Constructoras, promotores e inmobiliarias ven posible alcanzar el millón de viviendas en cuatro años que propone Alberto Núñez Feijóo. Pero ponen condiciones.
El sector cree que España puede elevar con fuerza la construcción. Pero, para conseguirlo, tendrá que resolver varios problemas que llevan años frenando nuevas promociones.
Sin embargo, según aclaran, no se trata de grandes cambios sobre la propuesta. Las condiciones que plantean forman parte del propio proceso necesario para alcanzar ese objetivo de construcción.
La primera cuenta muestra el tamaño del salto. Un millón de viviendas en una legislatura supone levantar 250.000 casas cada año.
En 2025 se terminaron en España alrededor de 94.000 viviendas entre libres y protegidas, según los últimos datos de la Federación de Asociaciones de Empresas Inmobiliarias (FADEI). Es decir, hablamos de multiplicar por más de dos el ritmo actual de construcción.
Sin embargo, el sector cree que hay margen para pisar el acelerador. Pedro Fernández Alén, presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), considera que esas 250.000 viviendas deberían convertirse en la «cifra de crucero» del país.
«No sólo creemos que es posible, sino que es necesario para empezar a dar solución al problema de la vivienda», asegura a EL ESPAÑOL-Invertia.
La misma idea comparte la Asociación de Promotores Constructores de España (APCEspaña). La patronal de los promotores asegura que «no es un objetivo inalcanzable para el sector». Eso sí, para que las grúas ganen velocidad, primero hay que despejar el terreno.
Una opinión con la que comulga Concha Santos, presidenta de la asociación de las constructoras no cotizadas (ANCI), quien también responde con un «sí» a la viabilidad del plan «en cuatro años, si se afronta el principal cuello de botella, la falta de suelo».
Sin embargo, este no es el único obstáculo en el camino. El sector apunta que, además del problema del suelo, sobran trámites, hace falta financiación, trabajadores y estabilidad regulatoria.
Del suelo a las llaves
Y ahí empiezan las condiciones. Poner suelo nuevo sobre la mesa no significa poner viviendas en el mercado.
Miguel Ángel Gómez Huecas, presidente de FADEI, cree que alcanzar el millón es posible, pero exigiría aumentar con fuerza los medios disponibles. Pues, el problema no está en un único punto. El atasco se reparte por toda la cadena.
«Para pasar del suelo a las llaves de una casa hay planeamiento, urbanización, informes, licencias, financiación, construcción y mano de obra», explica Gómez.
Y cada uno de esos pasos consume tiempo. APCEspaña calcula que transformar suelo tarda de media entre 15 y 20 años.
Después, según explican a este medio, pueden hacer falta otros ocho a doce meses para conseguir las autorizaciones. Y una vez arrancan las máquinas, construir una promoción requiere entre 18 y 24 meses.
Es precisamente esta larga cadena la que introduce un matiz importante en el objetivo del millón.
Y es que, no es lo mismo poner en marcha esa cantidad de viviendas, que conseguir que todas estén terminadas antes de que acabe la legislatura.
«Una cosa es sentar las bases, iniciar, autorizar o poner en marcha un millón de viviendas durante una legislatura, y otra que el millón esté completamente terminado dentro de esos cuatro años», señala Gómez Huecas.
Batalla del reloj
No obstante, una de las medidas de Feijóo busca precisamente recortar esos tiempos. Su propuesta plantea que las obras puedan comenzar si el ayuntamiento no responde a la solicitud de licencia en 90 días.
Un punto que encuentra respaldo entre los profesionales consultados por este periódico.
Fernández Alén asegura que hay ayuntamientos donde conseguir una licencia puede tardar «un año y medio, incluso dos años». Y que en algunos casos, el permiso tarda incluso más que el propio ladrillo, por lo que este trámite lo favorecería.
FADEI también considera que acortar estos plazos ayudaría, aunque insiste en que la licencia es sólo uno de los eslabones.
Reducir seis meses este trámite no significa necesariamente que una vivienda llegue al mercado seis meses antes si el resto del proceso continúa acumulando retrasos, advierten desde la patronal inmobiliaria.
Además, Gómez Huecas recuerda que este cambio exigiría una modificación legal. Acelerar las licencias permitiría ganar tiempo, pero no resolvería por sí sólo el problema.
Si el resto de trámites necesarios para construir siguen acumulando retrasos, el atasco simplemente se trasladaría de una fase a otra.
Faltan manos
Asimismo, aunque se consiguiera acelerar el suelo y las licencias, quedaría el problema de encontrar suficientes trabajadores para levantar las viviendas.
Feijóo calcula que su plan permitiría crear 750.000 empleos. Una cifra que muestra la dimensión del objetivo en un sector que ya tiene dificultades para cubrir puestos.
La propia CNC lleva tiempo advirtiendo de esta necesidad. Estima que el sector tendrá que incorporar alrededor de 700.000 trabajadores durante los próximos años. Por lo que esa cifra sería coherente.
Sin embargo, Gómez Huecas recuerda que sumar 750.000 empleos directos y simultáneos supondría elevar cerca de un 50% la fuerza laboral actual y exigiría «un esfuerzo extraordinario». Otro reto que habría que resolver para alcanzar el objetivo planteado.
Por su parte, el plan también incorpora medidas para el otro lado del mercado. Feijóo propone avales del 100% para facilitar a los jóvenes la compra de su primera vivienda.
Aquí el problema cambia. Ya no se trata de cómo construir más rápido, sino de qué puede ocurrir si se facilita la compra mientras sigue habiendo pocas viviendas disponibles.
Ricardo Gulias, asesor financiero y CEO de RN Tu Solución Hipotecaria, valora las ayudas, pero advierte de ese desequilibrio. «Estas ayudas sin construcción de vivienda paralela son inflacionistas», asegura.
El motivo está en la diferencia entre el número de personas que quieren comprar y las viviendas que salen al mercado.
Para Gulias, además, existe un problema de precios de partida, ya que «no hay producto para los salarios que hay en España».
Por eso, facilitar financiación puede ayudar a algunos jóvenes a superar la barrera del ahorro, pero no resuelve por sí sólo la falta de vivienda asequible.
Si aumenta el número de compradores y la oferta no crece al mismo ritmo, esa mayor demanda puede terminar presionando todavía más los precios.
El millón, por tanto, no depende de una sola medida. El sector considera posible alcanzar el ritmo de 250.000 viviendas anuales, pero para conseguirlo habría que actuar sobre toda la cadena.
El primer paso pasa por disponer de más suelo y acelerar las licencias. A partir de ahí, recalcan, habrá que resolver la falta de mano de obra y unos costes que, en muchos casos, llevan a las constructoras a renunciar a los concursos públicos. Sólo entonces las grúas podrán pisar realmente el acelerador.













