La adolescencia suele llegar acompañada de una sensación de desconcierto en casa. Cambia la forma de hablar, aparecen nuevas amistades, se cuestionan normas que hasta entonces parecían incuestionables y aquello que los padres pueden interpretar como provocación puede tener, en realidad, otra explicación.
Para Lucía Galán, conocida como Lucía, mi pediatra (Oviedo, 1978), con más de 20 años de experiencia y una de las divulgadoras de salud infantil y adolescente más reconocidas de España, buena parte de ese conflicto nace de una mirada adulta que todavía entiende la adolescencia desde conceptos como la “edad del pavo” o la rebeldía. Su nuevo libro, Adolescencia (Planeta, 2026), parte precisamente de la necesidad de cambiar esta mirada.
“Lo que muchos padres llaman rebeldía es en realidad una búsqueda de identidad”, asegura la doctora Galán a este periódico. Durante estos años, explica, los adolescentes construyen su identidad ideológica, sexual, física, afectiva, emocional y social; y lo hacen a través de un proceso de ensayo y error. “Prueban, se suman a todos los movimientos urbanos que aparecen, experimentan… Es un proceso natural de desarrollo”, señala.
La temida «edad del pavo» y un cerebro que todavía está cambiando
Para la pediatra, la expresión “edad del pavo” también tiene mucho que ver con “el desconocimiento de lo que realmente ocurre en el cerebro de un adolescente”. La adolescencia puede comenzar entre los 10, 11 o 12 años y ese cerebro continúa transformándose hasta los 25, “con un periodo especialmente intenso entre los 13 y 16”.
“Sobreproteger a nuestros hijos es desprotegerles frente a la vida adulta y la vida futura”
Ese proceso explica, según la doctora, por qué los adolescentes ponen a prueba normas que durante la infancia parecían incuestionables. “Necesitan explorar, comprobar los límites y asumir también las consecuencias de sus decisiones”. El verdadero reto de los padres “es saber poner esas señales de tráfico en la carretera”, resume.
Precisamente, en la búsqueda de este equilibrio aparece uno de los grandes dilemas: saber cuánto proteger y cuándo empezar a soltar. Galán es clara: “Sobreproteger a nuestros hijos es desprotegerles frente a la vida adulta y la vida futura”. A su juicio, los padres deben asumir que llegará un momento en el que sus hijos tomarán decisiones sin ellos delante. Educar en la adolescencia no consiste en conseguir que obedezcan siempre, sino en prepararles para que sepan elegir cuando estén solos.
La doctora aborda, desde el optimismo, ese momento vital intenso, contradictorio y vulnerable / Javier Ocaña
Estas son las «señales de alarma» que identifica como problemas que los padres no deben pasar por alto
Cambiar la forma de entender esta etapa no significa, sin embargo, restar importancia a los problemas que pueden aparecer. De hecho, uno de los asuntos que más preocupa a Galán es que determinados síntomas se atribuyan automáticamente a la adolescencia y pasen desapercibidos, sobre todo en lo que respecta a problemas de salud mental.
En su experiencia en consulta, hay señales que deben hacer saltar las alarmas:
- Aislamiento
- Apatía
- Pérdida de motivación
- Una caída importante del rendimiento escolar
- Autolesiones
- Cambios llamativos en la alimentación
La detección temprana es especialmente importante. Galán explica que, según recoge el último informe de UNICEF, has uno de cada cinco adolescentes tienen un trastorno mental diagnosticado, como depresión o ansiedad. Por ello, “es importante saber cómo identificar esas señales de alerta. Cuando se diagnostica precozmente cualquiera de estos trastornos mentales es más fácil el abordaje y tiene un mejor pronóstico en la calidad de vida de esa persona”, explica.
“La adolescencia no es una guerra que hay que ganar. Es una metamorfosis en la que hay que acompañarlos”
El acceso a los móviles y redes sociales
Otro de los grandes retos que afrontan hoy las familias está en el acceso a los móviles y las redes sociales. Galán distingue entre tener un teléfono y tener acceso a las redes y considera que, por lo general, “antes de los 14 años yo considero que un móvil no es necesario”, aunque insiste en que cada situación debe individualizarse. En el caso de las redes sociales, su postura es todavía más contundente: “antes de los 16 son tremendamente dañinas”, especialmente en una etapa en la que la autoestima todavía se está construyendo. La pediatra advierte además del peso que tienen los algoritmos y de cómo la exposición continuada a determinados contenidos puede reforzar ideas o inseguridades, especialmente en torno a la imagen corporal.
Y para acercarse a un adolescente que está sufriendo, recomienda no convertir la conversación en un interrogatorio, sostiene que “el momento también importa”. Una charla mientras se pasea, se hace la compra o durante un trayecto en coche puede resultar más sencilla que una conversación frontal. Su consejo se resume en una frase: “En estas etapas se trata justamente de abrir puertas, no de construir muros”.
La relación además no se construye únicamente cuando hay un problema. “Hay que trabajar el vínculo”, explica. Estar disponibles, escuchar sin juzgar y mantener límites desde el respeto son, para ella, las bases para que un adolescente pueda acudir a sus padres cuando realmente los necesite.
Por eso, frente a la idea de que la adolescencia es una batalla que los padres deben ganar, la doctora Galán plantea otra manera de entenderla: “La adolescencia no es una guerra que hay que ganar. Es una metamorfosis en la que hay que acompañarlos”.
Un acompañamiento que también obliga a los adultos a mirarse a sí mismos. La pediatra reconoce que escribir este libro le ha servido para revisar su propia maternidad y reconciliarse con sus errores. “No existe la maternidad perfecta ni los hijos perfectos”, asegura. Para ella, tanto la adolescencia como la crianza se construyen, también, a través del ensayo y error.













