En el viejo mundo, Canadá era casi un apéndice económico y geopolítico de Estados Unidos. En el nuevo mundo, quiere ser un socio preferencial de la Unión Europea: casi un miembro más de los Veintisiete, aunque sin formalizar ese estatus por razones obvias. Desde hace algunos meses su primer ministro, el liberal Mark Carney, explora una suerte de encaje canadiense en Europa como una de las vías para reducir su interdependencia con Washington. Una respuesta a las agresivas políticas de Donald Trump, que no solo ha impuesto onerosos aranceles a Ottawa, sino que ha amenazado incluso con absorber el país. “No estamos tratando de convertirnos en un miembro de la Unión Europea”, dijo Carney el domingo. “Lo que buscamos —y empezamos a negociar— es una alianza única con la UE. Compartimos los mismos valores, tenemos las mismas prioridades y contamos con fortalezas muy complementarias”.
Se espera que Carney presente públicamente sus argumentos este jueves ante el Parlamento Europeo, un día después de que la presidenta de la Comision, Ursula von der Leyen, pronuncie allí mismo su discurso del Estado de la Unión. Pero las conversaciones arrecian desde hace meses. Muchas de ellas encabezadas con el propio Carney, que fue gobernador del Banco Central de Inglaterra y tiene estrechas relaciones con muchos líderes del continente. Según publicó ayer ’The Wall Street Journal’, Carney habría propuesto incluso convertir a Canadá en un “miembro asociado” de la UE. Una figura jurídica que no existe actualmente, pero que, según el diario neoyorkino, Bruselas está abierta a considerar.
La nueva relación que se negocia incluye múltiples ámbitos de interés común. Desde el comercio digital, hasta los minerales críticos, la educación o la seguridad en el Ártico. Según la misma fuente, ambas partes estarían tratando de buscar un encaje informal para Canadá en el mercado común europeo, con la intención de que bienes, servicios y trabajadores puedan circular sin trabas en ambas direcciones. Todo ello con la aspiración de alcanzar un nivel de integración similar al que existe con Noruega o Suiza.
«Algo muy nuevo y muy único»
Algunos como el europarlamentario español, Javier Moreno, que preside el grupo de contacto con Canadá, han pedido incluso una integración de Canadá en el mercado común “superior” a la de Suiza. También se ha hablado de que los canadienses puedan vivir y trabajar en los países de la UE sin necesidad de visado. O que los estudiantes de un lado y otro puedan estudiar en cualquiera de las dos orillas del Atlántico. “No solo estamos trabajando en un nuevo marco de asociación, sino en algo muy nuevo y de algún modo único”, ha dicho la embajadora de la UE en Canadá, Geneviève Tuts.
Aparentemente la relación que se dibuja podría ser muy beneficiosa para ambos. Particularmente en el momento histórico actual, descrito con una enorme clarividencia por Carney durante su aclamada comparecencia en Davos el pasado mes de enero. “No estamos experimentando una transición, sino una ruptura” del orden internacional, dijo entonces el canadiense. En ese nuevo mundo, la Unión Europea no acaba de encontrar su espacio, asediada por Rusia, despreciada por Trump e insegura en su relación con China. Canadá lo está buscando, tanto con este pretendido acercamiento a Europa como con el fortalecimiento de sus lazos comerciales con China.
Posibles obstáculos
Pero los expertos señalan que el nuevo ‘matrimonio’ será complejo de fraguar. Un ejemplo basta para ilustrarlo. El acuerdo de libre comercio firmado entre ambos socios en 2016, solo ha entrado en vigor parcialmente, dado que una decena de Estados europeos todavía no lo ha ratificado. También está por ver como serán recibidos los planes de Carney en su país, si bien el primer ministro mentiene una elevada popularidad en las encuestas y cerca del 75% de los canadienses respalda su decisión de hacerse fuerte frente a Trump,. Su Gobierno impuso la semana pasada aranceles del 50% a EEUU, el mismo porcentaje que la Casa Blanca le había impuesto previamente.
Tras airearse el domingo las pretensiones de Carney respecto a la UE, el líder de la oposición, el conservador Pierre Poilievre, acusó al primer ministro de vivir alejado de la realidad. «Nunca seremos el 51º Estado de EEUU, pero tampoco seremos el 28º Estado de la UE», escribió Poilievre en las redes sociales.
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