A Nerea Pérez de las Heras (Madrid, 1982) una hélice le cambió el cuerpo, pero no la voz. En julio de 2023, durante unas vacaciones en Baleares, un accidente de barco terminó con la amputación de su pierna derecha. Desde entonces, ha tenido que aprender otras formas de andar, doler y mirar. También de contarlo. Periodista y comunicadora afiladísima, lleva años metiendo el dedo en las costuras de lo cotidiano: el machismo, la política, el poder, la precariedad. Tiene ese don, poco frecuente, de hacer comprensible lo complejo sin rebajarlo. Trabaja así: pregunta, rasca, ordena y, cuando parece que ya está, ojo, vuelve a rascar. En Fantasma (Alfaguara), hace exactamente esto con su propia historia. Lo ha escrito con una claridad soberbia, llena de matices. No adoctrina ni da lecciones. Hace algo bastante más difícil: ilumina. Es un libro sobre un cuerpo que cambia y sobre lo que queda al descubierto cuando lo hace: la dependencia, el dinero, la sanidad pública, el cuidado… y esa extraña obligación de parecer invencible.
P. ¿Ha pasado un duelo por la persona que era antes de perder la pierna?
R. Sí. Y, cuando crees que ya ha terminado, sucede algo que te devuelve a él. Es constante, un proceso que se queda contigo. Además, mi umbral del dolor sube a diario. Pero, bueno, esta sensación se está incorporando poco a poco a mi cuerpo. He hablado con diferentes personas amputadas y el camino es distinto para cada una. Hay experiencias de todo tipo.
P. ¿Le costó volver al accidente para escribirlo?
R. A veces, sí. Y, de hecho, en algunas partes del libro se nota. Ha habido un coste emocional durante el proceso de escritura. Hay capítulos que me han costado especialmente. Ahora bien, todo está muy calculado para que lo testimonial no se coma lo ensayístico. He quitado cosas que no ayudaban a la narración, limpiando de emocionalidad innecesaria ciertos pasajes.
P. ¿Se puso alguna línea roja?
R. Miles. Pero, sobre todo, no he querido exponer a las personas que han vivido conmigo el proceso. Por el momento, no he recibido ninguna queja al respecto. He sido cuidadosa con mi gente.
P. ¿Se ha encontrado con personas que han intentado convertirla en una heroína?
R. Sí. Es su forma de minimizar sus problemas. Hay quien dice que tener discapacidad es lo peor que puede pasarte en la vida. Y parece que lo único que te queda es la eutanasia. Pero yo me he encontrado una realidad bien distinta. Han llegado a decirme cosas como: “Hay días en los que no me apetece salir de la cama y, al verte en Instagram, siempre tan predispuesta, siento que yo también puedo”. Amor, a lo mejor no. Yo tengo mogollón de razones para seguir adelante. Mi pareja es maravillosa y me encanta mi trabajo. Disfruto de mi familia. Y, oye, aunque tengo una pierna ortopédica, puede que tenga más motivos que otros para levantarme.
P. ¿El dolor desaparece alguna vez?
R. Es intermitente. Algo difícil de comprender en los tribunales. Ha habido días en los que me he hecho una rozadura y he necesitado una silla de ruedas. Y otros en los que me he puesto un pantalón largo y nadie me ha preguntado al respecto. El ánimo también influye. Incluso el clima. Es curioso que, cuando te evalúan, su línea entre capacidad y discapacidad es súper nítida. Sin embargo, suele ser bastante porosa.
P. ¿Esperamos demasiado de las personas con discapacidad? Como si, además de sobrevivir, ojo, tuvieran que darnos una lección.
R. Existe demasiada literatura de superación. Me revuelve políticamente porque es individualista y no reparada en que las vidas discapacitadas están condicionadas por su entorno. Este tipo de historias ensombrecen que los problemas son estructurales, burocráticos, urbanísticos…
‘Fantasma’ es el último libro de Nerea Pérez de las Heras. / ALBA VIGARAY
P. Es también una cuestión de clase.
R. Claramente. La vida de una persona con discapacidad es muy cara. A lo que tienes que sumar una grandísima incertidumbre: nunca sabes hasta cuándo vas a estar bien. Todo está atravesado por el dinero. Es lo que va a determinar si puedes ir a un fisioterapeuta o un psicólogo. Las disciplinas que mantienen nuestra calidad de vida son las más difíciles de acceder. La brecha económica es bestial.
P. ¿Qué relación tiene hoy con su cuerpo?
R. Buenísima, de admiración total. El feminismo me ha ayudado a llevarme bien con mi cuerpo. Lo miro siempre con gusto. Me parece un vehículo de placer. Aunque, según ciertos cánones, pueda parecer monstruoso, para mí es una maquinita fabulosa. No obstante, hay miradas que te hacen reflexionar. Sobre todo, la de los niños. Ellos no tienen filtros a la hora de taparse los ojos y salir corriendo. A mí, particularmente, me hace gracia, pero entiendo que haya personas a las que no.
P. ¿Qué papel puede jugar el feminismo en el campo de la dependencia?
R. A mí, me ha ayudado mucho El cuerpo deseado, el libro de Andrea García-Santesmases. En él reflexiona sobre cómo el feminismo se ha centrado en poder, hacer, llegar… Pero ¿qué pasa con quienes no podemos, no hacemos y no llegamos? Lo que más me gusta de este movimiento es su capacidad de interseccionar. No quiero un feminismo cerrado, sino antirracista, ecologista, anticapacitista… Debe ser una torre de control para repensar la vida.
