-El próximo 24 de septiembre presenta en Córdoba su último libro, Lorca y el flamenco. ¿De qué trata esta obra y cómo surgió la oportunidad de escribirla?
-Este libro nace de una certeza: Lorca supo escuchar lo que otros despreciaban, la hondura de un pueblo y la dignidad de una voz que parecía condenada a la marginalidad. Ese es el punto de partida. Yo digo en el prólogo: «El flamenco no se entiende desde la distancia. Se siente en la piel, en la garganta que se quiebra y en el silencio que precede al grito». Lorca se dejó atravesar por la vibración de lo que los flamencólogos llaman «lo jondo» y supo darle la palabra adecuada. Sobre todo, convirtió el flamenco en literatura, en mito y en patrimonio. Hasta entonces era algo más tabernario, informal. Él lo elevó a una categoría universal, pero sin arrancarlo de su raíz popular. Supo unir ambas cosas.
-Lorca y el flamenco han sido objeto de numerosos estudios y obras. Sin ir más lejos, justo un día después de su presentación se estrena también la película La Bola Negra. ¿Qué factor clave cree que aporta su libro a lo que ya se ha escrito y dicho sobre la figura de Lorca?
-Este libro no pretende repetir lo ya dicho, que conste. Es un libro divulgativo, pero a la vez muy académico. Me he leído toda la bibliografía que he podido: las memorias del cante de Félix Grande, Fernando Quiñones, Ian Gibson… He tratado de partir de todo ese conocimiento. Pero busco siempre un lenguaje asequible, un lenguaje periodístico, que conecte con el lector. Esa ha sido mi obsesión toda la vida: que lo que escribo lo entienda todo el mundo. Por eso no pretendo repetir lo que ya se ha dicho, sino ofrecer una lectura original que vincule el concepto de duende, que es muy importante en este libro, con la construcción de una memoria patrimonial. Es un ensayo que combina el rigor académico y la belleza literaria, pensado tanto para especialistas como para quienes aman el flamenco. Más que un estudio, para mí es una invitación a escuchar y a leer con nuevos ojos.
-En el libro aparece esa defensa de la dignidad del flamenco frente a su banalización y comercialización. ¿Considera que a día de hoy esta defensa continúa o cada vez se está perdiendo más en pos de la comercialización del género?
-Sí, hay indicios de eso. Pero gracias, por ejemplo, a que la Universidad de Córdoba, la UCO, tiene una cátedra de Flamencología, siento que cada vez se están tomando el asunto más en serio. El flamenco está en un punto en el que se considera algo patrimonial, algo importante. En su conferencia de 1922, Lorca decía que las canciones más hondas de la tradición andaluza se despreciaban y se consideraban tabernarias y sucias. Él lo que hizo fue transformar esa mirada y darle dignidad al flamenco. Para mí, es una prolongación de la literatura. No voy a decir un género, no, sino literatura en general.
-En ese sentido, ¿ha cambiado nuestra manera de consumir el flamenco? ¿Cree que hoy se le tiene más respeto que antes?
-Yo creo que sí, muchísimo. Cada vez hay más estudiosos y el flamenco está cada vez más ligado a la universidad. Viene gente de Japón, de Alemania y de muchos otros países a estudiarlo. Y después están los festivales, como el Festival de la Guitarra de Córdoba, donde viene gente a aprender guitarra flamenca. También hay muchísimos lugares donde se enseña baile. Si antes se tomaba de una forma más ligera, desde 1922 para acá, desde que Lorca y Falla le dieron ese empujón, se ha ido tomando cada vez más en serio. Hay una bibliografía impresionante.
-Eso que llaman «duende» está muy presente en su libro. ¿Cómo lo definiría usted?
-Pues mira, este libro en principio se iba a llamar El duende y la memoria: Lorca y la invención del flamenco moderno. Porque ahí hay un tema que trata Lorca con mucha magia que es el del duende. El duende es una fuerza irracional. Esa es la palabra, y lo decía también Lorca. Es una fuerza telúrica que surge de la lucha del artista con su propia interioridad. O sea, más seriedad que eso es imposible. Lorca lo definió con crudeza, hay una frase suya donde dice: «El duende no llega si no ve posibilidad de muerte. No es técnica, ni inspiración externa, sino riesgo, entrega y misterio».
-¿Y qué tenía Lorca para que se le atribuyera ese duende a él, que era poeta?
-También tiene duende. El duendecillo… (Risas). Yo parto de ese Romancero gitano, que me dejó mucha impresión, pero para mí lo más fuerte fue Poeta en Nueva York. Eso fue… Y no tiene nada que ver con el flamenco, pero, sin embargo, hay una magia, hay una poesía tan fuerte que para mí es el principal libro de Lorca, totalmente.
-Después de todo este recorrido por Lorca y su relación con el flamenco, ¿con qué idea le gustaría que se quedara el lector cuando cierre el libro?
-Me gustaría que viera claro que existe un diálogo con la tradición. Lorca universalizó el flamenco como un mito. Sobre todo, me interesa mostrar cómo una persona que no era flamencólogo se dejó embrujar por el flamenco, lo abarcó y consiguió escribir sobre él y convertirlo en algo universal.














