Emiliano Osornio llegaba a la plaza de toros de Algemesí con aires de torero bueno y sobre la piedra de diamante tallada por el maestro Curro Vázquez, importante rasgo distintivo en su concepto. Cosa nada fácil, como apuntábamos estos días en el periódico.
Pero el mexicano de Toluca perdió los trofeos con los aceros, pero más allá de que debe mejorar en la ejecución de la suerte suprema -el maestro ya lo sabe-, hay que subrayar el fondo de torero que proyecta, la categoría de su toreo, en definitiva, que demostró en la excelente faena al templado primero de la tarde.
Precisamente largo y con cuajo fue el primero de Cebada Gago, astifinísimo como todos sus hermanos lidiados en la tarda, excepto en el desputando reglamentariamente para rejones. Aguantó el envite de Emiliano Osornio, especialmente por el izquierdo, lado por el humilló y se desplazó más lejos el animal, con fijeza en su arrancada, otra de sus buenas virtudes, aunque se quedaba corto sobre el pitón derecho.
Dotes de muletero
Aquí el mexicano demostró sus grandes dotes de muletero, todo condimentado con cierta torería que desprendía la buena clase de torero que es, aunque tuviera poco eco en el tendido, tal y como pasó ayer con Alberto Donaire.
En torero, las dos primeras series en redondo fueron colosales, porque ligó muletazos muy largos y profundos abrochados con pases de pecho echándose el toro por delante. Como decíamos, no pudo lucir a derechas, aunque siempre anduvo con torería, presentó los engaños dando el pecho y dejó un trincherazo con mucho sabor. Él fue el que puso el toreo con letras mayúsculas durante la tarde. A su segundo, que sí mató bien tras tirarse con fe detrás de la espada, le enjaretó algunos buenos naturales, pero la afición de Algemesí seguía comiéndose la merienda sin prestar atención. Ellos se lo perdieron.
Simón Andreu, joven novillero de Chiva, en un derechazo. / Prensa2
Andreu, oreja
Simón Andreu, joven novillero de Chiva, puso sobre el tapete de La Ribera sus consabidos dotes de raza y entrega, sobre todo, en su segundo.
Su primero tuvo escasa voluntad de seguir los engaños, además de ser bastante incierto. El banderillero valenciano David Esteve se desmonteró tras dos buenos pares.
Fue con el quinto, el ejemplar de más transmisión de todo el encierro, con el que el novillero valenciano se mostró más suelto, más templado y más centrado, sobre todo con la mano derecha.
A este ejemplar le cortó una oreja y fue todo corazón desde que lo recibió a puerta gayola y después puso banderillas, luciendo los colores de la cuerda del bou en corda de Chiva, las últimas con palos cortos en una suerte que puso la plaza en pie literalmente. Con la muleta había que poder a un animal que tuvo recorrido en su embestida y respondió con nobleza a una faena de intensidad creciente. Cortó una oreja, con fuerte petición de la segunda, después de una estocada delantera al segundo intento tras una labor que fue todo corazón.
El rejoneador Francisco Martín recibió una ovación con saludos tras una faena de buenas intenciones, aunque con falta de oficio. Eso fue lo que le hizo fallar reiteradamente con la suerte suprema.
Posdata: Curro Vázquez
Para finalizar, me gustaría tener un comentario para el maestro Curro Vázquez, quien a sus 75 años recorre kilómetros, hoteles y las plazas de la piel de toro por la ilusión que le ha despertado precisamente Emiliano Osornio. En una conversación privada, recordaba la primera vez que hizo el paseíllo en Algemesí junto a Julián García y también la vez que acompañó a Cayetano Rivera Ordóñez por estas tierras del Xúquer. Lo que no deja de ser ejemplar, a través de la luminosa serenidad compartida del maestro, es su afición, precisa definición de su nueva obra, tan generosa y extraordinaria en su pasión por el toreo. Curro Vázquez, referencia directa del amor por el toreo. Qué ejemplo. Por no hablar de aquel histórico festival de Las Ventas del que no hace ni un año.
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