«Pues se le ocurrió a mi presidente». A ver si celebrar efemérides que se salen de las convencionales da suerte a sus falleras mayores. Porque tanto Lara Cuevas, de Doctor Domingo Orozco, como Miriam Yubero, de Joaquín Navarro-Carrícola, llegan al Roig Arena como «falleras mayores del 65 aniversario«.
Bodas de Platino, pues, que, tras un triunfante doblete el 16 de marzo (primero de falla y primero de ingenio) ahora se remata con la experiencia de optar a lo más alto y así dar a la comisión un puesto en el Salón de la Fama por primera vez. «Mi madre ha sido fallera toda la vida de la comisión». Tanto como ella. «Cuando se quedó embarazada ya me apuntó. Todos vivimos en el barrio». A pesar de lo cual se suma al más que numeroso grupo de candidatas que completan su presentación reconociendo que «no pude ser fallera mayor infantil» pero que «por eso, he cogido con doble ilusión el haber sido fallera mayor este año«.
De todas las fotos de Armando Romero en las Preselecciones, puede que la reacción de Miriam Yubero sera la más espectacular / Fotofilmax
Orientadora Educativa
En lo profesional está bastante establecida. «Orientadora Educativa en un colegio de València. En el Liceo Corbí». Llegar y besar el santo. De carrera es pedagoga «pero con eso no puedes hacer nada. Decidí hacer la especialidad con el Máster de Orientación Educativa. Hice las prácticas en ese colegio y apenas unos meses después, me llamaron». Su trabajo (que complementa en una clínica privada) es trabajar «con los nenes que tienen necesidades especiales. O dentro o fuera del aula para trabajar otras metodologías. También pruebas, informes…». Entendámonos: «TDAH, autismo, dislexias, dislalias… que requieren trabajo especial y que el temario les llegue también. Yo trabajo con los niños de Infantil y Primaria, desde los 3 a los 12 años».

Miriam Yubero recibe el doble primer premio el 16 de marzo / Falla Carrícola

Miriam Yubero, poco antes de la cremà / Falla Carrícola
Una ‘A’ con una rosa
La familia siempre es importante. «Mi padre era jefe de obra y lo recuerdo siempre viajando, mucho tiempo fuera de casa. Ahora que se acaba de jubilar, mis padres están casi viviendo la luna de miel». Y en la piel, una pequeña letra ‘A’ con una flor es un recuerdo a su abuelo materno «que era uno de los pilares de mi vida y quise llevarlo siempre conmigo». En el Roig Arena, Ambrosio estará pendiente de lo que hace la nieta.















