Tiene Luca Hoek muchas de aquellas cosas que emparentan a los nadadores con los anfibios. No necesita tirar de una potencia extrema o de un físico fuera de lo normal para que el agua sea su verdadero motor. Los velocistas, hechos de una pasta diferente ante la necesidad de oponer calma en tormentas que ellos mismos desatan, tienen que hacer del elemento líquido su principal aliado. Por mucho que las horas de gimnasio y una musculatura cada vez más potente ayude a romper fronteras nunca antes vista en la historia de la natación española. Habrá quien piense que el joven prodigio de 18 años no logró rematar lo que había comenzado el día anterior con una medalla. Ya llegará. Pero su cuarta plaza en la final del 100 metros libre lograda este miércoles en el Europeo de París es el mejor resultado de siempre de un español en la prueba reina de la natación en un gran campeonato. Ahí es nada.
Hoek, pese a su extraordinario 47.39 (en la semifinal firmó un 47.26 con el que batió el récord de España), reparó en que las medallas iban a estar reservadas a quienes bajaran de los 47 segundos. Lo hizo, claro, el rumano David Popovici, oro con su 46.56. El ruso Egor Kornev, a quien Hoek había batido el martes, se quedó con la plata (46.54); mientras que el húngaro Kristof Milak se redimió frente a su compatriota Nemeth con el bronce (46.86).
Luca Hoek, con el mejor tiempo de reacción junto a Kornev (0.61), tocó la pared tanto en el 50 como en el 100 en cuarta posición, sin poder rebasar a Milak, pero tampoco a un Kornev que se vio superado en el último largo por Popovici.
Su vida en el CAR
Timo Hoek, padre neerlandés de Luca, antes de ver a su hijo nadar la final en el Centro Acuático de Saint Denis, se convencía de que el chico ya había cumplido. Y que le queda una eternidad aún para seguir aprendiendo, creciendo, y hoyando nuevas cimas, como la de los Juegos Olímpicos de Los Angeles en 2028. Pero lo logrado hasta el momento en París escapa incluso a las mejores predicciones, por mucho que su entrenador en el CAR de Sant Cugat, el británico Ben Titley, le preparara para ello. También a nivel mental. La madre de Luca es francesa, país que llegó a tenerlo en el punto de mira antes de que la Federación Española de Natación lograra convencer a la familia de la idoneidad del proyecto y la estabilidad que alcanzaría en el CAR.
Llegaba Hoek a su cita con la historia después de haber destrozado su propia plusmarca nacional en los 100 libre logrado en los Trials de Palma en 46 centésimas, siguiendo la estela en la calle de su ídolo, el rumano David Popovici. Pero faltaba por ver cómo se comportaría Hoek ante la responsabilidad de mirar de cara a los viejos demonios que siempre atenazaron los músculos y los nervios de los velocistas españoles. Sólo José Antonio Chicoy (séptimo 1970) y Edu Lorente (sexto en 2004) habían sido capaces de alcanzar una final continental en la prueba reina. Como si fuera imposible mirar hacia el abismo abierto con los grandes especialistas de siempre, como el inolvidable Popov de Barcelona 92 y Atlanta 96 (su ya vetusto récord de 48.21 segundos le duró ocho años), Pieter van den Hoogenband, el primero en bajar de los 48 segundos en Sidney 2000 (47.84), Caeleb Dressel (cómo olvidar su récord de 46.91 segundos de la época de los bañadores de plástico) o, ya en estos tiempos, el propio Popovici y, claro, el chino Pan Zhanle, actual rey de la distancia y plusmarquista mundial (46.40).
Luca Hoek está explorando lugares inhóspitos para la natación española. Ahí la hazaña.
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