El pasado lunes Adriana Mojica hubiera cumplido 21 años. Su madre, Alicia Trabanino, y sus dos hermanos, Ana y Max, le habrían preparado una gran fiesta en casa, con tarta y globos. En los altavoces que su familia aún guarda en la habitación de la joven, hubieran sonado las canciones de Billy Joel y de Frank Sinatra, porque Adriana, que había sido elegida como candidata a los Grammy Latinos, tenía un enorme bagaje musical.
Pero nada de eso ocurrió. Porque hace dos años J.L.B., un joven de su misma edad, decidió conducir su BMW, estando borracho y drogado, y atropelló mortalmente a Adriana en una parada de autobús situada en el kilómetro 31,900 de la A-6, a su paso por Torrelodones (Madrid).
«Este tipo de delitos se siguen contemplando casi como un accidente. Si ese chico hubiera robado o violado a mi hija, estaría en la cárcel. Pero como la ha matado, está por ahí feliz», lamenta la madre de Adriana
Eran las seis y media de la mañana cuando el conductor dejó a su víctima agonizando y se fugó, realizando maniobras temerarias durante casi siete kilómetros hasta su casa, en Galapagar. Al llegar, se fue a dormir, según reflejó la Guardia Civil en su atestado. Fue la hermana de Adriana quien encontró su cadáver junto a la marquesina del autobús aquel 5 de septiembre de 2024.
Sin perdón
J., que desde entonces ha seguido con su vida y «no ha mostrado arrepentimiento ni ha pedido perdón por lo que hizo», según denuncia la madre de Adriana, no solo arrebató a su hija un futuro prometedor aquel día, también arrolló a su familia. Las vidas de Alicia y de sus hijos están paralizadas desde aquella mañana, cuando la joven, que empezaba sus estudios de Derecho, se dirigía a coger el autubús para ir a su primer día de clase en la universidad.
Poco antes de su muerte, Adriana había sido elegida como candidata a los Grammy Latinos. / CEDIDA POR LA FAMILIA
Dos años después, el juez que lleva el caso ha enviado al conductor a juicio, acusado de tres delitos, según ha podido saber el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica. J. tendrá que sentarse en el banquillo, acusado de un delito de homicidio por imprudencia grave, otro contra la seguridad vial y un tercer delito de abandono del lugar del accidente.
«Como consecuencia de su estado, el investigado no era capaz de controlar eficazmente su vehículo, de forma que perdió el control del mismo, saliendo parcialmente por el margen derecho de la calzada, impactando primero contra un muro de piedra y atropellando luego a Adriana, que caminaba correctamente por el margen de la calzada hacia una parada de autobús situada unos metros más adelante», cocluye el magistrado del juzgado de instrucción 2 de Collado Villalba en su auto de procesamiento, al que ha accedido este medio.
En sentido contrario
Tras el atropello, en lugar de auxiliar a la joven, J. «abandonó inmediatamente el lugar, huyendo a gran velocidad y realizando en ese momento maniobras temerarias, como tomar varias rotondas y vías en el sentido contrario de la marcha, hasta llegar a su domicilio, situado en la localidad de Galapagar (Madrid)», añade el juez en su relato de hechos punibles.

Adriana murió atropellada el 5 de septiembre de 2024 en Torrelodones (Madrid). / CEDIDA POR LA FAMILIA
Al llegar, J. aparcó el vehículo cerca de su casa y se acostó. El conductor iba en tan mal estado que los agentes de la Guardia Civil lograron llegar hasta él siguiendo las huellas y señales de arrastre que su coche había ido dejando en la carretera desde el lugar del suceso hasta su casa. Solo tuvieron que recorrer el camino de «marcas y raspaduras continuas» que el acusado fue dejando «sobre la calzada por la llanta de la rueda delantera derecha del vehículo, cuyo neumático había reventado tras el impacto contra el muro de piedra», según consta en el auto de procesamiento.
Alcohol y cannabis
Cuando los investigadores llegaron hasta el BMW del joven no tuvieron dudas de que estaban ante el coche con el que habían atropellado a Adriana. El vehículo «presentaba daños plenamente compatibles con los vestigios existentes en el lugar del siniestro». Los agentes llamaron a la casa del chico y pidieron a su padre que lo sacara de la cama para practicarle un test de alcoholemia y otro de drogas, al tiempo que otra pareja de guardias civiles llamaba al timbre de la casa de Alicia y la despertaba para comunicarle la muerte de su hija.

