Llevaba años prácticamente desaparecida de los focos, pero este verano Anne Hathaway parece haber resurgido de sus cenizas con dos títulos en la cartelera que han hecho olvidar que hace más de diez años era una de las actrices más odiadas de Hollywood. No se sabe muy bien cómo empezó, pero ese ensañamiento hacia ella fue precisamente una de las causas de que haya tenido un perfil más bajo en sus apariciones públicas.
Cuando comenzó su carrera, parecía estar abocada a un encasillamiento en comedias románticas. En su primera película era literalmente una princesa Disney, filme que se estrenó en España con el expresivo título de Princesa por sorpresa (2001). De ahí, poco a poco, vino un imparable ascenso al éxito hasta que llegó el bombazo de El diablo viste de Prada (2006), una sátira del mundo de la moda en la que se medía con una estrella consagrada de la talla de Meryl Streep. Mientras Streep demostraba en esa cinta su formidable vis cómica, su joven compañera de reparto venía ya rumiando dar un giro a su carrera con papeles de mayor peso dramático. De hecho, un año antes ya había interpretado el papel de esposa engañada en Brokeback Mountain (2005), la aclamada cinta de Ang Lee sobre el romance homosexual entre dos cowboys.
Las primeras señales de ese odio visceral salieron del armario cuando Christopher Nolan la eligió para interpretar a Catwoman en El caballero oscuro: La leyenda renace (2012). Ahí empezaron las primeras oleadas de odio en internet que procedían del fandom más tóxico y que interpretaban que la elección de casting suponía una traición a la esencia del personaje. Y eso que veníamos ya de la horrorosa versión protagonizada por Halle Berry en 2004. El caso es que el terreno quedó abonado para que unos meses después se desatara con toda su furia el linchamiento mediático. Todo fue por su papel en el musical de Los miserables (2012), por el que además consiguió el Oscar a la mejor actriz secundaria. Una interpretación de apenas quince minutos, como la prostituta Fantine que entrega a su hija Cosette a Jean Valjean antes de morir. En un papel en el que aparecía demacrada y con el pelo casi rapado, cantaba «I dreamed a dream», en cuya letra el personaje expresaba su desgarro personal por su pasado y sus sueños rotos. La canción le sirvió la estatuilla en bandeja de oro, pero hubo quien cuestionaba que se lo mereciera y hasta acusaba a la Academia de Hollywood de entregar un premio amañado.
Para rematar la jugada, en el momento en que Hathaway daba su discurso en la gala, empezó con un suspiro y diciendo «It came true» (se hizo realidad). Lo que en cualquier otro actor se habría juzgado como rigor y entrega interpretativa, en ella comenzó a etiquetarse como una ambición desmedida y una búsqueda desesperada de aprobación. Se la comparaba con esa estudiante resabiada que se sienta en primera fila y busca desesperadamente la atención del profesor, y se le reprochaba tener poses demasiado calculadas. Algún medio de la época tituló «¿Por qué odiamos a Anne Hathaway?». E incluso llegó a publicarse una encuesta en la que era la segunda celebridad más odiada de Estados Unidos, un ranking que probablemente reflejaba hasta qué punto se había convertido en objeto de un insoportable escrutinio de cada uno de sus gestos. Nolan sí que siguió confiando en ella fichándola para Interstellar en 2014, mientras todavía estaban incandescentes los rescoldos de la polémica. Durante todos estos años no ha dejado de trabajar, pero su exposición mediática ha sido mucho menor.
Este verano ha sido el momento del resurgir con dos películas que la han vuelto a situar en el candelero. Cuando empezaron las primeras oleadas de odio hacia la versión de Nolan de La Odisea, los expertos en Homero que no saben distinguir las diferencias entre La Ilíada y La Odisea empezaron a cebarse con las elecciones de casting de una película que ni siquiera se había estrenado. Pero curiosamente, Hathaway quedaba fuera de sus dardos. Su interpretación de Penélope, la esposa de Ulises que espera su regreso de la guerra de Troya, ha sido una de las más aclamadas dentro de un reparto plagado de estrellas y en donde deja claro que ella está a otro nivel. Su otro gran título ha sido la secuela de El diablo viste de Prada, donde esta vez ya es una actriz consagrada y con tanta capacidad para atraer al público a los cines como Meryl Streep. Nadie se ha disculpado con ella. Todos han hecho como si no hubiera pasado nada. Anne Hathaway ha demostrado que al odio de internet no se le vence respondiendo en su mismo tono, sino sobreviviéndolo a base de trabajo, elegancia y una absoluta falta de prisa.
Fuente: Información












