Entraron a cuentagotas, con las gafas en la mano y la esperanza de ver algo. No iba a ser fácil. Luchaban contra las nubes. Contra A Coruña. Los había, también, quienes renunciaron al evento que paralizó la ciudad y no les importó acudir con antelación pese a que en su butaca, empapelada con el nuevo himno del 120 aniversario, no se podía seguir. También los que apuraron cada segundo del videomarcador para acudir sobre la hora. El fútbol moderno no se detiene ni por un eclipse. Dépor-Real Madrid, hay quienes no piden más.
Los aficionados blanquiazules se dividieron en tres grupos. La mayoría optó por el mismo plan: ver el eclipse desde la playa, en contraposición con los que eligieron otras ubicaciones o el propio recinto. Maite Figueroa y Carlos Castiñeira acudieron pronto al arenal para coger sitio. El paseo marítimo multiplicó el número de transeúntes y nadie quería quedarse fuera, aunque el sol se pusiese de espaldas. «Dicen que en nuestra grada, en Pabellón Superior, se ve, pero vamos a intentar verlo desde aquí y después a ver si el Dépor gana«, expresó Carlos con optimismo. «Es un día para disfrutar«, añadió Maite.
En efecto, algunos puntos del estadio de Riazor se hubiese podido presenciar el eclipse. Según el club, en Pabellón Superior, Pabellón Inferior —en las primeras filas del córner de la izquierda— y Preferencia. Aunque las nubes cerraron el cielo impidiendo disfrutar de la totalidad del evento.
Algunos aficionados del Deportivo optaron por intentar verlo desde Riazor
Carlos y Lucía Navaza tenían la intención de verlo «desde dentro». Ambos, al sentarse en Preferencia, esperaban encontrar «suerte» para poder disfrutarlo. «Se nubló muy rápido. Cuando vinimos estaba todo despejado, y de repente se cubrió todo. Pero esperemos que se vea bien», expresó Carlos, quien una hora después se colocaría las gafas para atender a como la oscuridad se tragaba el cielo. A la par, el Real Madrid saltaba a calentar entre silbidos. El Dépor lo había hecho antes.
Desde el césped de Riazor no se podía ver el eclipse. Más allá de la nocturnidad, nada impidió a ambos equipos realizar con normalidad sus ejercicios de calentamiento. A un lado, Vinicius guiaba al equipo de José Mourinho; al otro, Angeliño Tasende pisaba por primera vez Riazor como profesional.
El eclipse y el fútbol, mejor en familia
La familia Rodríguez cruzó los tornos con la ilusión de atender a un evento único. Lucía, portavoz, junto a su hermana y sus padres, explicó que lo verían desde el campo por si «después no da tiempo a entrar«. «Yo creo que nuestra zona es de las que pillamos», explicó antes de «disfrutar» del momento: «No voy a quitar fotos por si a caso«.
Suso, Iago, Manuela y Alfonso acuden también en familia al estadio. En su caso, como explica Alfonso, lo van » a ver fuera, da tiempo a entrar», expresó. «Esperaba que fuera más complicado de ver, pero por lo que parece se verá en todas partes», añadió Iago. Las nubes todavía no habían hecho de las suyas. «Esperemos que despeje«, añadió Suso, quien confiaba en llegar a tiempo al encuentro y con que «El Deportivo no se eclipsase».
Los más apurados
Poco a poco la luz fue recobrando su espacio. El anillo solar no llegó a presenciarse desde Riazor debido a las nubes y, su final, dio paso a una entrada masiva de aficionados al estadio. Incluso una vez comenzado el duelo, los tornos siguieron girando. Solo Marathon Inferior lució como un amistoso tras un duelo de gran entrada que no pagó la fecha. Nadie quería perderse el estreno blanquiazul. Ni por un eclipse total.
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