Vinculado al mundo editorial desde hace más de veinte años y narrador especializado en la Antigua Roma, Juan Tranche (Madrid, 1979) desplaza el foco de los gladiadores, tema que inspiró sus dos primeras novelas, a la investigación criminal en su tercer libro, Innocentia (Planeta), una historia ambientada en la Hispania romana en el año 222 y en la que un centauro retirado, su esposa y un huérfano destapan una trama de trata de menores, corrupción y ambición política a partir del secuestro de unas niñas. El autor estará en Vigo el próximo viernes 17 de julio, firmando ejemplares de su obra en la librería Vigo de Papel, a partir de las 19 horas.
–¿Qué le llevó a pasar del mundo de los gladiadores a una trama de desapariciones y corrupción en la Hispania romana?
–Con mis dos anteriores novelas ya había tocado todo lo que quería contar sobre gladiadores y gladiadoras, y en ésta me imaginé cómo podía ser una novela negra o un crimen de hoy en día llevado a la antigua Roma, así surgió la idea de dar este vuelco.
– Para ello se documentó durante un año sobre cómo funcionaban las instituciones en Roma y también se basó como punto de partida en un crimen real de la época, ¿cuál fue?
–Investigando hechos que fuesen reales, descubrí uno que me dejó verdaderamente impactado, no solamente a mí, sino a los propios contemporáneos, es decir, a los propios historiadores de la época como Tito Livio: fue el caso de 170 mujeres condenadas por matar a la vez a sus maridos. A partir de ahí que empecé a imaginarme cómo sería el resto de piezas del puzle que podrían haber llevado llegar a esa investigación. Ese hecho real sucedió 300 años antes de Cristo, pero yo me lo llevo 500 años después a Hispania.
–¿Cómo se investigaba un crimen en una ciudad romana sin instituciones policiales modernas?
–No existía un departamento de policía ni mucho menos de homicidios. Era como en la España de no hace tanto tiempo, donde, por ejemplo, existían patrullas vecinales para evitar robos. Así que imaginé un investigador y su esposa que les tocaba directamente el caso, y llegué a Marciano Tauro, un personaje que ve como la sobrina de su mejor amigo es una de las niñas secuestradas con las que se inicia la trama de la novela. De esta forma él investiga y busca no solamente dónde están las niñas, sino quiénes están detrás de estos hechos tan infames.
–¿Por qué eligió el año 222 y no otra etapa más conocida del imperio?
–Por Marciano Tauro, el protagonista, que era un frumentari, un miembro del servicio secreto del emperador, o sea, el James Bond de la época a las órdenes de un personaje de fondo que movía los hilos del imperio, que era Julia Mesa, quien decidía sobre quiénes gobernaban: primero puso a uno de sus nietos, cuando se cansó de él, lo mató y puso a su otro nieto; era una época muy convulsa y me pareció el momento idóneo para poder documentarlo en la novela.
–¿Para qué tipo de lector es esta novela: amantes de Roma, apasionados de la novela negra o ambos?
–Es para todo aquel que quiera una historia que le entretenga. Me he entregado a escribir una novela que a mí me gustaría leer, llena de giros, con capítulos cortos donde siempre pasa algo, adictiva, frenética. Tanto si te gusta el Imperio Romano como si no, los lectores la van a disfrutar, porque ese es el objetivo: leer una historia con la que pasar estos meses calurosos de verano y al cerrar el libro poder decir: «Vaya viaje».
Juan Tranche. / Javier Ocaña
–¿Qué papel juega Emérita Augusta, la actual Mérida, en la construcción del ambiente de la novela?
–Mérida es uno de los escenarios, como otros muchos que salen en la novela, porque mi madre tiene una casita cerca y es un lugar que me trae muchos recuerdos ahora de adulto, pero también de cuando era niño. Los personajes realizan una ruta por toda la provincia bética. Si los lectores hablan bien de la novela, la recomiendan y la compran, en la siguiente espero ir por el norte, por Galicia y la provincia Tarraconensis, y poner en valor nuestra Hispania Romana.
–¿ Marciano Tauro nace como héroe clásico, como detective noir o como antihéroe?
