No quiero que construyan un centro de datos de IA

Mervin Raudabaugh tiene 86 años y lleva más de seis décadas ligado a sus tierras en Silver Spring Township, en Pensilvania. Cuando los promotores de un centro de datos le ofrecieron alrededor de 15 millones de dólares, el agricultor decidió que no. En una entrevista publicada por FOX43, explicó que no estaba dispuesto a destruir sus dos granjas. 

Los promotores le llegaron a ofrecer unos 60.000 dólares por acre por las 261 acres – algo más de 105 hectáreas – que conforman sus dos explotaciones. En total, la propuesta superaba los 15 millones de dólares, una cantidad que habría permitido a Raudabaugh retirarse con una enorme fortuna. 

«No estaba dispuesto a destruir mis granjas», se mostró contundente en el canal estadounidense. Y, añadió, que «ese era el resultado final. No se trataba tanto del aspecto económico»

La decisión resulta todavía más llamativa porque Raudabaugh no se limitó a rechazar la oferta. Buscó una alternativa para asegurarse de que sus tierras tampoco pudieran terminar convertidas en otro proyecto inmobiliario. 

En lugar de aceptar los millones de los promotores, Raudabaugh acordó vender los derechos de desarrollo de sus terrenos a un programa de conservación por menos de 1,9 millones de dólares. De esta forma, las tierras quedan protegidas para mantener su uso agrícola. El Lancaster Farmland Trust confirmó que la familia rechazó varias ofertas importantes de empresas interesadas en el desarrollo de centros de datos. 

La diferencia económica es enrome: frente a una oferta de más de 15 millones de dólares, la operación de conservación supuso menos de dos millones. Sin embargo, para el agricultor la prioridad era otra. «Amo esta tierra. Ha sido mi vida»

Una granja que forma parte de su historia

El terreno no representa únicamente una explotación agrícola para el octogenario. En una de esas granjas murIó su madre cuando él todavía era adolescente. Tras su muerte, tuvo que dejar los estudios para encargarse del ganado y ayudar a sacar adelante la explotación familiar. 

También fue allí donde Raudabaugh crió a sus hijos junto a su esposa, Anna Mae. Después de toda una vida trabajando en esas tierras, venderlas para convertirlas en un enorme complejo tecnológico tenía para él un significado muy diferente al de una simple operación inmobiliaria. 

«Me parte el corazón pensar en lo que va a pasar aquí»

El agricultor también mostró su preocupación por la transformación que está experimentando la zona. El avance de nuevos proyectos industriales y tecnológicos está ejerciendo una presión sobre terrenos que durante generaciones se han destinado a la agricultura. 

«Me parte el corazón pensar en lo que va a pasar aquí«, afirmó a FOX43. Su preocupación es que las tierras que no se protejan terminen desapareciendo bajo nuestras construcciones. Raudabaugh fue todavía más contundente al hablar del futuro: «Solo la tierra que se conserve permanecerá. El resto, cada centímetro cuadrado, se construirá». Y añadió que la familia agrícola estadounidense «está en serios problemas».



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