Este año, el calor extremo en España empezó a mediados de mayo y ahora, cuando el calendario indica que estamos a inicios de julio, ya se han registrado dos grandes olas de calor que han dejado máximas de hasta 45ºC en varios puntos del país y mínimas que, en algunos puntos, no han bajado de los 32ºC ni en el momento más fresco de la noche. Y es aquí cuando, entre el agotamiento y el hartazgo, son muchos los que se preguntan cuántas olas de calor quedan todavía por delante este verano y, sobre todo, si nos esperan episodios más intensos que los vividos hasta ahora. La respuesta corta, afirman los expertos, es que nadie puede saberlo con exactitud, ya que, hoy por hoy, ni los meteorólogos ni los modelos climáticos más avanzados son capaces de anticipar cuántos episodios de calor extremo se registrarán a medio o largo plazo. Lo que sí sabemos, gracias a estudios climáticos y predicciones estacionales, es que este año las probabilidades de que el verano sea más cálido de lo normal son muy elevadas y, en ese contexto, también aumentan las opciones de que España vuelva a enfrentarse a más episodios de calor extremo.
Varios estudios indican que a causa del cambio climático estamos viviendo olas de calor hasta cinco grados más intensas en comparación con las que podían haber surgido en las mismas condiciones en los años 70
El culpable de este fenómeno no es otro que el cambio climático. Y es que, según señalan estudios como el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el calentamiento global provocado por las emisiones descontroladas de gases de efecto invernadero ha elevado la temperatura media del planeta y, con ello, también la línea de partida sobre la que se desarrollan los fenómenos meteorológicos. Esto significa que, por un lado, en el día a día del verano hace más calor de lo normal y que, por otro lado, en una atmósfera recalentada aumenta el riesgo de que surjan olas de calor mucho más intensas, más largas y con un impacto mayor sobre la salud, los ecosistemas y la economía. Este año, sin ir más lejos, varios estudios elaborados por entidades como la plataforma ‘ClimaMeter’ y la ‘World Weather Attribution’ afirman que a causa del cambio climático estamos viviendo olas de calor hasta 5ºC más intensas en comparación con las que podían haber surgido en las mismas condiciones en los años setenta.
Previsiones a medio plazo
Los modelos estacionales elaborados por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y el Servicio de Cambio Climático de Copernicus llevan tiempo advirtiendo de que este verano tenía una altísima probabilidad de registrar temperaturas por encima de la media en buena parte de Europa occidental y, más concretamente, en el conjunto de la península Ibérica. Según estos modelos, tanto la cornisa cantábrica como el litoral Mediterráneo destacaban como los puntos donde era más probable que las temperaturas estivales estuvieran por encima de la media entre los meses de mayo y hasta como mínimo septiembre. En algunos puntos, de hecho, las probabilidades de unos meses de temperaturas extremas era incluso superior al 70%. Esto, en la práctica, no significa que todos los días de verano vayan a ser de calor extremo. Pero sí que hay una alta probabilidad de que las temperaturas del día a día sean más altas de lo normal y, sobre todo, con más riesgo de que aparezcan olas de calor.
A día de hoy es imposible avanzar cuántas olas de calor habrá a lo largo de un verano: estos fenómenos, igual que ocurre con las borrascas o las danas, se prevén a corto plazo en función de la formación de determinadas configuraciones atmosféricas
Los científicos afirman que, hoy por hoy, no es posible predecir cuántas olas de calor habrá a lo largo de un verano, ya que estos fenómenos, igual que ocurre con las borrascas o las danas, se avistan a corto plazo en función de la formación de determinadas configuraciones atmosféricas. Así que por ahora es imposible saber cuántas olas de calor nos quedan por delante. O si a mediados de agosto, coincidiendo con el eclipse de sol, tendremos un día de temperaturas extremas o no. Lo que sí sabemos es que, por culpa del cambio climático, ahora tenemos sobre la mesa unas condiciones que favorecen que estos episodios sean cada vez más probables. Dicho de otra forma, en estos momentos sabemos que, debido al calentamiento global, hay más probabilidades de que haga más calor en el día a día y, además, cuando se den las condiciones atmosféricas adecuadas, se formen olas de calor más frecuentes, más intensas y más duraderas que hace apenas unas décadas.
Ahora, debido al calentamiento global, hay más probabilidades de que haga más calor en el día a día y, además, que se formen olas de calor más frecuentes, intensas y duraderas
Las olas de calor en España no son un fenómeno nuevo. Pero la forma que tienen ahora de producirse, sí. En la década de los 70, sin ir más lejos, en España se solía registrar como mucho una ola de calor al año con una extensión aproximada de tres o cuatro días. En los últimos años, en cambio, la nueva normalidad climática ya pasa por sufrir varios episodios de este tipo cada verano y aguantar temperaturas extremadamente altas durante periodos tan prolongados como dos semanas.
Este año, según apuntan los registros, el primer estallido de temperaturas extremas se produjo a mediados de mayo, la primera ola de calor llegó a finales de junio, y la segunda, a inicios de julio. En estos episodios, que en total han dejado hasta 1.600 muertes prematuras vinculadas al calor, se han llegado a rozar los 45ºC en varias localidades españolas, a registrar récords absolutos como los casi 41ºC de máximas en Barcelona o los 32ºC de mínimas en Portbou. Imposible saber a ciencia cierta si estas cifras se volverán a repetir. Pero a causa del cambio climático hay muchas papeletas de que así sea.
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