Las advertencias lanzadas por algunos de los máximos responsables de la inteligencia artificial (IA) sobre la necesidad de ralentizar el desarrollo de los modelos más avanzados han pillado al mercado en un momento especialmente delicado. Los inversores acababan de reconstruir con fuerza sus posiciones en tecnología, convencidos de la continuidad del ‘boom’ de la IA, cuando el debate ha dado un giro inesperado hacia la seguridad y la posibilidad de poner límites al ritmo de avance.
Según los datos del servicico de brokerage prime de Goldman Sachs, los hedge funds compraron acciones estadounidenses de tecnología, medios y telecomunicaciones (TMT) en 10 de las últimas 11 sesiones, mientras que el ritmo de compras de posiciones largas durante las dos últimas semanas alcanzó su nivel más elevado desde junio de 2025 y se situó en el percentil 97 de los últimos cinco años.
«La apuesta por la IA comenzó la nueva semana con más peso y considerablemente menos margen de error», advierte Stephen Innes, estratega de SPI Asset Management. Y es que los inversores habían incrementado especialmente su exposición a semiconductores y fabricantes de equipos para chips, precisamente algunos de los negocios más directamente vinculados a las enormes necesidades de capacidad de computación que exige el desarrollo de la inteligencia artificial.
El problema lo resume Lee Coppersmith, operador de Goldman Sachs, cuya reflexión recoge Innes: «El fin de semana eleva el riesgo a corto plazo en torno a la IA exactamente en el peor momento para unas posiciones largas en tecnología recién reconstruidas».
DE CRECER SIN FRENO A PISAR EL FRENO
Hasta ahora, buena parte de la tesis de inversión alrededor de la IA descansaba sobre la expectativa de un avance tecnológico extraordinariamente rápido y, con él, de enormes inversiones en chips, capacidad de computación, centros de datos, infraestructuras y energía.
Pero este fin de semana ha aparecido un riesgo que puede alterar esas previsiones: que sean las propias compañías que lideran la carrera de la inteligencia artificial las que decidan moderar voluntariamente la velocidad de desarrollo por razones de seguridad.
El consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, ha pedido una ralentización coordinada del desarrollo de los modelos de frontera y la implantación de mayores salvaguardas. Sam Altman, máximo responsable de OpenAI, y Elon Musk han respaldado la necesidad de rebajar el ritmo.
Altman ha concretado qué significa ese planteamiento. OpenAI, afirma, está a favor de establecer requisitos de seguridad consistentes para los laboratorios que desarrollan los modelos más avanzados y considera positiva la participación de evaluadores independientes. Pero también ha querido dejar claro que ralentizar no significa detener el progreso.
«El escenario de inversión está cambiando» y la narrativa evoluciona hacia una historia de IA más compleja
La preocupación está relacionada, entre otras cuestiones, con la posibilidad de que los sistemas alcancen mayores capacidades para contribuir al desarrollo de las siguientes generaciones de IA, lo que podría acelerar todavía más su evolución y dificultar su control.
Y este cambio de discurso tiene consecuencias para el mercado. Neil Wilson, estratega de Saxo UK, advierte de que los analistas tendrán ahora que evaluar qué impacto tendría sobre los beneficios y las valoraciones una ralentización significativa y coordinada del desarrollo de la IA.
Wilson considera que hasta ahora las hipótesis sobre las que descansaba la inversión asumían unas tasas de crecimiento extraordinariamente rápidas, que podían frenarse fundamentalmente por limitaciones de capacidad informática, energía o demanda. Ahora se incorpora una variable diferente: la decisión consciente de restringir el ritmo al que avanzan las capacidades de los modelos.
«Se requiere un análisis más existencial», afirma el estratega, quien considera que las preocupaciones sobre seguridad y su posible traducción en una ralentización del desarrollo y del gasto están provocando que «el escenario de inversión esté cambiando» y que la narrativa evolucione hacia una historia de IA más compleja.
La reacción del mercado este lunes reflejó esas dudas. Los valores relacionados con la inteligencia artificial sufrieron fuertes caídas, desde SoftBank en Asia hasta fabricantes europeos de semiconductores y equipos como ASML, Infineon o STMicroelectronics. La presión se extendió además a compañías vinculadas a las infraestructuras y la energía necesarias para sostener el despliegue de la IA.
¿ESTÁN BIEN PROTEGIDOS LOS INVERSORES?
La posición en la que el mercado ha recibido este nuevo riesgo resulta todavía más llamativa al analizar cómo se habían protegido los hedge funds.
Los datos de Goldman muestran que los gestores no estaban apostando indiscriminadamente por una subida generalizada del mercado. Mientras compraban acciones tecnológicas concretas, habían aumentado sus posiciones cortas sobre índices y ETF, tratando así de protegerse frente a riesgos macroeconómicos como unos tipos de interés más altos, el encarecimiento del petróleo o un deterioro del ciclo.
Las ventas en productos macro alcanzaron su mayor volumen en dólares desde la semana del denominado ‘Liberation Day’, mientras que las posiciones cortas en ETF cotizados en EEUU aumentaron un 7,2% en una semana, el mayor incremento de los últimos seis meses.
El problema, según Innes, es que esa cobertura puede no funcionar igual de bien si el golpe procede de la propia tecnología. Una posición corta sobre un índice puede amortiguar una caída general del mercado, pero resulta menos eficaz si son específicamente la regulación, los problemas de seguridad o una ralentización de la IA los que golpean las posiciones tecnológicas más concurridas.
Hay otro elemento que aumenta la vulnerabilidad. La volatilidad implícita a un mes de la acción media del Nasdaq 100 había descendido aproximadamente desde 57 hasta 40, mientras que las medidas de protección frente a movimientos extremos también se encontraban en niveles inusualmente reducidos. En otras palabras, los inversores habían reconstruido sus posiciones tecnológicas sin encarecer significativamente la protección frente a una caída de esos mismos valores.
La cuestión ahora no es necesariamente que la gran apuesta por la inteligencia artificial haya terminado. Innes subraya que siguen existiendo argumentos fundamentales que la respaldan, desde la demanda de servicios en la nube hasta las perspectivas de los semiconductores y el gasto tecnológico empresarial.
Lo que ha cambiado es el riesgo que debe descontar el mercado. Hasta hace unos días, los inversores se preguntaban hasta dónde podían llegar las inversiones necesarias para alimentar una IA que avanzaba a toda velocidad. Ahora deben plantearse también qué ocurre con esas inversiones, los beneficios esperados y las valoraciones bursátiles si quienes están construyendo esa tecnología deciden que ha llegado el momento de levantar el pie del acelerador.














