Hay algo casi anacrónico en el Carrer de Sant Jaume. Mientras el resto del centro de Palma se convierte, temporada tras temporada, en una vorágine de maletas, bulle bulle y grupúsculos de personas despistadas y casi adormiladas, esta callejuela mantiene un aire sombrío y señorial que invita a caminar despacio. Está salpicada de restaurantes que, a veces, olvidamos que están ahí para nosotros, los locales. La Bodeguilla, que abrió sus puertas hace ahora 40 años como Mesón Salamanca, es uno de ellos.
El local nació como tienda de vinos y, sin lugar a duda, esa vocación sigue intacta en la sala de entrada, donde todavía se puede tapear entre estanterías de botellas antes de pasar al comedor principal, de techos abovedados y mesas hechas con barricas reutilizadas. La Guía Michelin lo incluye entre sus recomendados desde entonces —no tiene estrella, pero sí una mención— y su condición de espacio non-stop, sin cierre entre comidas, lo convierte en una de las pocas cocinas del centro donde siempre es buena hora para sentarse a la mesa.
En esta bodega de trato exquisito y profesional, el producto es el verdadero protagonista, tratado con sencillez y técnica. Esa filosofía se extiende a la bodega, que es una de las razones por las que merece la pena reservar en La Bodeguilla. La carta de vinos supera las 300 referencias, entre nacionales e internacionales, una cifra poco habitual en un restaurante de este perfil y que convierte la elección del vino en una decisión casi tan importante como la del plato.
La carta, por su parte, es cocina española actualizada. Además, tiene la virtud de servir igual de bien a dos planes distintos: unas tapas al centro para compartir o, en su defecto, elegir el clásico primero, segundo y postre, sin que la experiencia pierda coherencia en ningún momento. En su carta, no demasiado extensa pero perfectamente equilibrada, conviven las croquetas melosas de jamón, el pulpo a la brasa y el tartar de atún con un arroz del senyore, un cochinillo mallorquín o un chuletón de vaca seleccionada. Pero si hay un bocado que repetiríamos sin dudar es el steak tartar de lomo bajo madurado: un corte con más veteado que el solomillo, trabajado en crudo, al que la maduración le añade una intensidad y una textura que pocos tartares de la zona consiguen igualar.
Es fácil caer en la idea de que lo que frecuenta o descubre el turista deja de ser nuestro. La Bodeguilla cumple 40 años y sigue cocinando exactamente igual que cuando abrió, independientemente de quién atraviese la puerta de entrada. Darse un homenaje en Palma no tiene por qué significar buscar refugio lejos del centro, a veces basta con volver a sentarse en la mesa que llevábamos años dejando pasar. Sin duda, todos y cada uno de los platos de La Bodeguilla lo merecen.
La Bodeguilla.
Carrer de Sant Jaume, 3, Palma. Como ellos se autodenominan, espacio non-stop, abierto todos los días desde la 13 hasta fin de servicio.











