Anne Carson fue a ver a Rosalía a Chicago y acabó agotada. Exhausta. «Tengo resaca de Rosalía», escribe ahora la poeta canadiense en un exquisito ensayo en ‘London Review of Books’ escuetamente titulado ‘On Rosalía’ (Sobre Rosalía). En él, la eterna candidata al Nobel y especialista en culturas clásicas rememora el paso de la catalana por el United Center de la ciudad estadounidense el pasado 20 de junio y analiza con aliento poético cómo se relaciona una estrella pop con sus seguidores. Y viceversa.
«La adoración total se derrama desde las butacas. Se podría acariciar como a un animal que se pavonea una y otra vez en el estadio», constata Carson. A su alrededor, los fans rugen. Jalean. Salen como eyectados de sus butacas y ya no se vuelven a sentar. «Durante las dos horas que duró el concierto, cada una de estas personas (excepto C. y yo) se levantó de su asiento y gritó sin parar. Jamás había oído un sonido igual», apunta.
Sobre el duende de Rosalía, pocas dudas. «Su voz es una maravilla. Es bien sabido que el flamenco exige madurez en la voz; la suya, aún con un brillo juvenil, podría pasar de maravillosa a milagrosa en pocos años. Se eleva por encima del atronador sonido como una flecha de plata lanzada al espacio, y ellos gritan, y se eleva, y gritan, y se eleva». Su voz, insiste, «cae como una flecha». «Encuentra el verdadero calor en ti. O el verdadero frío. O lo verdaderamente real… ¿así es como lo llamamos? ¿Qué es cantar, después de todo? ¿Por qué nos atraviesa?», reflexiona Carson.
Acostumbrada a lidiar con lenguas muertas y libros escritos hace más de 2.500 años, Carson no sería la primera persona en la que uno piensa cuando se trata de cultura pop, idolatría extrema en la era de TikTok y fenómeno fan de dimensiones colosales, pero su diagnóstico no puede ser más certero. «¿La envidio? Claro que sí. A sus 33 años, es la personificación del glamour y la fuerza femenina. Sabe cómo hacer pucheros, posar y parodiar su propia seducción: este es el nuevo feminismo. Me fascina. A diferencia de Björk, que se desvincula de la feminidad al transformarse en otras especies, Rosalía profundiza en la esencia misma de lo femenino, ahondando en ella, más allá de las mutilaciones del flamenco, hasta un lugar de poder donde se siente renovada», relata la autora de ‘La belleza del marido’.
Carson, era de esperar, expresa sus dudas con las letras de algunas canciones, que le llegan traducidas a través de la pantalla —»gran parte del tiempo parece estar procesando metáforas radicales con el traductor de Google», desliza— y se muestra un tanto inquieta con «la mezcla de la estructura de la canción pop y la emoción mística tradicional», pero al final lo que queda es el huracán Rosalía. La «opulencia emocional» en alta definición y con notable aparato tecnológico. «Nadie puede sobrevivir a tanta admiración, pero somos nosotros quienes nos agotamos como esponjas al verla, con el corazón latiendo con fuerza, ligeramente temerosos de lo que vendrá después», dice.
Bien por Rosalía, sin duda, aunque lo del público, lamenta Carson, ya es otra cosa. «No encuentro consuelo en esta gente», advierte. «A veces, al ver una gran actuación, el público desarrolla una camaradería, una sensación de estar todos juntos remando sobre las olas de este genio. Aquí no hay tal sentimiento. Aquí cada persona está singularmente enamorada de Rosalía y ocupada imaginando su vida con ella, sus salvaciones privadas», sentencia.
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