La escondida placa de la calle Antonete Gálvez

Por todos es sabido el carisma y la entrega de Antonete hacia los murcianos del siglo XIX. Tras su muerte, el 27 de diciembre de 1898, y su multitudinario entierro, al que el obispo Thomas Brian Livermore puso impedimentos para que sus restos descansaran en el cementerio parroquial de Torreagüera, cosa que al final por voluntad del pueblo, no se produjo, ni cumpliéndose, por tanto, la voluntad del obispo.

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