Cientos de autocaravanas recorren este verano las carreteras gallegas, reflejo del boom de unos vehículos que pisan el acelerador a pesar de las restricciones locales y se acomodan en nuevas áreas públicas o privadas, algunas de ellas en fincas, sin apenas servicios, pero con paisajes espectaculares.
Circular en estos vehículos obliga a adaptarse a normativas nacionales como la de la Dirección General de Tráfico (DGT) y también a las de los ayuntamientos, responsables de regular la circulación y el aparcamiento en sus calles, por lo que siempre es recomendable conocer la que aplica en cada lugar al que se viaja.
La Asociación Galega de Autocaravanas (AGA), que cuenta con unos 800 socios y, según explica a EFE su vicepresidente, Cesáreo González, es «la más grande de España», confirma que, «a pesar de que cada vez hay más áreas» de autocaravanas, siguen siendo «insuficientes» porque también hay más vehículos circulando.
«Antes venían desde Europa e iban al Mediterráneo, pero aquello está prácticamente colapsado y muchos han aprendido que merece la pena venir por la cornisa cantábrica hasta Galicia», sostiene este experto autocaravanista, que va por su cuarto vehículo de este tipo y ha recorrido el continente en ellos.
Calcula que Galicia cuenta con más de 200 áreas públicas para autocaravanas y, aunque en los pueblos de interior «no hay demasiados problemas» para encontrar hueco, dice que la misión se complica al llegar a la costa.
Lo confirma a EFE Chema, que viaja con su pareja y su hija y demanda más servicios en las áreas para autocaravanas.
Diferencia entre aparcar y acampar
Resulta imprescindible, y así lo determina también la DGT en la reforma del reglamento de circulación entrará en vigor el 1 de octubre, diferenciar entre estar aparcado —estacionado— y acampado —abrir ventanas laterales, desplegar el toldo o sacar sillas y mesas—, porque, mientras lo primero, por regla general, está permitido, lo segundo se reserva a espacios como los campings o las áreas de autocaravanas que lo autorizan.
En lugares como Valdoviño (A Coruña) o A Toxa, en O Grove (Pontevedra), los vecinos han denunciado en las últimas semanas el despliegue de mesas y sillas por parte de autocaravanistas, o su acceso a lugares prohibidos, lo que genera críticas hacia esos usuarios, aunque la mayoría suele respetar las normas.
Estacionar en primera línea de playa suele estar limitado en muchas localidades, caso de la más poblada de Galicia, Vigo. En el entorno de Samil, hay señales que impiden aparcar a los vehículos de más de cinco metros en los aparcamientos del arenal, o entre junio y septiembre, a las autocaravanas en la avenida principal.
«Estamos en contra de las restricciones que no sean genéricas», sostiene el representante de AGA. En Vigo solo existe un área específica para estos vehículos, es privada y está en el otro extremo marítimo de la ciudad, en la zona de Teis.
Limitaciones de altura, longitud o masa
Como en Vigo, el tamaño de los vehículos, ya sea por altura —mediante gálibos—, longitud o masa máxima autorizada, suelen usarse para limitar la presencia de autocaravanas.
«Algunos ayuntamientos nos ven como enemigos», asegura Cesáreo González, que menciona el caso de O Grove. Este municipio pontevedrés ha aprobado inicialmente su ordenanza de autocaravanas. Ha prohibido la pernocta en las playas —prohibido aparcar desde las 23 horas a las 08:00— o el acceso a ellas en vehículos de más de 3.000 kilos.
En la ría de Vigo, Cangas de Morrazo recibe a los caravanistas con otra ordenanza que limita la estancia a una noche en las zonas de estacionamiento reservado y áreas de servicio; además, no pueden sobrepasar las dimensiones del trazado dibujado en las plazas de aparcamiento para vehículos en general.
No verter fluidos o basura a la vía o no emitir ruidos molestos son algunas limitaciones en este municipio pontevedrés que tiene playas de referencia como Barra, Areabrava o Arneles.
Meses antes de esta ordenanza, en la península de O Hío, los vecinos, hartos de la masificación del turismo y los aparcamientos indebidos, se pusieron a cruzar de forma continua los pasos de peatones para bloquear el tráfico.
También en las Rías Baixas, pero en la provincia de A Coruña, la ordenanza de Boiro establece un tiempo máximo de estancia de 72 horas en una misma semana o 48 horas continuas y el ayuntamiento cuenta con áreas reservadas como la de Barraña, que dispone de 40 plazas, a algo más de 6 euros el día y que suele llenarse, como comprobó Alejandra, quien cuenta a EFE que tuvo que buscar otro lugar cerca de la medianoche.
Las alternativas pasan por alejarse de la costa, acudir a campings o acomodarse en aparcamientos privados en parcelas que, en ocasiones, tienen vistas al mar como algunas fincas en A Illa de Arousa.
Además de esta localidad pontevedresa, Fisterra (A Coruña), Barreiros y Ribadeo (Lugo) son otros lugares donde los caravanistas encuentran restricciones porque cada vez son más los ayuntamientos que ponen coto a este turismo itinerante que no deja de crecer.











