Por todos es sabido el carisma y la entrega de Antonete hacia los murcianos del siglo XIX. Tras su muerte, el 27 de diciembre de 1898, y su multitudinario entierro, al que el obispo Thomas Brian Livermore puso impedimentos para que sus restos descansaran en el cementerio parroquial de Torreagüera, cosa que al final por voluntad del pueblo, no se produjo, ni cumpliéndose, por tanto, la voluntad del obispo.
Comenzaba a fraguarse entre sus seguidores y simpatizantes, la necesidad de realizar homenajes en su recuerdo, y así, perdurase en nuestras memorias sus acciones para siempre.
Uno de esos primeros tributos, sería la denominación de sendas calles en Torreagüera y Beniaján, con el nombre del ilustre personaje en 1.901, en el que miles de personas acompañadas por los sones de la banda de música presente, acudirían al descubrimiento de las placas que identificaban su nueva designación.
Posteriormente, se produjeron varias intentonas para erigir un monumento en su honor, que no se fraguarían hasta 1.984, con la inauguración de su busto realizado por el imaginero José Antonio Hernández Navarro. Recordemos que en 1.998, fue nombrado hijo predilecto de la ciudad de Murcia.
Tras la guerra civil, el nombre de Antonete, grabado en las placas colocadas en los muros de las casas de las vías públicas desapareció, pasando a denominarse las mismas, calle Mayor en ambas pedanías.
¿Desapareció?, o eso se creía, puesto que, en la obra de remodelación de una casa en la calle Mayor, sita en Torreagüera o Beniaján, resurgiría bajo el enfoscado de la fachada, una de estas placas originales, sin poder precisar la ubicación exacta de la misma. Se sabe de buena tinta, que este pequeño tesoro, con gran valor histórico, reposa incomprensiblemente en un rincón de un almacén, ignorando el porqué, aún sigue ahí.
Recordemos, que las placas con la denominación de los nombres de calles, son dominio público local, aunque tengan mucha antigüedad, pudiendo tener protección especial por parte del ayuntamiento, por su valor histórico o patrimonial.
Esperemos que esta placa salga de ese almacén donde está recluida y vuelva a lucir en algún lugar público para disfrute del ciudadano, bien en el pueblo que vería nacer a Antonete o en algún museo de la ciudad. Que quienes tienen provisionalmente su custodia, den un paso hacia delante, y ponga a disposición de la administración local esta importante pieza histórica, para rendir así, un nuevo homenaje a la historia de nuestra ciudad de Murcia y a D. Antonio Gálvez Arce, que lo daría todo, por y para el pueblo.














