Intento que sea el toro quien se adapte a mí y no al revés

La maestría ya no es un grado. Al menos cuando se refiere a Daniel Luque, quien regresa a la Feria de Julio de València el próximo sábado 18 de julio junto a Diego Urdiales y Samuel Navalón tras su ausencia en Fallas. De modo que, en lugar de entusiasmar al público, lo apabulla. Quizá por eso no le dé tiempo a degustar sus raptos de inspiración ni la perfección de su trazo. Ejecuta las suertes con tal exactitud, se coloca en un sitio tan preciso y lleva las embestidas tan sometidas a su mano, que a su toreo le falta la intriga del peligro y el pálpito del miedo. Y, sin embargo, casi nadie torea con tanta verdad, presenta los engaños con semejante pureza y arriesga tanto. Definitivamente, es un torero de otra época: aquella en la que en las plazas había más aficionados que público y se valoraba la capacidad torera, las suertes perfectamente ejecutadas y el orden irreprochable de la lidia. Habla Luque, un torero privilegiado.

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