Aunque para muchos Galicia siempre ha pasado de puntillas por el debate de la energía nuclear, en parte porque siempre le quedó lejos ya que la central más cercana está a más de 500 kilómetros (Almaraz en Cáceres y, en su día, Garoña en Burgos), lo cierto es que la comunidad también estuvo en el epicentro de la polémica en varias ocasiones. Y la más significativa fue justo hace 50 años, cuando a estas alturas de septiembre del año 1976 empezaba a cocinarse una de las mayores movilizaciones sociales de la historia reciente de la comunidad: el Xove Nuclear Non!
La razón hay que buscarla en el Boletín Oficial del Estado (BOE) del 23 de agosto de 1976. En él se publicaba la autorización para que la asociación formada por Fenosa, Hidroeléctrica del Cantábrico y Electra de Viesgo levantase una central nuclear de 1.000 MW de potencia, con reactor de agua ligera, en la costa de Xove (Lugo). En España ya funcionaban en aquel momento Zorita (Guadalajara), Vandellós I (Tarragona) y Garoña (Burgos), hoy desmanteladas, pero el Gobierno programaba una serie de centrales para sumarse a la carrera energética nuclear que lideraban Francia y Alemania.
La Dirección General de la Energía, que llevaba preparando el proyecto desde 1973, había elegido para la central gallega la ensenada de Regodela, un lugar de acantilados y playas de A Mariña lucense con alguna aldea cercana y que tenía a escasos kilómetros otro enorme proyecto industrial: la fábrica de Alúmina-Aluminio, hoy Alcoa, de San Cibrao. De hecho, siempre se argumentó que ambos proyectos iban de la mano, ya que como electrointensiva que es, la planta de Alcoa consume el 2% de la energía de España, casi tanta como toda Galicia junta. La operación industrial parecía redonda, pero solo salió a medias. Aluminio sí; nuclear no.
Zona de la costa de Xove donde se iba a levantar la nuclear / Cedida
«En la zona de Vilachá ya estaban los terrenos marcados con estacas», recuerdan los vecinos
La central nuclear de Galicia llegó a ser algo más que un papel. «En la zona de Vilachá se podían ver los terrenos que iba a ocupar marcados con una especie de estacas», recuerdan los vecinos de la zona. La autorización hablaba de un reactor de 1.000 megavatios, pero en su momento se apuntó a que se barajó para Xove un macrocomplejo nuclear de hasta cuatro reactores y unos 3.600 MW, algo que nunca llegó a tener soporte oficial.
Independientemente de la dimensión, la oposición social a la nuclear fue elevada en una comarca que vivía del mar y el campo y cuya tradición industrial se limitaba a la transformación de pescado, la cerámica o los aserraderos.
El movimiento social contra la central fue muy amplio y liderado casi siempre por las Comisións Labregas y el nacionalismo gallego. Nombres como Pencha Santasmarinas o África Leira, trabajadoras de Extensión Agraria en el vecino concello de Viveiro, están ligados para siempre a las movilizaciones contra la nuclear, igual que los de Milucho, Antonio Pernas, Ramón Muñiz o Moncho Valcárce, el ‘cura das Encrobas’. La Asociación Cultural Sementeira de Viveiro dio los primeros pasos y Comisións Labregas se encargó de la maquinaria para las gran movilización de 1977, que se replicó en 1979 impulsada por la Asemblea Nacional-Popular Galega (AN-PG). Todavía se recuerdan hoy como las mayores movilizaciones de Galicia hasta el Prestige, con cifras en el entorno de 10.000 manifestantes en una comarca de apenas 60.000.

Uno de los vecinos de Xove en la marcha antinuclear del año 1979 / ECG
La movilización social frenó la central y la Administración la enterró definitivamente
Mientras a pocos kilómetros de allí avanzaba la construcción y puesta en marcha de la fábrica de Alúmina-Aluminio, en Xove la fuerte movilización vecinal y ecologista luchaba contra la central nuclear. Eran tiempos donde la nuclear tenía muy mala prensa, por accidentes en algunas centrales y por la indignación con la gestión de los residuos, que la Europa más avanzada lanzaba en bidones al Atlántico, a una fosa frente a Galicia. Aquella indignación se tradujo en la aventura del Xurelo, el pesquero de Ribeira cargado de gallegos que en 1981 se adentró en el océano para denunciar el basurero radioactivo. Pero esa es otra historia…
Poco antes en el tiermpo, en tierra firme, la presión antinuclear fue tal que tras las elecciones municipales de 1979 el Concello de Xove denegó a Fenosa la licencia municipal de obras, lo que supuso la paralización del proyecto.
En ese momento, España ya había aparcado su gran programa nuclear diseñado en los años 70 porque contaba con energía suficiente para su desarrollo e incluso la Xunta de Galicia consideraba innecesaria la central, cuyo finiquito llegó con el Plan Energético Nacional 1983-1992, aprobado por el Gobierno de Felipe González en 1984. Ese plan redujo drásticamente el programa nuclear español y desestimó Regodela como emplazamiento de una planta nuclear. Junto a la central de Xove se desestimaron proyectos nucleares como Sayago, Vandellós III, Trillo II, Valdecaballeros y Lemóniz, muchas de ellas en fases de tramitación más avanzadas que la gallega.
De la central de Xove quedan hoy, 50 años después, recuerdos y anécdotas a partes iguales, algunos documentales, la satisfacción del triunfo popular y la pena de aquellos que la defendían porque creían que atraería empresas a la zona, el sueño esfumado de 2.000 empleos que nunca llegarían a ser, algunos millones de pesetas en los bolsillos de aquellos vecinos que vendieron terrenos para su construcción… Y quién sabe si alguna que otra estaca de señalización enterrada entre la maleza y los eucaliptos que hoy invaden los terrenos de Regodela.











