El Sahel se consolida como epicentro del yihadismo global. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) ya ha advertido de esta realidad, que vuelve a evidenciarse tras los últimos ataques registrados en la región. En Mali, uno de los principales países de origen de los migrantes que llegan a Canarias, grupos vinculados a Al Qaeda, como JNIM, junto al Frente de Liberación de Azawad, ligado a los separatistas tuareg, han intensificado su actividad tras los ataques del 25 de abril. A ello se suma el atentado registrado hace apenas diez días cerca del aeropuerto de Niamey, el segundo en la zona y atribuido a DAESH. Los ataques demuestran la capacidad de los yihadistas para golpear incluso en las capitales sahelianas. Las miradas de diferentes centros de inteligencia están puestas ahora sobre Canarias. El Sahel, situado a apenas 1.000 kilómetros del Archipiélago, es una de las regiones con mayor impacto en las Islas, especialmente por los flujos migratorios que recibe. La ruta canaria está en el centro del debate por el riesgo de que pueda convertirse en un nexo entre el avance del yihadismo en el Sahel y Europa.
Los informes del CNI han comenzado a advertir sobre la posible infiltración de personas vinculados al yihadismo en las vías migratorias hacia el Archipiélago. Una tesis que muchos especialistas prefieren abordar con cautela. «Sí es cierto que ha habido algún atentado terrorista en Europa cometido por algún migrante irregular que había entrado por Lampedusa u otro puerto», explica la directora ejecutiva del Instituto Español de Análisis Migratorio, Beatriz de León Cobo, en referencia a los ataques registrados en Francia y Austria en 2020. Pero esos casos son excepcionales. «Ningún saheliano de primera generación se ha involucrado en atentados terroristas. Ha habido algún francomaliense, pero son de doble nacionalidad», matiza. La posibilidad de que líderes yihadistas del Sahel utilicen las rutas migratorias para materializar atentados en Europa es extremadamente baja y, en el caso de Canarias, casi inexistente. Las Islas «son una zona de paso cuando el objetivo es llegar a la Europa continental», aclara la experta en Terrorismo, Seguridad y Defensa de la Universidad Europea Beatriz Gutiérrez.
Pero el avance del yihadismo en el Sahel sí tiene implicaciones directas sobre las rutas migratorias hacia Europa, especialmente sobre la atlántica, considerada la más mortífera del mundo. A medida que aumenta la inseguridad en la región, también crece la disposición de miles de personas a emprender travesías cada vez más peligrosas. «Las rutas van a continuar aumentando mientras la inseguridad siga como está», explica Beatriz de León Cobo.
El Sahel, ¿el nuevo Afganistán?
Más allá de la expansión del yihadismo, la zona se consolida como una región, explica Beatriz Gutiérrez, «especialmente interesante» por la presencia del crimen organizado y de distintas mafias dedicadas al tráfico de seres humanos, drogas y armas. La advertencia de los servicios de inteligencia, sostiene, «es real»: «La infiltración en las rutas migratorias es en este sentido muy sencilla, sobre todo porque están controladas por las mafias».
Las consecuencias para Bruselas son significativas. Cuanto mayores son los vacíos de poder y más se deteriora la seguridad y la economía, aumentan la pobreza y la vulnerabilidad, dos de los principales factores que favorecen el crimen organizado, el terrorismo y la migración irregular. «La gente no tiene nada que perder», resume Beatriz de León Cobo. «Es un factor de vulnerabilidad que hay que medir. Cuanto mejor estén los países del Sahel, menos factores de vulnerabilidad habrá. Y cuanto mayor sea la presencia del Estado y más servicios básicos existan para la población, menos posibilidades habrá de que surjan vacíos de poder en los que proliferen el tráfico de drogas, de armas y de personas, como está ocurriendo en determinadas partes de estos países». Con el avance de los grupos terroristas en el Sahel, la pregunta que sobrevuela el escenario es clara: ¿existe el riesgo de que la región se convierta en un nuevo Afganistán? Para el Sahel, a priori, podrían darse otros escenarios.
El futuro del Sahel
El objetivo de los grupos yihadistas pasa por debilitar y asfixiar a los regímenes sahelianos, como los de Mali o Níger. Y para ello no solo recurren a la violencia, sino también a la comunicación. «Es la primera vez que JNIM comunica en francés y antes siempre lo hacía en árabe», subraya Beatriz de León. Todo ello invita a pensar que «tienen un mensaje político concreto. Eso es lo más peligroso». Más allá de su capacidad operativa, lo que preocupa es su intención de ganar influencia y erosionar la legitimidad de los Estados de la región.
El bloqueo de carburante que hicieron en Bamako, que ya lo han hecho varias veces, fue especialmente grave a finales del año pasado. Hubo un momento en el que no había carburante en la ciudad y se tardó un mes en volver a cierta normalidad. Todavía se siguen viendo las consecuencias. A ello se suma la situación en Níger, donde desde 2025 ha habido bastantes secuestros de occidentales.
De cara al futuro, la evolución del Sahel dependerá, en parte, del papel que desempeñe la Unión Europea. Sin embargo, las relaciones con los Estados sahelianos atraviesan un momento delicado, en un contexto de creciente sentimiento antieuropeo favorecido por la creciente influencia de Rusia en la región durante los últimos años. «La UE tiene que hacer esfuerzos titánicos de coordinación entre ellos», sostiene Beatriz de León Cobo. El reto es mayúsculo y, dada la estrecha vinculación del Sahel con Canarias y con Europa, el escenario que se abre es incierto.
Nuevo representante especial de la UE en el Sahel
La Unión Europea afronta un momento de transición en su política hacia el Sahel. El hasta ahora representante especial de la UE para la región, João Cravinho, ha concluido su mandato, lo que abre una nueva etapa para la estrategia comunitaria en un contexto marcado por el avance del terrorismo, la inestabilidad política y el deterioro de las relaciones con varios Estados sahelianos. En las próximas semanas, Bruselas designará a un nuevo representante, que asumirá el reto de redefinir la interlocución europea con una de las regiones más estratégicas para el continente.
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