«Había perdido en la espera la fuerza de los muslos, la dureza de los senos, el hábito de la ternura, pero conservaba intacta la locura del corazón» (Gabriel García Márquez, ‘Cien años de soledad’). A sus 49 años, Shakira Isabel Mebarak Ripoll (Barranquilla, Colombia), se encamina hacia la reconquista del país que más satisfacciones y disgustos le ha dado en los últimos años. La traumática ruptura con su expareja, la humillación pública de verse sustituida por una más joven, la falsa leyenda de la mermelada en la nevera, los problemas con Hacienda… el éxito masivo, acontecimientos que, por mundanos y repetidos, no merecerían una sola frase en el particular realismo mágico de Gabriel García Márquez que la artista colombiana recrea ahora en su residencia de 12 conciertos en España. Shakira ha convertido en metrópoli de la música latina aquel Macondo de «veinte casas de barro y cañabrava» fundado por el José Arcadio Buendía nacido de la imaginación del nobel colombiano.
Lo suyo no es realismo mágico, es surrealismo. De cómo una artista que hace 30 años se abría paso a golpe de coreografía y danza del vientre va construyendo una carrera en paralelo a su propia vida, con cuento de hadas surgido en un Mundial con final feliz y más tarde no tanto, celebradísimos triunfos, cuernos, el Casio y el Rólex y el Ferrari y el Twingo, la decepción amorosa, el asedio de los medios, la famosa sesión con Bizarrap y la salida a la superficie y la autoayuda y las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan. Ha salido vencedora, incluso, de la guerra de bandos entre ella y su futbolero ex.
Su gira mundial ha superado ya los 421 millones de dólares de recaudación y los 3,3 millones de asistentes. Ha rebasado las cifras de Bad Bunny y las de Luis Miguel de 2024. Con parecidos parámetros, también la exitosa ronda mundial de conciertos de Julio Iglesias en 1988. Internet y el streaming han puesto patas arriba los datos de audiencia, los espectadores de su ‘world tour’. «La ciencia ha eliminado las distancias, pregonaba Melquíades. Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa» (Gabriel García Márquez, op. cit.)
Hay un antes y un después en la consolidación artística de Shakira. Un antes y un después de ‘Bzrp Music Sessions, Vol. 53/66’ y de la exitosa actuación en los MTV Awards, ambos de 2023. En poco más de 10 minutos que transcurren como un suspiro, la colombiana ejecuta una actuación que pasará a la historia de la música latina, la ‘performance’ colosal de un Ave Fénix que puso a bailar a medio planeta, a Karol G., a Raüw Alejandro, a Taylor Swift, la gran triunfadora de esa noche, a punto de ser eclipsada por aquel torrente de gorgoritos y cuerpos en escorzo. Esa noche Shakira conquistó el trono de hierro (‘¡Drakarys!’) de la música latina en femenino, de la misma manera que Taylor Swift recibió la espada de manos de Madonna, reina madre indiscutible. Alrededor de ambas ha quedado un coro de artistas notables, exitosas, multitudinarias a la vez que condenadas al segundo plano. Britney Spears, Christina Aguilera o Anastacia opacadas por la larga sombra de Madonna Louise Ciccone; Miley Cyrus o Katy Perry bajo el caudillaje de Swift; Karol G. o Nathy Peluso un paso por detrás de la de Barranquilla. «Las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra» (Gabriel García Márquez, op. cit.).
Shakira se resiste a la amnesia. Es la artista que hipnotiza al regresar del profundo desengaño sentimental de 2022, la cornuda que vuelve empoderada a la vida como el Melquíades de la novela de García Márquez y retorna de la muerte porque la soledad del más allá le resulta insoportable. En esa vuelta triunfal le gana incluso la batalla a Hacienda, obligada este mismo año a restituirle 60 millones de euros tras ocho años de batalla judicial. La Agencia Tributaria humillada y la expareja relegada a un cromo de Panini. «En cualquier lugar en que estuvieran recordarán siempre que el pasado era mentira, que la memoria no tenía caminos de regreso, que toda primavera antigua era irrecuperable, y que el amor más desatinado y tenaz era de todos modos una verdad efímera» (Gabriel García Márquez, op. cit.).
La Shakira de esta colosal gira que ha recalado en España como artista residente aparenta conservar intacta la locura del corazón. Este nuevo Macondo está a salvo, reconvertido en parque temático para las masas. La Loba, La Patrona es su gobernanta. La aldea global es toda suya y vuela a lomos de un dragón.













