Francisco Asorey presentó dos esculturas a la Exposición Nacional de 1926: San Francisco y Santa. Dos años antes era Tesouro – una joven campesina, andando, con un ternero entre sus brazos- la obra mostrada en ese mismo concurso, ganando, entonces, una Segunda Medalla. Ahora, en tanto, San Francisco, conseguiría la Medalla de Oro. Así nuestro escultor adquirió el máximo reconocimiento. Que el Jurado priorizase, su aportación de carácter religioso sobre lo que supone Santa posiblemente tuvo que ver, más allá de sus respectivos méritos, con que, en aquella anualidad, se celebraba, con especial ardor, un centenario de la muerte del Santo de Asís.
Santa iba a quedar relegada al olvido y alejada del reconocimiento del público ya que tan solo se valora, fundamentalmente, a través de una fotografía de Ksado. Es en 1951 cuando se hace con ella la colectividad emigrante de Montevideo y, entonces, el interés que suscita adquiere, qué duda cabe, sesgos nuevos. En el año 2019 esta pieza volvería, como préstamo temporal, a Santiago para formar parte de la exposición, celebrada en el Gaíás, titulada Galicia, un relato en el mundo. Será en el 2022 cuando aquella Casa de Galicia de Ultramar, que había querido y acogido la ahora tan preciada imagen, se ve inmersa en un proceso concursal y será la Xunta quien, entre otros bienes, se haga con esta escultura, depositándose, en ese momento, en el Museo Zorrilla de aquella localidad, cuya sede fue, en su día, la casa del poeta y periodista, natural de Montevideo, Juan Zorrilla de San Martín (1855-1931), que cuenta con unos fondos relacionados con este escritor y en el que la presencia de esta insigne escultura no tenía sentido alguno, circunstancia que facilitó, qué duda cabe, su vuelta a Galicia.
Ahora puede verse, una vez más, en el Gaías. En ella hay todo un homenaje a la mujer campesina gallega, hasta cierto punto deificada por el genial trabajo de Asorey. Rotunda y grandiosa, ante nosotros, sobrenatural y repleta de dignidad. Volvió a Galicia, quizás, para recordarnos quienes somos: descendientes de crueles e ingentes esfuerzos campesinos, femeninos y anónimos.














