Las barbas del vecino

Hace unas semanas anduve de vacaciones por Bulgaria y, además de sus bosques densos, los pueblos de origen griego en la costa del Mar Negro, los neveros resistentes en las montañas o el brutalismo arquitectónico propio del bloque soviético; me llamó la atención la cantidad de librerías con las que me encontré. No solo en Sofía, también en ciudades como Plovidv (segunda del país, con una población similar a la de Alicante), Burgas (cuarta, con una población como la de Elche), en las que cada tres calles encontré alguna librería. Y bajando mucho de escala, también en poblaciones como Koprivshtitsa, alrededor de 2.000 habitantes. En este pueblito me resultó llamativa la cantidad de puntos de intercambio de libros viejos y de segunda mano: pequeños armaritos en calles o parques en los que los vecinos dejaban y cogían libros a modo de biblioteca informal y compartida. Esto fue algo que vimos por todo el país.

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