–Es un personaje venido a menos, con un montón de muertes a su alrededor en nombre del imperio, pero también con muchas pérdidas de amigos a los que él tenía que proteger. Por tanto, la novela empieza con un personaje vulnerable, atormentado y que tendrá que ir encontrándose a sí mismo a través de la investigación del secuestro de las niñas con la ayuda de su esposa, Domicia, y de un pequeño niño, Expositus, que serán quienes harán que saque la mejor versión de sí mismo.
–Domicia es clave en la investigación. ¿Quería evitar el cliché de la esposa secundaria?
–En la antigua Roma sabemos que las mujeres tienen un papel muy secundario, pero no dejaban de ser voz y consejo de sus maridos, en este caso yo quería también darle el valor que merece. Me hace mucha ilusión de los lectores que se han leído la novela que los personajes que más le están gustando son precisamente Domicia y una de las niñas, Elia, dos personajes femeninos.
–En Gladiadoras ya abordaba la violencia contra la mujer, en Innocentia continúa en esa línea de forma más oscura.
–Sí. La trata de blancas, la prostitución y la explotación sexual de menores son hechos que, desgraciadamente, existían en la antigua Roma y que también vemos en nuestros días. Cuando descubrí el caso real que me inspiró me di cuenta de nada ha cambiado en 2.000 años, puede ser que tengamos más tecnología, los seres humanos seguimos con las mismas luces, pero también con unas sombras que no sé si forman parte de nuestro ADN.
«Mi denuncia social va hacia las instituciones que no protegen a los ciudadanos y hacia la corrupción sistémica de algunos de sus miembros»
–Toda novela negra tiene parte de denuncia social. ¿Hacia dónde dirige su crítica?
–Hacia las instituciones que no hacen nada por aquellas personas a las que tienen que proteger y también hacia la corrupción sistemática que hay entre algunos miembros de esas instituciones, que se mueven entre esas finas líneas que hay entre la fidelidad y la traición. Al final quienes lo sufren son las personas a las que deberían de proteger y eso ocurre hoy, sucederá mañana, pero también estuvo en el pasado. También hay una pregunta de fondo: ¿qué queda de la justicia cuando las instituciones están corruptas? La única diferencia es que hoy en día tenemos un Estado de derecho que nos impide tomarnos la justicia por nuestra mano, pero creo que en nuestro ADN eso sigue vigente. ¿Qué haríamos si nos arrebatan a un ser querido y al investigar corremos el riesgo de poner en peligro a nuestra familia? Ese es el dilema al que yo quería exponer al lector.
–¿Su irrupción en el género del thriller es puntual o proyecta iniciar una nueva saga con su pareja de investigadores?
–La idea es seguir con Tauro y con Domicia, con nuestra Hispania romana y con otros casos reales que ocurrieron en la antigua Roma que también descubrí al investigar. Ese es mi proyecto de futuro a corto y medio plazo, porque además me lo he pasado muy bien escribiendo y creo que si el autor disfruta, al lector también le va a gustar. Creo que hay que encontrar historias que nos gusten, que hagan que el lector sienta lo mismo que el autor en el momento en el que lo está escribiendo.
–¿Siente que está inaugurando el Roman Noir?
–El Roman Noir en la Hispania romana, creo que sí. Investigué qué novelas negras había sobre esa época y descubrí que no existían, así que podía ser un buen nicho porque incluso para los lectores más acostumbrados a la novela negra, la mía tiene giros que no se van a esperar, porque las cosas no funcionaban igual y es una historia completamente diferente a cualquier novela policial contemporánea.
–¿Cuáles son sus referentes en los géneros histórico y de crímenes?
–En novela histórica siempre he sentido admiración por Juan Escudero y por Ken Follett y en la novela actual tengo muchos: Santiago Díaz, que me encanta como escribe; Carmen Mola, que ya alguien me ha calificado como el Carmen Mola de la antigua Roma; y Arturo del Burgo son mis tres grandes referentes. Creo que ahora mismo la novela de crimen en España goza de una muy buena salud y hay excelentísimos escritores.
–¿A qué atribuye el éxito del género en la actualidad?
–Creo que es por esa denuncia social que contiene. A mí me gustan mucho las novelas que no tienen un crimen por contar sino aquella que cuando la vas a poner en la estantería de tu casa te ha dejado mocoso, pensativo, diciendo «no soy el mismo que cuando empecé a leer esa novela». Estamos en una época muy convulsa y esa denuncia social tiene que estar ahí para intentar, desde nuestra posición, cambiar nuestra forma de pensar.
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