La imagen fue capaz de generar conmoción y aprobación en según que sectores. El pasado 23 de agosto el estadio Martínez Valero acogió el partido de la segunda jornada de Liga que enfrentó al Elche contra el Barça. El resultado abultado, de 0-5 para los visitantes, no dio tanto que hablar como la escena vivida previamente al partido. Agentes de la Policía Nacional actuaron contra un joven que llevaba una estelada, una bandera independentista catalana, que se revolvió y acabó siendo reducido con una fuerza que para muchos fue desmedida y para otros muchos fue justificada. Una división de pareceres que evidencia la crispación que se respira en la sociedad.
El propio Barça reaccionó ante el suceso y convocó, para el siguiente partido en casa, un “homenaje” a la bandera independentista catalana, que lució a millares en todo el Camp Nou. No es la primera vez que la política alcanza cuotas de visibilidad en estadios, pero el debate social al respecto se ha polarizado hasta el punto de reflejar posturas intransigentes. “Cuando alguien lleva una estelada, aunque legalmente no debería ser así y a pesar de que la ley no permite una actuación policial, la policía tiende a actuar”, dice Andrés Boix, profesor de Derecho Administrativo de la Universitat de València (UV) y académico especializado en cuestiones de libertad de expresión. “Es como cuando una persona negra ve que la policía le para más por la calle; no debería ser así, pero es así”.
Interpretar que una estelada incita a la violencia va contra la libertad de expresión
Según recuerda el docente, “la libertad de expresión protege la exhibición de cualquier símbolo que no incite a la violencia, e interpretar que una estelada incita a la violencia va contra la libertad de expresión, pero la Ley del Deporte ha permitido una interpretación extensiva que permite, en según qué casos, determinadas actuaciones policiales, como la de prohibir el uso de la camiseta del equipo visitante en una grada local”, argumenta.
Según Boix, esta interpretación “peca de un exceso preventivo, y ante símbolos políticos se multiplica”. Estos principios no solo se aplican en España, ya que los organismos internacionales como la UEFA o la FIFA “pretenden convertir los campos de fútbol en espacios lo más neutros posible, entendiendo la neutralidad como dar cabida solamente a la ideología oficial. Por eso”, añade, “se permiten homenajes oficiales a Ucrania pero no a Palestina”.
Durante la dictadura el fútbol fue utilizado como altavoz en una época en la que solo el régimen podía alzar la voz
Julià Garcia Candau, periodista de larga trayectoria, considera que “el fútbol siempre ha estado politizado”, pero “lo que está pasando ahora no era previsible”. Él mismo explica que, aunque durante los años de la dictadura “el régimen se esforzó por esconder la política en los campos de fútbol”, los triunfos de la selección española contra países como Inglaterra “fueron muy celebrados” y en las calles se cantaba “Gibraltar español”. Por tanto, “el fútbol fue utilizado como altavoz en una época en la que solo el régimen podía alzar la voz”. Acabada la dictadura, “cada club se manifestó como consideró y las aficiones pudieron convertirse en el reflejo ideológico de su entorno”.
Otro periodista deportivo con trayectoria, en este caso en Elche, es Francisco José Benito, que cree que “el tema ha evolucionado a peor” porque “la política está cada vez más mezclada”. Aunque, matiza, “muchos no participan en este juego, pero cuando uno se exhibe parece que represente a todo el mundo”. Según él, “lo que pasó en Elche era inesperado”. Considera, según lo que ha recibido de su entorno, que la actuación policial fue “un caso aislado”, pero cree que “no se debe utilizar el fútbol para transmitir una realidad que no todos comparten”, dice en referencia a la cancelación del homenaje del Barça a los jugadores de la selección española que ganaron el último Mundial.
No se debe utilizar el fútbol para transmitir una realidad que no todos comparten
Quien también ha estudiado las relaciones entre el fútbol y la política es el sociólogo Vicent Flor, profesor en la UV. Considera que la agresión policial de Elche es “un ejemplo del intento que hay para reconducir la libertad de expresión”, y entiende que el suceso “no fue nada extraño”, dado que “hay una política de odio presente y unas políticas públicas poco contundentes contra el odio”. Según él, “el fútbol representa la pluralidad de la sociedad, aunque algunos eso no lo aceptan y lo utilizan para que la extrema derecha tenga altavoces”.
Hay una política de odio presente y unas políticas públicas poco contundentes contra el odio
Tampoco se muestra sorprendida la profesora de Ciencia Política de la UV, Àstrid Barrio, en tanto que “muchas veces se ha instrumentalizado el fútbol para hacer reivindicación política”. Pone como ejemplo la respuesta del Barça, que “utilizó el suceso para recuperar el sentimiento independentista” y concluye que el club “fue muy oportunista”. Pese a eso, la politóloga considera que “siempre debe tener prioridad la libertad de expresión”, aunque “hay que saber elegir los lugares, porque hay muchos espacios para hacer uso de este derecho y un partido de fútbol es lo que es”. Así y todo, concluye que “ante la duda, la libertad de expresión debe ir por delante”.
La libertad de expresión debe ir por delante
Una ley interpretativa
La Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte no prohíbe la expresión de manifestaciones políticas por parte de los aficionados siempre y cuando no difundan mensajes que encajen con las actitudes que lucen en el título legal. Esto da lugar a interpretaciones diversas. Por ejemplo, en uno de los artículos, se pone como ejemplo de “incitación a la violencia en el deporte” la “exhibición en recintos, aledaños y medios de transporte organizados de pancartas, símbolos, emblemas o leyendas que, por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentas o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”.
Más allá de posibles interpretaciones, la ley está pensada para evitar exhibiciones que se normalizaron en los años ochenta y noventa, a través de los grupos ultras, de símbolos extremistas como banderas nazis, fascistas, franquistas o racistas. Es por eso que la persecución contra cualquier tipo de expresión racista es motivo suficiente como para paralizar un partido, tal como ya ha ocurrido. No está probado, sin embargo, que la actuación policial en Elche se amparara en la ley citada, aunque su contenido da lugar a interpretaciones que pueden ser restrictivas.
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