«Se está dando una situación particular. El Pirineo habitualmente no es una zona de incendios pero la sequía este año, que ya está obligando a restringir el agua de boca en algunos municipios, ha generado que la vegetación esté muy disponible. También está ocurriendo en Francia». Habla Jorge Crespo, el jefe de servicio de Seguridad y Protección Civil del Gobierno de Aragón. Y explica con esas palabras lo inusual de una campaña estival en la que los grandes incendios en las sierras y praderas de Aragón se están «simultaneando» con fuegos en alta montaña, un tipo de quema que cuenta con sus propias características.
Sin ir más lejos, esta misma semana ha llegado a haber siete incendios activos al mismo tiempo en la provincia de Huesca, muchos de ellos en las cumbres del Pirineo, algunos de los cuales llevan ardiendo días. Este mismo miércoles, por ejemplo, se dio por extinguido el incendio forestal de Plan después de 19 días ardiendo. Y otro en Seira también lleva una semana activo, pero solo se han quemado 25 hectáreas. Todos ellos comparten toda una serie de similitudes, según apunta el director general de Interior y Emergencias de la DGA, Miguel Ángel Clavero, y es que «más que peligrosos, son complicados y complejos de extinguir por dónde surgen». «En ninguno preocupa o ha preocupado el número de hectáreas (que suelen ser pocas) o las afecciones a la población porque no las podía haber», añade.
Uno de los incendios en alta montaña este verano en Aragón. / INFOAR
Estos incendios, aunque muy numerosos este año, no están catalogados como una emergencia de Protección Civil precisamente porque no afectan a población ni infraestructuras. Pero su complejidad hace que sean necesarios recursos, sobre todo aéreos, que no pueden utilizarse en otras zonas. Y en un verano en Aragón en el que se han simultaneado varios fuegos, esto es lo realmente peligroso. Que no da para todo.
«Aunque no sean peligrosos ni vayan a quemar muchas hectáreas, no podemos dejarlos arder. Nosotros tenemos que hacer todo lo que podemos y de hecho hoy en día tenemos recursos y medios técnicos que nos permiten luchar contra estos incendios en altura. Pero lo que es cierto es que estos fuegos nos obligan a retraer recursos de otros incendios que pueden ser mucho más peligrosos», añade Clavero.
«Un año excepcional»
Todos estos fuegos que se han dado en el Pirineo en los últimos días tienen el mismo origen: tormentas secas que en vez de agua dejan descargas eléctricas que provocan una ignición. Y con la vegetación seca por la falta de lluvias, es cuestión de minutos o de horas que comiencen las llamas. «Este año está siendo excepcional», apunta Crespo. «Son condiciones que se dan cada cierto tiempo. Prácticamente no ha llovido. No se han producido esas típicas tormentas de principios de julio en el Pirineo. Y eso unido a las altas temperaturas…«, cuenta Clavero.
Esa sequedad hace que las llamas vuelen. «Cuando se dan tormentas eléctricas en verano solemos hacer después vuelos de reconocimiento para observar si ha surgido algún incendio, pero como además de rayos suele llover, no es habitual. Este año al revés, no nos da tiempo. Antes de volar el humo ya nos pone en alerta. Surge un incendio. Y otro. Y otro», cuenta el jefe del 112 en Aragón. «El otro día, cuando volvía a la base el helicóptero que había estado trabajando en el incendio de Viu, desde el aire vimos que había otros cuatro fuegos en la zona de la Peña Montañesa. Pero no hubo que intervenir porque enseguida vimos que se apagaban solos. Eran pastos quemándose en zonas que incluso ya se habían quemado antes», añade el director general de Interior.
Y es que lo bueno que tienen estos incendios es que no afectan a grandes superficies. Explica Crespo que como son causados por rayos suelen iniciarse a mucha altura, allá donde impactan los relámpagos. El fuego tiende siempre a subir, por lo que pronto alcanzan las cumbres de las montañas, donde apenas hay vegetación que quemar. Eso sí, la que consiguen abrazar con sus llamas prende durante días.

Incendio en una zona de montaña el Pirineo aragonés, este verano. / INFOAR
Lo malo de estos incendios, apuntan ambos responsables, es que es muy complicado apagarlos. Algunos se dan en zonas «totalmente inaccesibles», por lo que solo se puede actuar con medios aéreos. «La única manera de combatirlos es echarles agua desde el aire y esto supone un esfuerzo muy grande, pero es que además el agua no acaba de apagarlos nunca si no es una lluvia constante que moje el terreno», cuenta Clavero. Por ello, siempre que sea posible, son brigadas terrestres las que tienen que rematar la faena, con la complejidad que ello conlleva. «Imagínate lo que es montar un campamento a 1.500 metros de altitud y garantizar el avituallamiento. La logística es complicada y lo limita todo, además de asegurar la seguridad de los intervinientes», detalla Crespo.
El tipo de vegetación tampoco ayuda. Se trata de pinos viejos, con mucha resina. Y de arbustos que se secan en su interior pero cuya capa exterior no deja penetrar el agua. En definitiva, pese a no suponer un riesgo ambiental, son una piedra en el zapato para un operativo que, al mismo tiempo, ha tenido que enfrentarse a incendios que han calcinado en Aragón miles de hectáreas.
Este tipo de fuegos, no obstante, no son excepcionales. En el verano del año 2000, recuerda Clavero, en el entorno del Pirineo aragonés hubo activos al mismo tiempo «casi 20 incendios». «Son condiciones que se dan cada cierto tiempo», insiste. «Y eso en España, porque yo he trabajado en EEUU y allí es habitual que haya incendios que comiencen en junio y se apaguen en septiembre», zanja.
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