España arrancó el Mundial con ciertas dudas, tanto sobre la lista de convocados como en sus primeros partidos, sobre todo ante Cabo Verde. Poco a poco, esas incertidumbres se fueron transformando en certezas hasta convertir a la selección, incluso antes de conocer a su rival en la final, en la gran favorita para levantar el título y colocar la segunda estrella sobre el escudo de la RFEF. Luis de la Fuente ha ido ensamblando, con retoques quirúrgicos y sin alterar la esencia, todas aquellas piezas que impedían volar al equipo. La exhibición ante Francia, la gran favorita desde el inicio del campeonato y convertida durante noventa minutos en un juguete en manos de un grupo de futbolistas que rozó la perfección, terminó de convencer al mundo.
Dani Olmo, en pugna con Olise en una acción del Francia-España / CHRISTOPHER NEUNDORF / EFE
Lo más significativo no fue solo el 0-2, sino la sensación de superioridad absoluta que transmitió España. Francia apenas encontró respuestas. La selección monopolizó el balón, marcó el ritmo del encuentro y dominó cada fase del juego con una naturalidad impropia de una semifinal mundialista. La impresión fue tan contundente que las primeras voces en reconocer la superioridad española llegaron desde el propio vestuario francés.
Mbappé, sin excusas
Mbappé admitió que su equipo nunca encontró la manera de alterar el plan diseñado por De la Fuente: «No supimos cómo hacerles daño cuando más lo necesitábamos» y señaló la gran fortaleza de su rival: «España se mantuvo fiel a su plan de juego. Es un equipo al que le gusta controlar el balón y el ritmo. Nuestro objetivo era presionarles arriba para que no pudieran establecer ese ritmo… porque controlando el juego son mejores que nosotros. No pudimos hacerlo y hubo demasiados errores técnicos», confesó.
En ‘The Athletic’ vinieron a decir lo mismo, pero incidiendo que, tras un Mundial en el que las individualidades han brillado por encima del colectivo, precisamente la primera selección finalista fue el grupo que forman los de De la Fuente: «España no está cubierta de polvo de estrellas, es una de las razones por las que están en la final. Mbappé solo pudo tocarse la nariz con frustración”. Y acaba: «Cualquier análisis francés debe reconocer que cayó ante una de las grandes actuaciones colectivas de todos los tiempos».
En la misma línea se expresó Thierry Henry, aunque desde un punto de vista más táctico: «España es una idea trabajada, generosa y perfecta. Merecen estar en la final». Henry explicó que el secreto no reside únicamente en la calidad individual, sino en el funcionamiento colectivo. «Hay que entender que el balón debe moverse. Todos tienen que mantenerse en su posición. Confía en tus compañeros y deja que el balón circule. Aquí se puede ver cómo se abren constantemente para atraer al rival. Hay movimiento. Nadie permanece todo el tiempo en el mismo sitio», describió.

Oyarzabal se ha beneficiado mucho del juego de Lamine Yamal en este Mundial / Lavandeira Jr / EFE
La prensa francesa tampoco buscó excusas. L’Équipe abrió su edición con un durísimo «La Casse à Dallas» («El desastre de Dallas»), una portada que reflejaba el sentimiento de frustración tras quedarse a las puertas de la final y, sobre todo, después de verse claramente superada por España. En RMC Sport, Daniel Riolo fue todavía más contundente. «Deschamps arruinó su salida. Nos equivocamos por completo», disparó antes de señalar directamente al centro del campo francés: «Tchouaméni y Rabiot estuvieron a años luz del centro del campo español».
Emmanuel Petit, otro habitual comentarista en la prensa francesa, compartió el diagnóstico. El campeón del mundo en 1998 resumió el encuentro con una frase demoledora: «Recibimos una lección técnica«. Para el excentrocampista, el dominio español no fue casual. «No es ninguna sorpresa que España sea la mejor selección del mundo. Los españoles siempre estaban en superioridad numérica», concluyó.













