La música en directo mira el termómetro. «Que aquí cada año hace más calor es clarísimo». Lo dice Stefano Maccarone, director del Share Festival, la gran cita de referencia de la Generación Z barcelonesa, y lo refrendan los datos científicos: el mes pasado fue el julio más cálido registrado por el Observatori Fabra en sus 113 años de mediciones. Por primera vez en todo ese tiempo, la temperatura máxima superó en Barcelona los 30 grados todos los días del mes, con picos de más de 40. Las altas temperaturas condicionan los hábitos de la población y afectan especialmente a las actividades que se desarrollan al aire libre. Y en esa oleada de angustia climática a la que nadie escapa, los festivales de música veraniegos son un ámbito especialmente sensible por varias razones: la elevada concentración de gente, la larga duración de las jornadas y su innegociable condición de evento a la intemperie.
La preocupación es generalizada y se extiende a toda Europa. En un momento en el que la música en directo multiplica su facturación y se consolida como un importante motor de actividad económica, la meteorología obliga a reflexionar y a introducir cambios para adaptarse a la nueva situación. En el último informe anual de la asociación europea de festivales YOUROPE (a la que pertenecen el Primavera Sound, el Mad Cool y el Bilbao BBK Live, por ejemplo), el clima y las temperaturas figuran ya en el cuarto lugar en el índice de preocupaciones de los organizadores de cara al futuro (y en el tercer puesto entre los festivales de gran tamaño). Solo los superan el aumento de los costes de producción y las dificultades crecientes para contratar artistas. El informe recoge datos de 2025 y, tal como está transcurriendo este verano, es más que probable que en el de 2026 las condiciones climáticas ganen alguna posición en el ránking de amenazas.
Cancelaciones y retrasos
A finales de junio, una alerta roja por altas temperaturas obligó a cancelar el festival Defqon.1 en los Países Bajos cuando solo se había celebrado una de las cuatro jornadas programadas. En esas mismas fechas, se suspendió por las mismas razones el festival benéfico Solidays en París. Sin salir de Francia, festivales como el de Avignon y el de Aix-en-Provence han tenido este año que retrasar sus horarios. En València, las actuaciones de UB40 y Ana Torroja se cayeron a mediados de julio del ciclo Conciertos de Viveros por culpa de una ola de calor. La lista de incidencias podría seguir y seguir.
Imagen de la primera jornada del festival neerlandés Defqon.1, antes de la suspensión por alerta de calor.r / Defqon.1
Por fortuna, no ha sucedido nada parecido en Barcelona, aunque artistas como Shirley Manson (de Garbage) y Brett Anderson (de Suede) hicieron comentarios desde el escenario sobre el calor sofocante en su paso por el festival Cruïlla y Lola Índigo tuvo que interrumpir su actuación en el Share por una lipotimia. En la capital catalana, la decisión última de suspender un concierto o un festival corresponde al Ayuntamiento, siempre a partir de informes técnicos elaborados por los servicios competentes (Bombers, Guardia Urbana y otros) y de acuerdo con las previsiones del Servei Meteorològic de Catalunya. Fuentes municipales explican que el protocolo por ola de calor no establece una cancelación automática de las actividades, aunque sí prevé que en fases de alerta y de emergencia se puedan adoptar medidas extraordinarias como la regulación de los horarios, la limitación del aforo o el refuerzo de los puntos de agua, entre otras actuaciones.
Un factor recurrente
En cualquier caso, la experiencia de 2026 obliga a los festivales a aceptar que en adelante la posibilidad de temperaturas extremas va a ser una norma y no una excepción. Y a actuar en consecuencia. «Muchos organizadores ven ya los riesgos relacionados con el clima como un factor recurrente y no como un obstáculo ocasional», señala el citado informe de la asociación YOUROPE. «En las redes hay mucha gente que dice que los festivales se tienen que replantear las fechas porque ya no es tan apetecible un festival en julio o agosto», apunta el director del Share.
