La maestría ya no es un grado. Al menos cuando se refiere a Daniel Luque, quien regresa a la Feria de Julio de València el próximo sábado 18 de julio junto a Diego Urdiales y Samuel Navalón tras su ausencia en Fallas. De modo que, en lugar de entusiasmar al público, lo apabulla. Quizá por eso no le dé tiempo a degustar sus raptos de inspiración ni la perfección de su trazo. Ejecuta las suertes con tal exactitud, se coloca en un sitio tan preciso y lleva las embestidas tan sometidas a su mano, que a su toreo le falta la intriga del peligro y el pálpito del miedo. Y, sin embargo, casi nadie torea con tanta verdad, presenta los engaños con semejante pureza y arriesga tanto. Definitivamente, es un torero de otra época: aquella en la que en las plazas había más aficionados que público y se valoraba la capacidad torera, las suertes perfectamente ejecutadas y el orden irreprochable de la lidia. Habla Luque, un torero privilegiado.
¿Qué significa València para usted?
València siempre ha sido una plaza muy especial para mí. Cada vez que la piso siento una responsabilidad añadida por todo lo que significa para un torero. Allí llegaron mis primeros triunfos importantes, siempre me ha tratado con un cariño especial y yo también siento un cariño muy grande por esa plaza.
Hábleme del cartel, junto a Urdiales y Navalón con toros de El Torero…
Creo que es diferente y bonito por los toreros y la ganadería. Diego Urdiales es buen amigo, además de un grandioso torero, con sus dotes de muy artista, pero también tiene mucho de valor y de poderío. Es distinto.
¿Qué tardes recuerda con más cariño aquí?
Las dos corridas de Victorino Martín que lidié hace unos años en Fallas, especialmente la tarde del vestido azul celeste y oro, en la que corté una oreja y me pidieron con fuerza la segunda. Fue una faena muy importante para mí. Sentí que había dado un nivel muy alto…
Coincidió además con un momento en el que volvía a abrirse paso en las ferias…
No fue fácil porque era una etapa en la que estaba saliendo de un bache y recuperando el sitio en las ferias en el que todos los toreros queremos estar. Hay días en los que uno tiene que hacer un esfuerzo extraordinario y, cuando lo supera, siente un orgullo especial por la profesión.
Las claves de la preparación
¿Cómo se consigue afrontar ese tipo de «esfuerzos extraordinarios» frente a corridas tan exigentes?
Me gusta entrenar, me gusta prepararme… No lo vivo como una obligación. Cuando uno llega muy preparado a la plaza, el esfuerzo durante la corrida es menor porque todo fluye con más naturalidad.
Daniel Luque en un gran muletazo frente a un toro a puerta cerrada. / Mélanie Huertas
Sin embargo, por muy preparado que llegue un torero, dar ese paso hacia delante nunca resulta sencillo…
Ahí la mente es incluso más importante que el físico. El físico se entrena, pero la cabeza tiene que responder cuando llega el momento. Muchas veces el cuerpo quiere y la mente no, o al contrario. Cuando ambas cosas van de la mano es cuando salen las grandes faenas.
¿Cómo trabaja esa fortaleza mental?
Intento que los momentos difíciles no me afecten más de lo necesario. La temporada está llena de altibajos y hay que asumirlos con naturalidad. No sirve de nada adelantarse a los acontecimientos; hay que vivir cada tarde y cada toro. Cuando uno está feliz y tranquilo, eso también se nota delante del animal.
Le consideran un torero muy cerebral, ¿se reconoce en esa definición?
Puede ser, pero intento llegar al encuentro con el toro con la mente completamente libre para pensar únicamente en lo que me pide el animal.
¿Qué papel juega el miedo en ese encuentro?
El miedo me hace pensar mejor. Si no tuviera miedo probablemente pensaría menos. El respeto al toro te obliga a estar mucho más concentrado y a resolver cada situación con mayor lucidez.
También se predica su capacidad para dominar cualquier tipo de toro, ¿dónde está la clave?
Intento que sea el toro quien se adapte a mí y no al revés. No siempre se consigue, pero cuando eres capaz de imponerle el ritmo y la velocidad que tú quieres, todo resulta mucho más fácil. Eso exige entender muy bien lo que el toro te va diciendo en cada momento.
El dominio del toro
¿Cómo se logra ese dominio?
Hay que meterse en el mundo del toro. Él no habla, pero te va diciendo muchas cosas con una mirada, un gesto o una embestida. Cuando eres capaz de interpretar todo eso y el animal empieza a hacer lo que tú quieres, aparece el dominio. Ahí empiezan las grandes faenas.
¿Qué cualidad aprecia por encima de todas en un toro?
La bravura. Un toro bravo exige mucho, pero cuando se entrega también es el más noble y el que mejor permite expresar el toreo. Me gustan los toros que me exigen.
¿Considera que el ritmo lo marca el torero?
Siempre que el toro tenga bravura, sí. Hay animales excepcionales que nacen con un ritmo perfecto, pero eso ocurre muy pocas veces. Lo normal es que sea el torero quien vaya construyendo esa embestida.
Para alcanzar ese nivel de capacidad, ¿ha buscado en algunos referentes?
Evidentemente, pero nunca he intentado copiar a nadie, pero sí recoger detalles que pudieran ayudar a mi propio concepto del toreo. Enrique Ponce y El Juli son dos de ellos. Por ejemplo, de El Juli siempre me impresionó su amor propio y su capacidad para reinventarse cada temporada. Nunca dejó de evolucionar. Eso es algo fundamental para cualquier torero. De Ponce… la colocación, el pulso, la distancia, el mando… Un conjunto de muchas cosas

Luque, frente a una becerra durante un tentadero. / Mélanie Huertas
Su muletazo tiene mucho de Ponce…
Codillear es, quizá, la opción de pegar la embestida del toro más al cuerpo y luego tener el brazo con el muelle de la muñeca para finalizar el muletazo y soltar la misma embestida.
Tardes en solitario
Este año volverá a afrontar un reto importante con una encerrona en Mont-de-Marsan
Es una plaza de Francia muy importante en mi carrera y quería agradecer el cariño que siempre me ha dado la afición francesa. Más que dar un golpe sobre la mesa, lo entiendo como un reconocimiento hacia ellos después de hacerlo también en Dax (2022) y Nimes (2024).
¿Se pasa un miedo distinto en una encerrona?
Más que miedo, se siente una enorme responsabilidad. Son muchos toros, muchas faenas y muchas situaciones distintas. Quieres que todo salga bien, pero me encuentro en un momento de madurez que me permite afrontar ese reto con tranquilidad y confianza.
Después de tantos años, ¿qué sigue siendo lo más difícil del toreo?
Torear un toro bueno.
¿Más que uno complicado?
Sí. En el toro malo uno puede tapar muchas cosas. En el toro bueno queda al descubierto exactamente el torero que eres. Ahí aparecen todas tus virtudes… y también todos tus defectos.
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