Así quedó el coche tras el atropello que causó la muerte de la joven. / SUCESOS
J. fue detenido tras dar positivo en alcohol (0,21 miligramos por litro a las 8:32 horas, casi dos horas después del atropello, y y 0,23 miligramos por litro en la segunda prueba practicada a las 8:44 horas). Tambié dio positivo en THC (cannabis). Los agentes que se entrevistaron con él y lo detuvieron relataron en su atestado el estado en que lo encontraron: «habla pastosa, lenta, con titubeos, le tiemblan las manos, tiene dificultad para caminar en línea recta y para contar hasta veinte de dos en dos, no sabe indicar qué día de la semana es ni la hora aproximada».
El auto del juez recoge que «conforme al dictamen emitido por la Médico Forense adscrita al Juzgado, atendiendo al tiempo transcurrido desde el accidente hasta la práctica de la prueba, el investigado presentaría en el momento de los hechos una alcoholemia aproximada de 0,75 g/litro en sangre, equivalente a 0,37 mg/litro en aire espirado, concluyendo asimismo que el consumo conjunto de alcohol y cannabis afectaba a sus facultades intelectivas y físicas, mermando su capacidad para conducir un vehículo a motor».

Adriana y su madre, Alicia. / CEDIDA POR LA FAMILIA
Una de las cosas que más le pesan a Alicia, la madre de Adriana, es que el hombre que acabó con la vida de su hija haya seguido haciendo su vida estos dos años, en libertad: «Nadie se hace una idea del ruido que hace en mi mente que este tipo de delitos se contemplen casi como un accidente. Si ese chico hubiera robado o violado a mi hija, estaría en la cárcel. Pero como la ha matado, está por ahí feliz», critica la mujer.
«Mi hija fue asesinada»
«Sus actos todavía no han tenido ninguna consecuencia para él, mientras que han destrozado a mi familia, nos ha derribado por completo. Mis hijos y yo vivimos con depresión, ansiedad… no encontramos el camino. Yo he perdido mi trabajo por las crisis que sufro, que no me dejan estar estable. La hermana de Adriana, que estaba unida a ella como si fueran gemelas, ha tenido que atrasar su carrera de Biotecnología porque no supera el trauma, es un calvario emocional», añade.
«Mi hija fue asesinada, ese joven decidió conducir en su estado, no fue algo fortuito y que no pudiera predecirse. Han pasado dos años y él aún no ve la gravedad de haberle quitado la vida», critica la madre de la joven
Alicia lamenta la lentitud de la justicia en estos casos: «Me pregunto cómo es posible tanta impunidad todo este tiempo. Mi hija fue asesinada, ese joven decidió conducir en su estado, no fue algo fortuito y que no pudiera predecirse. Han pasado dos años y él aún no ve la gravedad de haberle quitado la vida a mi hija».
A la madre de Adriana le duele que ni el acusado ni su familia hayan intentado ponerse en contacto con ella en estos años: «No han enviado ni una triste cartita para disculparse o para darme el pésame. Ni una señal en todo este tiempo de pesadilla. Me gustaría que esos padres se pusieran por un momento en mi lugar y pensaran cómo se sentirían si el hijo muerto fuera el de ellos. Porque su actitud contribuye a que nuestra familia no pueda cerrar este sufrimiento que andamos cargando todos».
Fuente: El Periódico