P. Durante su proceso de recuperación recurrió puntualmente a la sanidad privada. ¿Cómo se defiende la pública cuando usted misma ha tenido que buscar un atajo dentro del sistema?
R. Es como la diferencia entre tener un techo y alquilar una casa para las vacaciones de verano. Lo primero es un derecho, lo segundo no. Tiré de la sanidad privada porque tenía la opción de elegir, pero no todo el mundo puede hacerlo. No hay que confundir derechos con negocios. Si no eres rentable para la privada, te echan. Para ellos, eres un cliente más. Me lo pensé mucho. Ojalá las listas de espera para la cirugía plástica fueran otras.
P. ¿Salió de aquella experiencia más agradecida con la sanidad pública o más enfadada por sus carencias?
R. Me cabrean muchísimo todas las carencias que tienen los servicios públicos, pero es un enfado movilizador. Yo ya venía de unos padres dependientes, por lo que me la conocía al dedillo. Sin embargo, fui más consciente de ciertos contextos gracias a las enfermeras. Ellas también sufren la crisis habitacional de Mallorca. Muchas compartían piso. Y otras huían de la precariedad que atraviesa el Sistema Andaluz de Salud. De repente, me encontré con una trastienda donde el problema de la sanidad pública también era el de la vivienda.
P. En Madrid, los centros de atención primaria están cerrados los fines de semana. Y las citas para ciertas especialidades son a cuatro meses vista. ¿Nos están obligando a tener un seguro privado?
R. Tenemos que acabar con la idea de que, por 60 euros al mes, la gente no va a tener lo mismo que en la Seguridad Social. Y si, además, tienes una enfermedad crónica, dejas de ser un paciente rentable y te echan. En la Comunidad de Madrid se han manipulado las listas de espera y se ha mercadeado con personas. Eso es la sanidad privada. A mí, me parece bien que exista, pero debe correr en paralelo a la pública. Hay que seguir luchando para que sea un derecho de todos.

Nerea Pérez de las Heras es una de las voces más populares de España gracias al pódcast ‘Saldremos mejores’. / ALBA VIGARAY
P. En el libro subraya el papel que ha jugado su entorno más cercano. ¿Le costó dejarse cuidar?
R. Me han dicho que soy buena enferma. No obstante, he intentado aligerar su carga guardándome ciertas cosas y no dejándome caer. Es un planteamiento pernicioso porque yo siempre he reivindicado la interdependencia. Me he dejado cuidar porque no tenía más remedio. Ana, mi mujer, por ejemplo, me ha bajado la silla de ruedas a diario para que pudiera ir a trabajar. E Inés, mi amiga, ha venido a recogerme otras tantas veces. Los procesos íntimos de dependencia está condicionados por el sostén que tengamos fuera, pero estos no pueden depender únicamente de tus seres queridos. La sociedad al complejo juega un papel fundamental.
P. A lo largo de las páginas hace una conexión entre el accidente, Baleares, el turismo, la vivienda y la pulsión aspiracional de las clases medias. ¿Se llegó a considerar parte del problema?
R. Sí. Poner un pie en un país de los que llamamos desarrollados ya supone un problema para alguien. Dicho esto, ¿te vas a fustigar por ello? Tenemos que ser conscientes de que vivimos en Disneylandia. No todo el mundo tiene la suerte de nacer en Madrid, Valencia o Barcelona. Entonces, qué hacemos: ¿unos tienen más derechos que otros?
P. Muchos se lo están preguntando ahora mismo a raíz de la crisis humanitaria en Ceuta.
R. En la frontera de Ceuta se han superpuesto la tragedia absoluta y el estado de bienestar. Y, de repente, la gente se ha encontrado un campo de refugiados improvisado. Últimamente, parece que sólo hay ultras allí. Pero sé que hay mucha gente comprometida con los derechos humanos y a la que se le parte el alma ver chavales de 14 años tirados en la playa. Es cierto que, quizá, antes no los tenían en sus calles, pero sí unos kilómetros más allá.
P. La diferencia entre haber nacido en Ceuta y Castillejos son cuatro kilómetros.
R. Es una lotería. En los últimos días he alucinado con el contenido que me he encontrado en las redes: “Cosas que no puedo hacer en Ceuta desde la invasión”. Pero, tía, que hay gente que no tiene agua potable. Han muerto 200 personas y tú estás preocupada por no poder tomarte un helado. Alucinante.
P. ¿Ha cambiado políticamente tras el accidente?
R. Para nada. Mi discurso es el mismo, pero ahora la gente me hace más caso porque tengo una pierna de hierro que llama la atención.
P. ¿Qué significa reconstruirse en una situación así?
R. No creo que exista un estado neutro al que volver. He aprendido a metabolizar las cosas que me han pasado. Algunas son visibles, pero otras no. La idea de reconstruirme me parece cercana a los discursos de mejora personal. Y eso genera una frustración brutal. Estamos llenos de mezquindades y contradicciones. Así que lo mejor es aprender a vivir con ello. Tenemos que dejar de mirarnos el ombligo. Nos sentaría de puta madre.

‘Fantasma’
Nerea Pérez de las Heras
Alfaguara
245 páginas | 18,90 euros
Fuente: El Periódico de España











