cambiarse después.
La entrada en vigor del 1 de octubre supone, por tanto, un cambio pequeño en nuestros hábitos pero relevante en términos de protección. Casco, guantes y zapatos cerrados pasarán a formar parte de esa comprobación casi inconsciente que hacemos antes de iniciar cualquier desplazamiento.
La intención resulta fácil de entender: reducir las consecuencias de los accidentes entre uno de los colectivos más vulnerables de la carretera. La moto continuará ofreciendo la misma agilidad, facilidad de aparcamiento y rapidez en los desplazamientos que la convierten en una herramienta fundamental de movilidad, pero obligará a prestar algo más de atención a cómo nos vestimos antes de conducirla.













