Vuelta al cole y vuelta al calor. El inicio de las clases coincidirá con los últimos coletazos de un episodio (otro más) de altas temperaturas y se repetirá la misma escena: aulas sin apenas refugio frente a un termómetro que es un riesgo para la salud infantil, según la Asociación Española de Pediatría. Diseñados en su mayoría para un clima que ya no existe, colegios e institutos son hornos en verano y neveras en invierno. Los técnicos, sin embargo, aseguran que hay solución. Y no pasa inevitablemente por llenar las aulas de aparatos de aire acondicionado.
«Si llenamos las escuelas de aires acondicionados estamos haciendo justo lo contrario de lo que nos pide Europa: descarbonizar los edificios para reducir las emisiones»
«Si llenamos las escuelas de aires acondicionados estamos haciendo justo lo contrario de lo que nos pide Europa: descarbonizar los edificios para reducir las emisiones”, explica Javier Álvarez, responsable del departamento técnico de Sto Ibérica, empresa especializada en soluciones para la construcción sostenible. Aislamiento térmico, ventilación mecánica, aleros, vidrios de control solar, toldos, pinturas de alta reflectancia y patios con vegetación son soluciones térmicas no especialmente costosas que pueden convertir los centros educativos en lo que ahora no son, espacios saludables.
Los expertos reclaman voluntad política para acometer las reformas y un sistema de incentivos fiscales.
«Por encima de los 30 grados, el ambiente deja de ser adecuado para el aprendizaje, y superar los 32 o los 33 grados supone un riesgo para la salud de la población vulnerable, como son los niños y adolescentes»
Cuando un aula supera los 26 o los 27 grados, la evidencia científica dice que empieza a deteriorarse el bienestar, la concentración y el aprendizaje. A medida que sube la temperatura, se entra en un escenario de riesgo sanitario prevenible. “Por encima de los 30 grados, el ambiente deja de ser adecuado para el aprendizaje, y superar los 32 o los 33 grados supone un riesgo para la salud de la población vulnerable, como son los niños y adolescentes», advierte el doctor Juan Antonio Ortega, de la Asociación Española de Pediatría.
El Gobierno está trabajando en la modificación del real decreto 132/2010 que establece los requisitos mínimos de todos los centros educativos y que es de obligado cumplimiento para las comunidades. La intención del Ejecutivo es que la norma, por fin, contemple «la adecuación de la climatización para el confort térmico». El objetivo es «cuidar la salud, la protección y el bienestar de alumnos y profesores». Sin una partida económica específica, el texto no incluye medidas específicas, sino que se limita a mencionar «criterios de eficiencia energética y adaptación a las consecuencias del cambio climático».
Actuar sobre la fachada exterior
Actuar sobre la fachada exterior es la opción más eficaz para optimizar el comportamiento térmico del edificio. Aislarlo y convertirlo en una especie de termo para evitar que entre el calor en verano y el frío en invierno es, según los especialistas, el primer paso que deberían dar los centros. «La obra nueva ya incorpora siempre aislamiento térmico, pero también puede instalarse al rehabilitar las fachadas de los edificios más antiguos», destaca Álvarez.
La ventilación mecánica supone también un ahorro energético y es más eficaz que la ventilación cruzada. Estos sistemas permiten, sin necesidad de abrir las ventanas, aportar aire nuevo filtrado y extraer aire viejo y viciado de manera constante, manteniendo una temperatura adecuada para la estación del año.
«La pintura del edificio, lejos de ser un asunto puramente estético, también es esencial en las estrategias arquitectónicas contra el calor. Los revestimientos de alta reflectancia, especialmente en tonos claros o con formulaciones específicas, reducen la absorción de calor. También pueden emplearse vidrios de control solar para limitar la radiación que penetra en el edificio», añade este especialista.
Otras estrategias sencillas y sostenibles son incorporar toldos y, en primavera, dejar las ventanas abiertas por la noche para refrescar de manera natural el ambiente. Cortinas técnicas, estores y láminas específicas permiten limitar la radiación solar directa sin oscurecer en exceso el aula.
«Basta de patios de cemento»
Álvarez recuerda que la estrategia de confort térmico de un colegio no debe limitarse al interior. Los patios pueden alcanzar temperaturas muy elevadas, especialmente cuando predominan los pavimentos duros. «Basta de patios llenos de cemento», reclama el especialista, que pide más zonas verdes a la hora del recreo. Pérgolas, vegetación y pavimentos más permeables son tres soluciones que permiten mejorar el confort exterior.
Un estudio europeo realizado por el Laboratorio de Transformación Urbana y Cambio Global (TURBA Lab), organismo que pertenece a la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), situó a Róterdam como una de las ciudades de referencia en la transformación de los patios escolares. En sus centros abundan la vegetación y la madera, pero también las aulas al aire libre, los espacios de juego con agua y barro, las zonas de escalada y los puentes.
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