Este último festival, que se celebra en el Parc del Fòrum (recinto gestionado por la empresa municipal BSM), es un caso bastante paradigmático. El Share ha tenido que cambiar este año sus fechas y ha pasado de mediados de junio al último fin de semana de julio. Además, la obligación de acabar la actividad a las once de la noche (el Ayuntamiento solo permite que en el Fòrum haya conciertos más allá de esa hora 15 noches al año, que ya han sido adjudicadas por concurso a otros festivales) hace que las dos jornadas del festival empiecen a primera hora de la tarde, cuando el calor golpea con especial inclemencia. «Claro que sería mucho mejor poder abrir el portal a las seis y no a las dos y hacerlo en junio en lugar de julio -señala Stefano Maccarone-. Lamentablemente no depende de mí y me tengo que apañar con lo que me dan. Está en mis planes pedir un cambio de horario en los próximos años, pero sé que está muy complicado».

Público en las primeras filas de la última edición del Share Festival / Zowy Voeten
La restricción horaria en el Parc del Fòrum (como en otros puntos de la ciudad) obedece principalmente a la presión de los vecinos, que desde hace años denuncian la alta contaminación acústica que padece la zona y exigen acabar con la música en directo más allá de las 23 horas. Ello plantea un equilibrio casi imposible que obliga a los festivales a mantener la actividad diurna si no quieren recortar la programación. «Hemos intentado hablar de esto con el Ayuntamiento, pero ahora no veo posible una apertura porque en este momento se da más importancia al tema de no molestar a los vecinos», comenta Maccarone.
Comodidad y seguridad
El Brunch Electronik Festival, cuya cuarta edición se celebra justamente este fin de semana en el Parc del Fòrum, sí tiene autorización para extender su actividad hasta la una de la madrugada (el viernes) y las tres (el sábado), pero aun así empieza las jornadas a las 15 horas para mantenerse fiel a su concepto original de pícnic dominical con música. «Brunch Electronik nació precisamente para reivindicar una forma diferente de vivir la música electrónica, al aire libre y durante el día, y creemos que el reto pasa por seguir evolucionando el formato y no por renunciar a él», declara François Jozic, CEO y fundador de Brunch Electronik (y, desde hace algo menos de un año, director también del Sónar). En cualquier caso, Jozic admite que las altas temperaturas «son una realidad que hay que tener cada vez más presente en la planificación de los eventos» y añade que no se trata de tomar alguna «medida puntual» sino de «adaptar el festival para que la experiencia del público sea lo más cómoda y segura posible».

Asistentes al primer día del Brunch Elektronik Festival se refrescan bajo los nebulizadores / Zowy Voeten
«Somos conscientes de que las primeras horas del día son las más sensibles desde el punto de vista climático y, por eso, concentramos muchos esfuerzos en crear espacios más confortables y en ofrecer servicios que ayuden a mitigar el impacto del calor«, explica el máximo responsable de Brunch Electronik. Y pasa a detallar las principales actuaciones que se han llevado a cabo este año: «Hemos reforzado las zonas de sombra y descanso, distribuido nebulizadores y puntos de ventilación por todo el recinto, ampliado los espacios donde refrescarse y puesto a disposición de los asistentes crema solar gratuita en diferentes puntos del festival. También se ha tenido en cuenta el incluir zonas de sombra en los distintos escenarios y en las zonas de restauración. Y además mantenemos una amplia red de agua potable muy fría. En la pasada edición distribuimos más de 90.000 litros de agua gratuita, el equivalente a 1,5 litros por asistente, a través de 62 grifos repartidos por todo el recinto».
Zonas de sombra, nebulizadores, dispensadores de crema solar, fuentes de agua… Son las mismas medidas que menciona el director del Share y que ya han venido aplicando la mayoría de los macrofestivales barceloneses este verano. También son las que recomienda la asociación YOUROPE, junto con el ajuste de los horarios. La gran pregunta es si a medio (e incluso a corto) plazo, todo eso va a ser suficiente para hacer que la experiencia siga resultando viable, segura y atractiva en un contexto de calentamiento imparable. La posibilidad de una cancelación forzosa es una sombra tan indeseada (esta sí) como real. También es un riesgo que muy pocos festivales están en condiciones de asumir. Varios organizadores sostienen que es cada vez más necesario abrir una reflexión connjunta del sector que incluya a promotores, administraciones y recintos. Como sentencia François Jozic, «la adaptación al entorno y al cambio climático forma parte de una responsabilidad compartida que debe garantizar el futuro de los eventos al aire libre».
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