Volkswagen ya tiene aprobada su hoja de ruta para los próximos años. El Consejo de Supervisión ha dado luz verde al plan de transformación del grupo, después del acuerdo alcanzado con los representantes de los trabajadores. La prioridad es clara: reducir costes, ganar eficiencia y aprovechar al máximo las sinergias entre las diferentes marcas y estructuras industriales.
Pero hay una pieza que continúa sin encajar públicamente: SEAT. Después de las informaciones aparecidas en Alemania sobre una posible desaparición de la marca antes de 2030, la compañía española ha mantenido una posición muy medida. Reconoce que Volkswagen está revisando su estrategia y que todas sus actividades están sometidas a ese proceso, pero insiste en que no se ha tomado ninguna decisión estratégica sobre SEAT.
El éxito de CUPRA tiene origen español
El nuevo plan del grupo vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de decidir qué marcas tendrán prioridad en el futuro. Y en esa clasificación CUPRA parte con ventaja. La marca nacida en Martorell ha conseguido convertirse en una de las grandes apuestas de Volkswagen. Sus ventas crecieron con fuerza en 2025 y su posicionamiento permite al grupo jugar en una zona de mercado con mayor margen.
El problema es que existe una historia previa que no conviene olvidar. CUPRA nació dentro de SEAT. La actual estrella del grupo no fue una alternativa que Volkswagen trajera desde fuera para reemplazar una marca que no funcionaba. Fue precisamente SEAT la que creó el proyecto y puso los recursos industriales y humanos para hacerlo crecer. Martorell, su ingeniería y buena parte del conocimiento acumulado durante décadas están detrás de ese éxito.
De ahí que la posible sustitución resulte, como mínimo, discutible. SEAT vendió 257.400 coches en 2025. No está creciendo como CUPRA, pero conserva un volumen comercial importante y una implantación muy difícil de reconstruir. Ibiza y Arona siguen siendo productos con demanda y la marca mantiene una posición especialmente fuerte en España.
El planteamiento podría ser otro: no mantener SEAT tal y como existe ahora, sino cambiarla. Una SEAT más pequeña, más eléctrica y con una gama mucho más concentrada podría tener sentido dentro del nuevo Volkswagen. Especialmente si se utiliza para ocupar el espacio que CUPRA no necesita: el de los vehículos más accesibles y destinados a un público más amplio.
Volkswagen tiene mucho invertido en Martorell
La propia transformación de Martorell aporta otro elemento al debate. Volkswagen está destinando unos 3.000 millones de euros a preparar la fábrica para la electrificación. Allí ya se fabrican el CUPRA Raval y el Volkswagen ID. Polo. La inversión confirma que el grupo confía en la capacidad industrial de la planta.
Lo que queda por decidir es qué papel tendrá SEAT en ese escenario. Dentro del grupo habrá argumentos a favor de la simplificación. Mantener marcas con posicionamientos próximos tiene costes y obliga a repartir inversiones. Pero también existe el riesgo contrario: eliminar una marca con una enorme notoriedad para concentrar todo el crecimiento en otra que todavía está construyendo su relación con el gran público.
Y ese es quizá el punto que debería analizar Volkswagen antes de tomar una decisión irreversible. CUPRA no tiene que perder para que SEAT sobreviva. Al contrario. El éxito de CUPRA podría ser precisamente la mejor demostración de que SEAT todavía tiene capacidad para transformarse. Si fue capaz de crear una marca que hoy crece a este ritmo, también debería tener una oportunidad para encontrar su lugar en la próxima generación del automóvil.
El Consejo de Supervisión ya ha aprobado el plan general del grupo. Ahora tocará tomar decisiones más concretas sobre las marcas. En el caso de SEAT, quizá la cuestión no debería plantearse entre mantenerla o eliminarla. Quizá haya una tercera opción: cambiarla.















