La facción Reforma Democrática de Fatah (FDR), liderada por Mohammad Dahlan, intenta abrirse espacio en el futuro político palestino con una apuesta pragmática: buscar un acuerdo de paz con Israel y, al mismo tiempo, asumir que Hamás seguirá siendo una fuerza relevante dentro de la sociedad palestina.
La estrategia parte de una misma premisa para ambos frentes. Ni Israel ni Hamás desaparecerán, por lo que cualquier proyecto político viable deberá encontrar fórmulas para convivir con adversarios cuyas posiciones pueden ser profundamente incompatibles.
Dimitri Diliani, exmiembro del Consejo Revolucionario de Fatah y portavoz de la FDR, sostiene que los palestinos deben tratar a Israel como un Estado con el que corresponde alcanzar la paz conforme al derecho internacional, independientemente de cómo definan su sistema político.
“Nuestra facción ve al Estado de Israel como un Estado con el que debemos hacer las paces conforme al derecho internacional. No caracterizamos su naturaleza. No es asunto nuestro”, afirmó.
Diliani plantea un criterio similar frente a Hamás. A su juicio, excluir al movimiento islamista de cualquier diseño político palestino parte de una premisa irreal, porque su presencia y su ideología seguirán existiendo incluso si deja de gobernar Gaza.
“Hamás existe. Hamás no fue eliminado y Hamás no será eliminado por la fuerza”, sostuvo.
Dahlan busca dejar atrás años de enfrentamiento con Hamás
Ese enfoque explica el acercamiento de Dahlan a un movimiento contra el que combatió durante años. Como primer jefe del Servicio de Seguridad Preventiva de la Autoridad Palestina en Gaza, Dahlan fue uno de los principales rivales de Hamás antes de que el grupo expulsara por la fuerza a las fuerzas vinculadas a Fatah y tomara el control de la Franja en 2007.
La ruptura posterior de Dahlan con Mahmoud Abbas añadió otro frente a su trayectoria política. La Autoridad Palestina lo acusó de conspirar contra Abbas y de malversar fondos públicos, entre otros delitos. Dahlan ha negado esas acusaciones y permanece enfrentado con la actual dirección de Fatah.
Pese a ese historial, Dahlan se reunió recientemente con dirigentes de Hamás en El Cairo y ha defendido una reconciliación palestina que deje atrás las disputas internas.
“La pregunta más importante ya no es quién tenía razón y quién no”, escribió. “¿Cómo protegemos a nuestro pueblo y nuestra causa, salvamos a nuestro pueblo en Gaza y protegemos a nuestro pueblo y nuestra tierra en Judea y Samaria y Jerusalén? ¿Qué tipo de sistema político queremos establecer para las futuras generaciones?”.
La propuesta cobra especial relevancia ante la perspectiva de nuevas elecciones palestinas. Hamás ha expresado su intención de participar en las elecciones al Consejo Legislativo Palestino, aunque las condiciones para hacerlo plantean obstáculos políticos y jurídicos. Entre ellas figura el reconocimiento de la Organización para la Liberación de Palestina como único representante legítimo del pueblo palestino, algo que Hamás no acepta.
Una eventual cooperación con la FDR podría ofrecer una vía para integrar a sectores próximos a Hamás en el proceso político sin que el movimiento participe necesariamente con su propia estructura. Sin embargo, esa posibilidad no resuelve las diferencias fundamentales entre ambos.
Las armas siguen marcando una diferencia fundamental
La cuestión central sigue siendo el papel de las armas. Hamás mantiene una tradición de lucha armada y rechaza reconocer a Israel, mientras sectores de la FDR respaldan públicamente una solución de dos Estados basada en las líneas de 1967.
Dahlan ha defendido que ninguna facción debe situar sus armas por encima de la voluntad popular. La disputa tiene antecedentes recientes: desde la ruptura entre Fatah y Hamás en 2007, las tensiones entre las organizaciones palestinas han desembocado periódicamente en enfrentamientos, incluidos choques entre fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina y terroristas de Hamás y la Yihad Islámica Palestina en Jenin.
Diliani considera que la resistencia armada está perdiendo atractivo y sostiene que, aunque reconoce el derecho de los palestinos a resistir la ocupación, recurrir a la violencia resulta estratégicamente contraproducente frente a la superioridad militar israelí.
“Si voy a competir con Mike Tyson, no voy a elegir el ring de boxeo”, explicó. “Me enfrentaría a él en ajedrez. No podemos enfrentarnos a Israel con violencia”.
Para el dirigente de la FDR, el coste de una estrategia basada en la fuerza no se limita al campo militar: incluso una eventual victoria, argumenta, puede dejar detrás una sociedad incapaz de construir instituciones, educación, sanidad y una economía funcional.
Esa defensa de la resistencia no violenta convive con una crítica extrema de la sociedad israelí. Diliani la describió como “moralmente quebrada” y llegó a calificarla de “secta genocida de la muerte”, al tiempo que responsabilizó también a Abbas por el deterioro de las instituciones y de la economía palestinas.
Dahlan quiere que las disputas se resuelvan mediante elecciones
La reconciliación interna presenta, por tanto, límites claros. Reconocer a Hamás como una realidad política no elimina las diferencias sobre el desarme, el reconocimiento de Israel o el modelo de gobierno para Gaza. Del mismo modo, defender negociaciones con Israel no garantiza que una coalición palestina pueda acordar qué papel debe desempeñar la resistencia armada.
La apuesta de la FDR consiste precisamente en intentar separar esas diferencias de la existencia de un sistema político común. Dahlan propone que las disputas se resuelvan mediante elecciones e instituciones y no mediante la exclusión o las armas.
“Nuestra responsabilidad hoy es abrir un camino diferente”, escribió: uno en el que “la diferencia de opinión sea un derecho, no una amenaza; el pluralismo, una fuente de fuerza, no una causa de división; las elecciones, un medio de transferencia del poder; las instituciones, mayores que los individuos; y la patria, mayor que todos”.











