La espiral inflacionaria que sufre España en los últimos meses tiene mucho que ver con los precios energéticos. A falta de conocerse el dato del IPC de agosto, que se divulga este martes a las 8:00, el de julio marcó un avance del 4,3% en agosto, con los precios energéticos como principal contribuyente. Según el INE, el gasóleo registró una subida del 15,7%, mientras que la gasolina tuvo un encarecimiento más moderado, hasta el 7,3%.
Un informe del ‘think tank’ británico New Economics Foundation señala que, si los combustibles fósiles siguen al alza en España, el impacto en la inflación será directo y elevado. El organismo ha calculado que, por cada aumento del 10% en el petróleo y el gas, la inflación española podría subir hasta 0,27 puntos porcentuales.
Los investigadores simularon un aumento de ambos combustibles un 50%, y concluyeron que podría llegar a incrementar la inflación de la Eurozona hasta en un 1,8% en el próximo año. Cabe destacar que el último dato de Eurostat la sitúa en el 3,3%, el sexto mes consecutivo por encima del objetivo prudencial del 2%.
El riesgo energético
En el caso de España, un aumento de estas características en el precio del petróleo y el gas conllevaría un repunte del 1,33% en la inflación. Se trata de una exposición cercana a la media, lejos de países como República Checa (1,78%) o Bulgaria (1,74%), que presentan las peores cifras, aunque también de Países Bajos (0,81%) o Austria (0,97%), más protegidos en este sentido.
Los investigadores señalan además que, según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), cada aumento de un punto porcentual en la cuota de renovables disminuye los precios de la energía un 0,6%, y cita a España como ejemplo a seguir en Europa. “España, que ha duplicado su capacidad eólica y solar desde 2019, registró que los combustibles fósiles determinaron sus precios de la electricidad solo el 19 % del tiempo durante el primer semestre de 2025, frente al 75 % anterior, lo que situó los precios al por mayor un 32 % por debajo de la media de la UE”, reza el informe.
El informe dedica un apartado entero a explicar el camino de España a la hora de incrementar el peso de las renovables. “Tras ser en 2019 el país donde la generación con combustibles fósiles ejercía una mayor influencia sobre los precios de la electricidad, en 2025 España se situó como el país con menor dependencia del gas entre aquellos dependientes de esta fuente”, señala el ‘think tank’.
La apuesta por las renovables
Como consecuencia de este esfuerzo, los precios mayoristas de la electricidad en España en el primer semestre de 2025 fueron un 32% inferiores a la media de la UE. Esto se debió, según los investigadores, al rápido despliegue de las energías renovables. «Entre 2019 y 2025, España duplicó su capacidad eólica y solar. Al mismo tiempo, el Banco de España estima que los precios mayoristas de la electricidad habrían sido un 40% más elevados en 2024 si la generación eólica y solar se hubiera mantenido en los niveles de 2019”, subrayan.
En caso de que se cumplieran los objetivos previstos en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), la institución dirigida por José Luis Escrivá prevé que los precios podrían llegar a caer otro 50% hasta 2030, poniendo en magnitud la efectividad de la apuesta de España por las renovables.
En un plano más amplio, el informe señala que Europa “no está bien preparada para hacer frente a estas crisis, ya que los elevados tipos de interés fijados por el Banco Central Europeo (BCE) encarecen considerablemente la construcción de infraestructuras de energías renovables”.
El BCE, en el punto de mira
Así, recomiendan que la institución presidida por Christine Lagarde establezca “un tipo de interés independiente y más bajo para las inversiones ecológicas, como la energía eólica y solar”, para evitar constreñir la inversión en renovables cuando se eleven los tipos para contener el pulso de la demanda.
“La inflación hace que cada vez más personas en todo el continente tengan dificultades para costearse los gastos básicos, como el alquiler, la compra y el transporte público. Acabar con nuestra dependencia del petróleo y el gas, tan volátiles, es la única forma de limitar la inflación en todo el continente”, apostilla el investigador Maike Schmidt.
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